Manifiesto para incentivar el exilio masivo (o la salida por patas en tropel):
Salud... y ya veremos qué clase de Estado.
27-J, segunda gran movilización ciudadana convocada para esta tarde. Oídos sordos y ojos ciegos a la primera. Y Rajoy, vestido con el chándal olímpico español en la Moncloa, haciendo bici estática mientras ve la comparecencia de Rato y anota en una libretita de Hello Kitty: "abujero de Bankia = cambios en los criterios contables"... La palabra que acabo de buscar en el diccionario es hartazgo.
¿Y qué hace un mindundi con dos o tres dedos de frente (más IVA al 21%) cuando está hasta los pelos del cogote? Mentar a Lola Flores: si me queréis, irse. Y como a este país, de momento y hasta que nos escuerne o encuerne con el BCE, lo queremos... Pues eso, que nos vayamos todos mientras estemos a tiempo, ¿no? Que vivimos en un país cuyos horizontes no son aquellos elásticos que definió el gran Lauren Postigo, sino que nos los encogen día a día los politicastros. España es ya como un jersey de pura lana que metes en la lavadora sin preguntar antes a tu madre: un gurruño deforme. Yo no es por ser pesimista, pero mañana mismo pido por internet a CEAC un curso de remo a distancia y por fascículos ilustrados, para estar preparada el día que toque coger la barca pa seguir.
¿Y qué hace un mindundi con dos o tres dedos de frente (más IVA al 21%) cuando está hasta los pelos del cogote? Mentar a Lola Flores: si me queréis, irse. Y como a este país, de momento y hasta que nos escuerne o encuerne con el BCE, lo queremos... Pues eso, que nos vayamos todos mientras estemos a tiempo, ¿no? Que vivimos en un país cuyos horizontes no son aquellos elásticos que definió el gran Lauren Postigo, sino que nos los encogen día a día los politicastros. España es ya como un jersey de pura lana que metes en la lavadora sin preguntar antes a tu madre: un gurruño deforme. Yo no es por ser pesimista, pero mañana mismo pido por internet a CEAC un curso de remo a distancia y por fascículos ilustrados, para estar preparada el día que toque coger la barca pa seguir.
Lo que no sé yo es a dónde irme. España se me queda piojosa y paupérrima, a la par que el mundo se me antoja elefántico a la hora de hacer una elección. En Europa del sur parece que campa a sus anchas y desatada la prima del señor Riesgo, mujerzuela con tendencia a empericotarse por los altos y suicidar con ayuda de un empujón del bono alemán las economías más debilitadas (pa mí, que la mía entre las posibles víctimas). Extorsionista en subcontrata de la Cosa Nostra en Nápoles o abrillantadora de cascotes en la Acrópolis, va a ser que no.
Esa señora teutona, además de alemana, que siempre lleva el mismo traje de chaqueta en los colores más imposibles del espectro tinturo-textil, ha recuperado el eslogan aquel del Ven p'Alemania, Pepe y lo regurgita de cuando en vez en su versión sigloveintiunera: Pepe, quédate en Benalmádena a servir sardinas en el chiringuito... ah, y dile a Borjamari el del máster en Telecomunicaciones con un 9.5 de media en Ingeniería Industrial que no se olvide de meter también en la maleta la doble titulación en Inglés y Chino de la Alta Manchuria y que se pase por Berlín o aledaños, que igual hay algo pa él. Leyendo entre líneas igual me hago la tonta, me doy por aludida e iría, que soy fan de las salchichas de Baviera. Me asentaría allí, cobraría un sueldo astronómico en bruto que se quedaría en la mitad en neto porque hay que pagar la inoperancia, la vagancia y la maleancia de los mediterráneos y, qué coño, antes de que me diese cuenta me pasearía en agosto por Mallorca como si fuera o fuese de mi propiedad. Bah, inconformista que es una, y muy poco calvinista... va a ser que no.
El norte nortoso de la desubicada Europa se perfila como candidato. Paraíso de los Estados de tan bien estar que uno ni se entera que hay 9 meses en el frigor del invierno, 2 de arreciante otoño y con suerte uno de primavera templaica. Me tienta poco meterme a estas alturas a súbdita de Mette-Mary, pa qué nos vamos a engañar. Cajera bilíngüe de Ikea en Estocolmo, va a ser que no.
¿Qué nos queda, pues? El exilio transoceánico, tú. Así, a lo bestia y a lo decimonónimo. No cundamos en el pánico: lo único distinto es que no habrá que volar con RyanAir y podremos irnos de casa cual si viviéramos en una fotografía en sepia, con baúl y todo. África, América, Asia, Oceanía... descartemos los polos, que se están derritiendo y ya sería coger complejo de gafe tratar de asentarse allá. Canguro en Melbourne, dependienta de un todo a Yen a orillas del río Huang He (pa vosotros, el amarillo... chincha, sé chino), granjera en África cual Karen Blixen a la espera de que aterrice el Redford (igual me vuelvo del color de los nativos de tanto esperar), pastora de ovejas trasquiladas en Nueva Zelanda, meditadora full-time en templo budista... las opciones son tan infinitas como los años de Sara Montiel, pero va a ser que no.
Lo que hay que proponerse es revivir el mito, reescribir la historia, que total ya nos garabatea bastante ella a nosotros: HAY QUE HACER LAS AMÉRICAS. Yo, visto lo visto, me meto a emigrante irlandesa asolada por la potato famine y cruzaré el charco. ¿Hacia dónde? Me es tan ignífugo como inverosímil, siempre y cuando ponga millones de metros cúbicos de agua salada entre mi persona y el careto de los miembros y miembras de nuestro (des)Gobierno. Seguiremos informando.
Entretanto, me entretendré tuiteando desatinos y convocando manifestaciones por Facebook. Que nunca se sabe, que por estas cosas dicen que se va una a prisión con pensión completa y catre limpio. Un chollo, oiga. De momento, me voy al Decathlon a por una tienda iglú con garantía de descongelación: el 25-S nos vemos a las puertas del Congreso. No me fallen, lectores. La foto de ese día no la colgaremos solamente en las redes sociales, saldrá en los libros de historia de las generaciones venideras.
Y si todo falla, ya sabemos los leídos dónde está la tierra prometida: todos pa un kibutz y a nadar en el Jordan. Que, dicho sea de paso, no nos vendría mal lo de reinventarnos/rebautizarnos.
Y si todo falla, ya sabemos los leídos dónde está la tierra prometida: todos pa un kibutz y a nadar en el Jordan. Que, dicho sea de paso, no nos vendría mal lo de reinventarnos/rebautizarnos.
Salud... y ya veremos qué clase de Estado.