... o lo que es lo mismo: de todo un poco. Esta semana toca un pequeño cajón de-sastre de historietas, pues la verdad sea dicha ninguna de ellas tenía el suficiente interés como para darle todo el protagonismo de un post entero en este blog. Horreur! Mi vida se aboca a la rutina sinsustancial, nada de extraordinario ni glamouroso me acontece, y para más inri los pájaros de mi cabeza han dejado de trinar para dar paso a unos adelantados heraldos de la primavera que pían ante mi ventana desde las 5 de la mañana en adelante... Y así, señores, esta artista de la tecla no tiene su cura de sueño habitual y por tanto no responde de la calidad de sus escritos. Pero en fin, como estamos en Cuaresma leedme. Aunque sólo sea por penitencia.
De costumbres protestantes
Hablando de estos cuarenta días de recogimiento y restricción, ¿alguno de vosotros habíais hecho alguna vez caso (que no fuese omiso) a los dictados de la Santa Madre Iglesia para estas fechas? No, ¿verdad? Pues uníos a mi asombro. Resúltase que los de mi casa han decidido prescindir del chocolate en Cuaresma, tal y como me dijeron comiendo frixuelos como gochinos esperando al San Martín el martes que nosotros llamamos de Carnaval y ellos Shrove Tuesday (o martes de absolución)... Cuán distintas perspectivas sobre la vida: mientras medio mundo se lanza a pecar sin parar a la calle medio desnudo -véase Río de Janeiro, o disfrazado de los más variopintos personajes -véanse los programas de tarde de Telecinco, en estas latitudes se preparan para la cuaresma confesando ya el día antes todos sus pecados y obteniendo la absolución. Pero buena es la iglesia anglicana, con la absolución va una penitencia... y herencia de todo ello es la renuncia al chocolate de mis caseros.
Siendo él un drogadicto del cacao, y conociendo de sobra (que una está muy leída y viajada) de qué es este grano adorado el principal sustituto, me da a mí que Emily se va a levantar con una sonrisa de oreja a oreja cuarenta días seguidos... eso, o vamos a tener un césped de campo de golf en el jardín, y todas las pequeñas averías de la casa arregladísimas, que por algún lado tendrá que canalizar David sus energías.
¿Y yo que no abrazo más religión que el planetapiruletismo, qué haré por Cuaresma para redimirme? ¿Madurar? No quiero ser menos que mis caseros, qué dirán de mí. Está bien, no comeré brócoli cocido, ni sopa de hígado de bacalao, ni sesos de ternera... ¡y de todos es bien sabido el sacrificio que esto supone para mí!
De estudiantas Peter Pan
La meta principal de mi vida, trazada a la temprana edad de 15 años, fue durante mucho tiempo vivir de mis padres hasta que pudiera vivir de mi hermana. Una es realista, y como marido e hijos no quiere aguantar, ha de buscar quién la mantenga. Con el paso de las décadas, observando la renuencia de quienes se hacen llamar consanguíneos míos a perpetuarse en el noble arte de mantener mi modus vivendi, y habiendo sido echada sucesivamente de la casa materna y de la hermanil, sin contar aún con techo propio que me cobijase... decidí cambiar de modus operandi. Así, como profusamente he narrado en este blog, volví a convertirme en estudiante, otro de los logros que me había propuesto en mis años veinte: pasar de los 30 y seguir siendo universitaria.
Logré temporalmente mi propósito, y las arcas familiares se entreabrieron de nuevo para patrocinar esta aventura intelectual. Mas ésta toca a su fin y pronto me quedaré sin excusas para seguir alimentándome de esa receta que tanto saca a relucir la madre de una, y que yo soy incapaz de encontrar en el índice de Maria Luisa: la sopa boba.
En los tiempos que corren, cuando un pequeño estado independiente e irreductible, inasequible al desaliento como Patrilandia, se halla en peligro... ha de mirar a Europa en busca de socorros económicos. ¡Eureka! Que diga... ERASMUS... encontré la solución. Pues sí, la que suscribe se ha metido a becaria internacional transeunte de nuevo, y espero que la Comisión Europea, o como poco la ministra Cabrera, me conceda una medalla al mérito estudiantil por la hazaña de volver a ser Erasmus a los 35 añitos. Eso sí, las cosas cambian que da gusto, y ahora te hacen trabajar (no como antes de la república, cuando la beca se pedía para no dar un palo al agua), con lo cual dejaré que me exploten en alguna agencia de subtitulación patria durante unos meses mientras me reúno en bohemios cafés con mi pandilla paneuropea.
Ya me he comprado unos vaqueros rotos de fábrica, y unos playeros Converse de esos de colorines que tanto se llevan ahora. Tomaré "prestada" la palestina pija que mi hermana guarda en su insondable fondo de armario, y creo que mis patas de gallo y canas pasarán desapercibidas en los botellones y parties de rigor erasmusil.
De turismo necrológico
De turismo necrológico
El fin de semana pasado dejé los agobios de la gran ciudad para ir a ventilarme a la costa sureña, concretamente a Portsmouth, donde hice de okupa ocasional de la casa de mi primo O. que se encuentra surcando los océanos con la armada británica (creo que se proponen conquistar el islote Perejil para unirlo a Gibraltar, pero que no salga de aquí). Tras echar a la familia de cuarenta y dos chinos de la alta Manchuria que se habían instalado subrepticiamente en la mansión diciendo un día en el portal a un vecino que venían a entregar unos noodles y un chopsuei, me dirigí directa a la playa a contemplar el infinito mar.
Nada más llegar al paseo marítimo vi un revoltijo de gente mirando hacia la orilla, varias cámaras de televisión, algún fotógrafo, mucha policía, y corrillos de familias con niños o de indolentes adolescentes (perdón por la redundancia) mirando en la misma dirección. "¡Qué bien!", pensé, "están rodando una peli, voy a ver si veo a algún famoso". Con esta disposición, y la de suplicar un pequeño papel que hiciera temblar a Alcobendas y palidecer a Pe, me acerqué sibilinamente a una cinta azul y amarilla que más tarde identifiqué como policial y la traspasé con cara de turista despistada (esto se me da muy bien). Caminé mirando al suelo como si buscase conchas o meditase sobre la reproducción del cangrejo malabar, hasta llegar a unos diez metros del grupo de gente en la orilla, principalmente formado por policías uniformados. Uno de ellos me vio y me dio el alto, mientras yo miraba a mi alrededor y con cara de perplejidad preguntaba "¿Es a mí?"...
- [Cara de pocos amigos] ¿Qué está haciendo aquí? ¿No ha visto el cordón policial?
- [Mirada de inocencia pastoril] Paseaba por la playa, lo siento, he debido de pasar sin darme cuenta.
- Tiene que dar la vuelta, por favor, no se puede estar aquí.
- [Veo un bulto en la orilla al que no paran de sacar fotos] Sí, sí, claro, perdone, ya me voy. Oiga, ¿qué película están rodando? ¿o es una serie para la tele?
- [Gesto de si-me-dejasen-te-daba-una-ostia-pero-como-soy-inglés-me-trago-mi-flema] ¿Qué película? Ha aparecido un muerto en la orilla hace media hora. La brigada criminal está investigando. Por favor, váyase o tendré que ponerle una multa por traspasar la barrera policial.
- [Tierra trágame, mar ahógame, aire elévame al cosmos] Uy, perdone, perdone... Lo siento mucho, de verdad.
Nunca entendí mejor la frase: pies para qué os quiero. Mi gozo en un pozo. Craig Daniel no apareció en un apretado short surgiendo de las aguas turquesa, y durante varias noches soñé con el bulto oscuro desparramado en la rocosa arena de Portsmouth.
Nota para el primo O.: no vuelvas de tus singladuras transoceánicas que esta costa se está tornando muy peligrosa.
De extravagancias gastronómicas
De extravagancias gastronómicas
Ayer fui a mi supermercado favorito de la calle Kensington. Se llama Whole Foods, y he decidido que si me muero sólo iré al cielo si me prometen que las compras se hacen en este establecimiento. Los que vengáis a Londres próximamente: olvidaos de Buckingham, el parlamento, Picadilly y la noria. Id a hacer la compra a Whole Foods, todo un parque temático para los sentidos. Total, que siempre le echo un vistazo a las comidas preparadas porque tienen de todo tipo de exquisiteces y ayer, muerta de hambre a las tres de la tarde, me asomo y veo que anuncian a bombo y platillo un novedoso plato. Había varias personas haciendo cola para llevarse la nueva delicatessen, así que sin mirar casi me puse a la misma cola, cual ovejina. Llego al mostrador y leo: White beans stew with chorizo, ham and black pudding (o sea, alubias blancas con chorizo, lacón y morcilla). ¡Fabada! Como lo oís. Y en pleno Kensington, a dónde hemos ido a parar de sofisticación... Si Lady Di todavía viviese, ¿acaso os la imaginais saliendo de palacio en sus mallas y sudadera para volver a casa con el taperín de fabaduca bajo el brazo?
Pues eso, yo tampoco. Pero salí de allí con dos centímetros más de altura de lo ufana que me puse por la internacionalización de nuestra enseña gastronómica. Con eso, y con un taboulé riquísimo que zamparme en los jardines de Kensington, que una es así de foína (como diría mi güela) y no le gusta la fabada ni aunque se la sirvan en la mismísima Casa Blanca.
Tras esto, la visión de un nuevo restaurante camino de la universidad llamado "Casa Xianjiang" y subtitulado "Tapas y buffet oriental"... pues ya no me sorprende. Maridajes para todos los gustos. Croquetinas de jamón serrano con cerdo agridulce. Pulpo a feira con arroz tres delicias.
¿Alguien da más? Yo por hoy, ya he contado bastante. Mi libro de lecciones aprendidas se está transformando en el de Petete. Las de esta semana:
¿Alguien da más? Yo por hoy, ya he contado bastante. Mi libro de lecciones aprendidas se está transformando en el de Petete. Las de esta semana:
- Comete algún pecado durante el año para poder dejarlo en Cuaresma.
- Mamá Europa siempre prodigará becas a los necesitados: llórale y serás escuchada
- No confundas a los de CSI mirando a un muerto con Woody Allen rodando una peli
- No subestimes el poder de unes fabines de Llanos de Somerón
4 comentarios:
Por algo te habrán echado, habría que escuchar las versiones de los implicados. De todos!
Vaya criminalísticos de pacotilla, guapa, Horatio Crane te hubiera retenido, sacado el ADN y hecho unas preguntitas. Estos ingleses..
By the way, qué tal estaba la fabada? y qué es lo otro que comiste de nombre raro?
Muchos besos from Happy Town!!
¡Rollo de cuaresma anti-chocolate!
¿Y eso de dónde se lo han sacao? ¡Si cuando se inventó la Biblia el chocolate no existía para prohibirlo!
Pues debe ser una nueva moda europea, una especie de "revival" de aquellos tiempos en los que comer carne era pecao porque por este país vecino tricolor también se está haciendo... aunque sospecho que sea más bien una manera de obligarse a hacer régimen que una purgación espiritual... Y dicho sea de paso, también han empezado con la campaña reportajera anti tomate español en la tele ¡viva el tomate bretón! (aunque tampoco sepa a ná); estoy deseando ver el de las fresas...
Ya ves, L, y eso que tengo Penguins en casa a la vista... pues no los comen!!! Como pueden? It's a mystery! Beos
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