10 de marzo de 2009

Sangre alterada

Ya es primavera en territorio inglés (incluido aquel conocido como "El Corte"). Llevamos diez días seguidos (¡diez!) a unos 16 grados de media, brillando el sol en un cielo azul renacentista, haciéndonos madrugar el piar de los pájaros a las 6 de la mañana, y rodeados de una explosión colorista de narcisos y violetas en parques y jardines de toda la ciudad... Poético, ¿verdad?

Mas, ah, queridos lectores, la poesía es etérea. Y más cuando entra en conflicto con la revolución hormonal propia de este cambio estacional: la polinización, por si lo desconocíais, no afecta solamente a la abeja Maya, también las presonas humanas (que diría la gran Lola) gustan de ir de flor en flor libando furores primaverales. Y en este perfectamente caótico orden universal, los estudiantes de postgrado de Roehampton cumplimos nuestro cometido y dejamos que se altere la sangre en nuestras venas cual si rijosos veinteañeros todavía fuésemos...

Consecuencias globales: ausencias de las clases, olvidos en las tareas, despistes en los trabajos, y despendole generalizado, entendiéndose por tal que a medida que aumenta la temperatura y brillo solar en el exterior los centímetros cuadrados de epidermis expuesta al aire libre amplían sus dominios en orden directamente proporcional al nivel de feromonas en el torrente sanguíneo. Dicho en latín vulgar, para que ustedes se enteren: que está todo el mundo más salido que el pitorro de un botijo, vamos, y que se palpa la tensión sexual (no siempre resuelta) en el ambiente. ¿Qué digo "palpar"? ¡Tropieza una con ella a cada paso!

Y en este orden de cosas, las consecuencias particulares no se han hecho esperar: habemus romance escolar. ¡Al fin! Todo un curso esperando que alguien cometa un desliz para salir disparados en los recreos a cotillear sobre los interfectos, y hasta ahora el recato victoriano había imperado en nuestros comportamientos. Pero se ha roto el maleficio, y de qué manera, muy a lo tabloide inglés: nuestro rubiales compañero D., recién cumpliditos los 28 años, ha caído en las mallas pedaleantes de nuestra post-hippy de vanguardia cincuentona... Como lo oís. Ha merecido la pena la espera: Marujita-Dinio versión británica y con tejidos elásticos de por medio. La repanocha. Han dado suficientes muestras de afecto en público como para que sepamos a ciencia cierta que el arrejuntamiento es verídico (y no fantasía del populacho estudiantil, ansioso de dar rienda suelta a desatadas pasiones, aunque sea en carne ajena), y por si fuera poco dicen las malas lenguas que el servicio de minusválidos de la planta segunda de la biblioteca permanece últimamente ocupado por tiempos que superan los 20 minutos... olé, D., está claro que no se te pone por delante ni el Tourmalet, jijiji.

Bendita primavera, ¡qué estación más divertida! 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No disimules, envidia que tienes de la ciclista subtituladora, jejejeje. Quién llegara a su edad así!!! Yo, desde luego, firmaba ahora por tener 50 y salir con uno de 28... ¿tú no?

Anónimo dijo...

salir con uno de 28... y hacertelo en un water de minusválidos!! redios!! eso es energía... y ganas!!

no sabes commo están de revolucionados mis tortugos...