20 de diciembre de 2009

Al fin soy El Almedro

Vueeeelve, a casaaaa vueeeelve, por Navidaaaad... Intuyo que acompasados con esta musiquita ya estáis llorando sólo de pensar en mí, imaginándome en un anuncio de televisión antiguo, de finales de los 60, saliendo con mi vieja maleta de la antigua Hispalis, envuelta en fríos jirones de niebla a orillas del Guadalquivir, cogiendo un rápido AVE hacia la capital del reino, perdida entre la multitud que deambula con la mirada fija atravesando los frondosos jardines interiores de Atocha, apresurándome luego hacia el angosto Metro, apretadita contra cientos de madrileños y foráneos bien abrigados de la fría intemperie castiza, arribando a Chamartín para enlazar con el tren a Asturias, que veloz atraviesa la meseta hasta alcanzar León para luego descender bruscamente su marcha al tiempo que asciende el empinado puerto de Pajares, cumbre de esa nevada cordillera que separa mi patria chica del resto de la tierra reconquistada (también conocida como España), tomando a sorbos un cafelillo que me haga entrar en calor mientras contemplo los blancos picos e intuyo los verdes valles al fondo, contando los minutos una vez descendido el puerto y enfilada la cuenca del Caudal hacia Oviedo, impaciente en las últimas paradas del tren que parece querer tomarme el pelo y no alcanzar nunca su destino, tras 14 eternas horas de viaje... ¡¡GIJÓN!!

En fin, me he tomado unas poquitas licencias poéticas para describiros mi retorno a la patria chica, pero una que -como la que suscribe- jugueteó toda su infancia con las muñecas de Famosa que se dirigían al portal para hacer llegar al niño su cariño y su amistad (y Chusín, en el pesebre, sonreía porque estaba alegre)... como decía, una que se ha hecho mayor, que no adulta, con ese trauma encima, no puede decir simplemente que cogió un avión y que ya está en casa. Quedaría como de pobreza imaginativa, y no vamos a acabar el año con simplezas literarias. Y menos tras 5 largos meses de ausencia de estas páginas: ¿me concederéis el perdón dadas las entrañables fechas en las que estamos? Sé de buena tinta que habréis echado infinitamente de menos mis incursiones pseudo-periodísticas en este blog. Algunos hasta habréis tenido que volver al psicoanalista ante el vacío existencial de vuestras vidas cibernéticas. Rumores me han llegado de cabezas despeinadas de tanto mesarse los cabellos y modelitos arruinados de tanto rasgarse las vestiduras... pero en fin, toda época de crisis creativa llega a su fin: he vuelto, y con la resolución de año nuevo bajo el brazo de no descuidar en 2010 este mi particular diario con cotillas involuntarios incorporados.

Para acallar las habladurías sobre los porqués e ignotas razones de mi larga ausencia, lo aclararé de una vez por todas: no, Paquirrín no ha dejado a Techi para llevarme a mi al huerto pantojil. Simplemente, como buena re-escribidora de tesis de Nancy (véase mi entrada del 01/05/09), he estado imbuyéndome de la cultura y el carácter sevillanos... y se me ha ido el santo, uno de tantos que he conocido por las calles de mi nueva ciudad, al cielo. Ni siquiera he tenido la decencia de enviaros mi nueva dirección por si quisierais visitarme, parece mentira que haya sido niña de colegio de pago. Para que no se diga que no rectifico mis malos modales, aquí os va:

Srta. Patricia M. Zapico, futura duquesa de Feria
(en cuanto uno de los guapos Medina se entere de que existo sobre la faz de la Tierra)
Calle Rioja, 5 3M
41001 Sevilla

He dejado mi querido y popular barrio de Triana para ir a codearme con nativos más selectos, de aquellos que por vivir en el centro son incapaces de bajar la basura sin el abrigo de marta cibelina sobre los hombros, o sus Lotusse con borlitas taconeando las aceras. En fin, ni qué decir tiene que, a la mínima de cambio, cruzo el puente y me vuelvo por unas horas a mis folklóricos orígenes, no vaya a ser que por ósmosis me crezca a mí también una escoba en el mismísimo orto, cual la que lucen mis nuevos convecinos. Pero vosotros, queridos lectores, venid feliz y prontamente a visitarme y podréis juzgar todas mis tonterías por vosotros mismos.

Amén de los avatares propios de una mudanza intramuros de la vieja ciudad, he estado ciertamente enredada en asuntos laborales en lo postrer, de modo y manera que mis dedos llegaban a casa hartos de teclear cuentos menos chinos que estos y mis ojos cansados de fijarse en pantallas menos ociosas que ésta. A causa de mi natural (in)modestia creo que no os he comunicado a la mayoría que soy un ejemplo vivo y coleante del paradigma de la Ley de Murphy. Es decir, a finales de septiembre pasado me ascendieron en el trabajo. Pues sí, pues sí, personas incrédulas, a ver si os pensábais que, una vez abandonadas las riendas de mi propia empresa y metida a asalariada, iba a dejar pasar una oportunidad, por ínfima que fuese, de seguir mandando, aunque solo sea un poco y casi nadie me haga caso... Por algún lado he leído que así empezó mi tocaya la Botín, desde abajo en uno de los bancos de su papi. De acuerdo que no tengo ningún pariente en las altas esferas de RedBee, pero llegará el día en que me haga con el control de la mismísima BBC. Que tiemble la reina de Inglaterra que mi primer decreto será borrarle el discurso del día de Navidad...

Bromas y sueños de grandeza a un lado, estoy encantada con mi nueva profesión y, para sorpresa de mamá (progenitora caracterizada por la escasez de confianza en la estabilidad mental y laboral de su primogénita), todavía no he pensado en dejarla por desencanto o aburrimiento. Un día de estos os describiré exactamente a qué me dedico, pues muchos de vosotros creo que no sabéis muy bien por qué rayos he ido a parar a tierras infieles como destino profesional el pasado abril.

En fin, no me queda más que despedirme en el mismo tono navideño en que comencé esta entrada al blog, aprovechando para desearos a todos muy felices fiestas y que disfrutéis de la Navidad en familia, cada uno de vuelta a vuestra tierra (si puede ser). Y a los que estáis por Asturias estos días... ¡Nos encontraremos por Gijón o por Oviedo! ¡A ver si cae una sidrina! Brindaremos con una copa de El Gaitero, que es lo que pega en estas fechas.

Ea, quillos, muchos besos a todos... ¡qué arte tenéis!

30 de julio de 2009

¡Que arte!

Ahora sí que sí, de verdad de la buena, os lo prometo por el Cristo de los cuarenta clavos (34 de ellos oxidaos sin remedio): ya soy una auténtica sevillana. No, no me he comprado y ponío la bata de cola. No, tampoco paseo por la calle Sierpes del brazo de un torero. Y no, no duermo la siesta de cuatro a seis esté donde esté, preferiblemente en el trabajo.

Explicaré mi sevillización definitiva con una breve y castiza frase a la usanza pasiva anglosajona, que le da más ímpetu: "he sido birlada". No yo misma, sino que me han robado la bicicleta, único medio de locomoción con aire acondicionado que tenía en esta ciudad donde la sombra marca 40 grados y el sol... ¿cómo os lo cuento?: los huevos con beicon del desayuno, directos de la acera al plato podrían ir. Los hechos han ocurrido esta tarde a la puertecita misma de la oficina, en la calle privada y requetevallada que nos protege del mundanal ruido de la Cartuja y de los amigos de lo ajeno (o eso pensaba yo, inocente de mí).

Mira que me habían dicho que en esta ciudad te roban hasta los pensamientos impuros como los dejes descuidadamente vagar sin candado. Foráneos y nativos me lo han repetido hasta la saciedad: "que no seas cándida, que aquí to se roba y to se vende, quilla". Pues nada, yo empeñada en demostrarles su equívoco y su mal pensar, que seguro que les oscurecía el aura... ¡de colorines la tengo yo hoy! La madre que parió al que dijo que to er mundo eh güeno. ¡Una mierda pinchá en un palo!: mañana mismo me saco la licencia de armas y me voy a pasear por la Avenida de Kansas City, una calle muy a propósito para ir aclimatándose a llevar cartucheras, caminar con las piernas abiertas como si te escociera algo por los adentros, escupir tabaco de mascar (espero que valgan unas hierbas de melisa o valeriana como sustituto moderno y femenino), y disparar la Colt 45 al primero que vea con dedos ligeros acariciar con ánimo delictivo lo que no le es propio. Ea, está decidido. Que tiemble John Wayne (yon baine, pa que se entere mi madre y algunos otros de su generación).

Como de todas las experiencias hay que sacar algo divertido (cree firmemente la que perpetra este blog), ha sido todo un sainete el ir a poner la denuncia a Comisaría. Vivimos en un país modernísimo, tanto que hay un 902 para poner denuncias por teléfono. O sea, que primero me roba un gitano la bici y luego Telefónica varios euros por minuto. Muy amablemente me atiende un "telefonisto" del género masculino y, por ende, del género bobo que me pregunta, entre otros detalles sobre el objeto de mi denuncia, que cuántas ruedas tiene... En fin, corramos un estúpido velo sobre las luces del cuerpo nacional (en general). Inquerida sobre en qué comisaría de Sevilla deseo formalizar y ratificar la denuncia, no lo dudo ni un instante y contesto: "En la de Triana, mi arma, que además es la del barrio".

Los policías de mi vecindario son mu apañaos y tienen un chiringuito de uralita y pladur (doy fe, no es licencia poética) montado en plena calle Betis, a orillas del Guadalquivir y de todos los saraos que por allí trascurren a lo largo del año. He llegado yo a las 6:30 de la tarde y les he sacado del letargo propio de... bueno, de su condición natural. Reproduzco casi fielmente el diálogo por no tener desperdicio alguno. Si algún productor de la serie "Los Hombres de Paco" me lee y plagia que sepa que ahora ya estoy versada en el arte de denunciar, ojito.

POLICÍA (de ahora en adelante POL)- Buenah tardeh, zeñorita.
Patricia (de ahora en adelante YO)- Muy buenas tardes, venía a ratificar una denuncia interpuesta por teléfono hace media hora por la sustracción de una bicicleta. [A fina no me gana nadie, y además me he visto todos los capítulos de Ally McBeal, como habréis comprobado]
POL- ¿Una denunsia? ¿Aquí? [Dicho esto como si el tipo en cuestión trabajase en una frutería]
YO- Pues sí. Me ha dicho un compañero suyo por teléfono que viniese aquí antes de las 22.00 horas.
POL- [reclinándose en la silla y asomando la cabeza por una puerta tras de sí] Peeeeepeee, ¿s'ha llegao arguna denunsia? [Pepe debió responder en afirmativo] Paze, paze a la zegunda puerta qu'allí l'atiende mi compañero.
YO- [tras cruzar la puerta y toparme con un atractivo y uniformado mozo en sus escasos treinta que me recibió con una sonrisa y un "siéntese, que ahora le tomo declaración"] "Por dios, declaración", pensaba yo, "apenas me conoce y ya habla de declarase"...
Repetí al gallardo subinspector Ramírez los hechos tal y como los recordaba, y éste realizó una serie de preguntas y comprobaciones sumamente inteligentes, perspicaces, agudas y esclarecedoras. "Guapo y con neurona y media, qué lujazo", caía yo en el ensoñamiento activo mientras él tecleaba en el ordenador. Ya me imaginaba saliendo de la catedral vestida de blanco bajo un pasillo de sables (o porras policiales, tanto me daba) con tal dechado de virtudes detectivescas. Hasta que se me ocurrió preguntarle lo siguiente:
YO- ¿Cuándo creen que encontrarán mi bicicleta?
POL- Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja. Yo que usted iba ahorrando para otra. A ver, si alguno de mis compañeros pasa por er Charco la Pava y ve a algún gitano vendiendo una bisi con esta descripción, podría haber suerte. Pero tenemos musho que hasé y aquí desaparesen mushas bisis, ¿sabe o no?
YO- [nunca me he dado fácilmente por vencida, en particular cuando se trata de abochornarme a mí misma en las más ridículas situaciones] Pero, yo tengo aquí el candado de la bici, que lo han cortado para robarla. Aquí tiene. Saquen las huellas que haya dejado el ladrón, localícenlo pronto en su base de datos y devuélvanme la bicicleta, ¿no?
POL- [con una cara de choteo que estoy segura que este picor de orejas que ahora tengo es porque está de cañitas con los compañeros hablando todavia de la ilusa asturiana] ¿Base de datos? Pero, oiga, ¿usté se cré que esto eh er CSI ese o qué? Ande, ande, firme aquí y ya veremos si hay suerte y localisamo ar gitano antes de que la venda por piesas...
YO- [indecisa entre soltar un barbarismo o halagar su hombría, opté por esto último, a ver si colaba mi caso por encima de algún atraco a una mercería o redada en un puticlub] Bueno, inspector, yo confío en que usted lo encuentre y yo recupere mi bicicleta. ¿Me llamará si esto ocurre o me paso yo por aquí dentro de unos días?
En esta instancia debí de batir mucho las pestañas y mirarle con cara de haberme topado con Supermán, pues condescendió guiñándome un ojo:
POL- La llamaré, claro está, aunque puede venir a verme cuando quiera.

Vamos, que ni bicicleta, ni novio policía, ni ostias en vinagreta. Al menos se ha quedado con mi número de móvil: una aprende con los años que nunca se sabe dónde aparecerá el príncipe de los cuentos... y éste ya es azul, al menos por fuera.

Así termina mi mes de julio, condenada a desplazarme a patita de nuevo los 4 kilómetros hasta la oficina. Mi cuerpo serrano lo agradecerá pero, ¿quién me paga a mí los daños y perjuicios psicológicos por no poder ir tarareando la canción de "Verano Azul" al trabajo? Que una no llega del mismo humor si se arrastra a la oficina caminando, caramba. Que va a bajar mi productividad y así quizás pueda alcanzar a otros curritos locales, más curtidos en el savoir faire laboral andaluz...

En fin, y yo que me creía que lo primero que me robarían en Sevilla sería el corazón un zeñorito andalú que me llevase como una reina a la Feria en coche de caballos... ¡ay, qué desaborío el destino! Me ha tenido que robar un gitano la bicicleta. ¡Qué malahe, dios mío, qué malahe!

17 de junio de 2009

Ave Fenix

Esa soy yo, de nuevo dispuesta a escribir unas líneas, resurgiendo tras larga ausencia de mis propias cenizas. ¿Que cómo lo he logrado? Uy, queridos, chupado: la climatología de Sevilla y mi termostato interno se han aliado para demostrar que la combustión espontánea de las personas humanas es posible. Qué digo posible, es instantánea a poco que a una -distraídamente- le dé por salir de casa entre las 11 de la mañana y las 9 de la noche. Basta con asomar la narizilla (o apéndice arábigo-romano, en mi singular caso) a la rue y pisar de puntillas el asfalto para recibir no ya un golpe de calor, ¡que va!, una hostia más grande que la catedral de Burgos.

Así las cosas, y tras los 37ºC sufridos el sábado pasado cuando el reloj marcaba las 22.45 horas, he decidido adoptar costumbres vampíricas para sobrevivir al verano hispalense. Sólo saldré de noche, como los búhos, los serenos, los murciélagos, los estudiantes Erasmus, las mujeres de vida licenciosa y los porfíricos... De día, a falta de ataúd donde dormir fresquita, me refugiaré bajo máquina de aire acondicionado eléctrica cuya factura no deba pagar yo, o bien haré uso de una manual, anteriormente conocida como abanico, elemento que por estos lares aún goza de reconocido prestigio como complemento fashion entre el mujerío (y algún mariposón del barrio de La Alameda).

En fin, vayamos a las novedades que he dejado de contar estas semanas. En primer lugar: habemus domi...cilio
propio. Pues sí, incrédulos amigos que pensábais que nunca jamás me independizaría, a los 35 añitos al fin me he ido de las múltiples casas ajenas que he bendecido con mi presencia en la última década y cuento ya con coto privado. Está en el pintoresquísimo barrio de Triana, del que luego hablaré, en una de esas casas patio tan típicas, y tiene un tamaño... ¿cómo expresarlo? Los celebérrimos mini-pisos de Ikea son como el Palacio de Dueñas a su lado. Yo lo llamo mi mini-loft trianero, que queda mucho más elegante dicho en un cóctail (si me invitasen a alguno), y a pesar de sus reducidas dimensiones se puede transformar en un acogedor entorno si vienen invitados. Adjunto fotos de mi residencia, para los cotillas. Así que ya sabéis, tomad nota:

Maripatri de Triana
Casa Patio La Espartería
Calle de Callao, 8 Acc.2
41010 Sevilla

Agradecería, hordas lectoras que tenéis ya una mano en la maleta sabiendo que, con el ahorro del alojamiento gratis, al fin podréis costearos ese curso soñado de "Aprenda
sevillanas por bulerías en nueve horas y media" (media cadera dislocada, se entiende)... Me complacería, repito, que me comuniquéis vuestras aviesas intenciones visitiles con antelación suficiente si queréis perpetrarlas en estío, pues si coinciden más de dos ó tres individuos bajo un solo techo en esta ciudad habéis de saber que comienza a escasear el oxígeno. En resumidas cuentas, que salvo intencionalidad suicida pareja a la vacacional, os privéis del gozo de mi compañía hasta que el calendario sea más benévolo con el reblandecimiento neuronal. No os sintáis ofendidos: no es falta de hospitalidad, es amor al prójimo lo que me hace claudicar de ser vuestra anfitriona.

Debo, no obstante, advertiros de las actividades cotidianas a las que se enfrenta una vecina recién asentada en el barrio con ganas de integrarse en el ambiente. Para ser una trianera (o trianero, en su defecto) con certificado de autenticidad es obligatorio, por imperativo de la ley folklórica del barrio:

- Sacar a pasear santos cada vez que estos tengan cara de querer tomar el aire. Esta circunstancia se da con pasmosa frecuencia en Triana, donde día sí día también se tropieza una con tallas religiosas entre el tráfico y el bohío peatonal.

- Hacerse devota de al menos una Vírgen y un Cristo. Diréis que Madre e Hijo de Dios solamente hay una y uno. Pues no os queda nada por aprender. En un barrio donde se empina el codo con tanta facilidad (la caló pide rebujito, seamos comprensivos con la sed ajena) es normal que la gente vea doble y hasta triple. De ahí que tengamos a la de la Esperanza, la de la Amargura, la de la O, la del Carmen y, mi favorita, la del Patrocinio (qué esponsoriza, y por cuánto monis, esta señora todavía no lo he averiguado). Y con los distintos Jesuses lo mismo, aunque el único nombre que recuerdo es el del Cristo de las Tres Caídas... familiarmente conocido como Chus el Torpe, al menos en mi casa.

- Salir a tirar la basura en zapatillas y bata (no de cola, sino de la mercería de enfrente, o mejor del Carrefour de rebajas) y quedarse parada con la vecina, que lleva rulos y redecilla, a charlar de lo divino y lo humano.

- Hablar cuatro o cinco decibelios más alto de lo necesario, volumen que se eleva aún más si las horas no son propias y tus vecinos trabajan en turno de mañana. Una vez conseguido el tono adecuado practicando gorgoritos al ritmo de lo penúltimo de El Fary, salir al patio de vecinos y pasarse la madrugada a la fresca despachando con Maricrú la der bajo, o Carmensita la der ático, los cotilleos del resto del vecindario. Triana es un barrio muy limpio: se lavan todos los trapos sucios en pública y vocinglerante manifestación.

- En el mes de mayo, asegurarte de que te den una semana libre en el trabajo, vestirte de romera, llenar una carreta de tal cantidad de alcohol que dejes a los del botellón a la altura de aficionados, unirte a alrededor de 6543 vagos y maleantes como tú que, con la excusa de ir a ver a una Blanca Paloma, se ponen ciegos de fino a las 7 de la mañana y despiertan al barrio entero para que los despidan desde los balcones... e irte a tragar "er porvo der camino" hasta llegar a una pequeña e irreductible aldea de Huelva donde, al parecer, uno no se postra ante el altar, sino que lo asalta cual si de un banco del farwest se tratase.

Por todo ello digo yo, emulando al pequeño gran Asterix: ¡están locos estos sevillanos! Creo que van a tardar en darme el carné de trianera, a menos que me acueste con el director de la Oficina de Expedición (como tarea para esta semana averiguaré si se trata, oh dioses sed bondadosos y que así sea, de Álvaro Muñoz Escasi). En fin, como no me queda nada de aquí a que los jefes decidan que luzco más en la sede de Londres que en la de la orilla del Guadalquivir... seguiré disfrutando de mis investigaciones antropo-sociológicas. Sevilla, ya lo decía la canción, tiene un color especial.

11 de mayo de 2009

Metro de Sevilla

Resulta ser éste el colectivo medio de transporte del que me he valido estas últimas semanas para atravesar diariamente el trayecto Montequinto-San Juan de Aznalfarache, que me lleva al trabajo desde mi lugar temporal de residencia (circunloquio lingüístico al que acudo para describir una actividad acomodaticia que en círculos antisistema recibe el más adecuado sobriquete de okupación). Convendrán mis lectores conmigo en que un metro no es solamente un metro en ningún lugar del mundo, y mucho menos en los países anglosajones donde bien pueden ser 39,37 pulgadas o bien 3,281 pies, dependiendo de los vicios de quien en tales términos se exprese... 

Pero, ¿por dónde iba? Se desubica una en divagaciones por los cerros de la provincia de Jaén. Ah, sí, que el metro (underground, para los políglotas) es mucho más que una serie de vagones deslizándose por raíles en las profundidades de la tierra, bajo el bullicio de una ciudad que permanece ajena a su paso. El metro, si está bien diseñado, tiene su personalidad propia, su flamante  colorido, como bien demuestran los planos de sus líneas en las grandes urbes mundiales: Tokio, Nueva York, Londres, o Villafranca del Bierzo, sin ir más lejos. Y el suburbano de Sevilla, para mayor gloria de los ingenieros que lo trazaron, los munícipes que lo subsidiaron, y la simpar y magdaleniense ministra fomentina que lo inauguró, no iba a ser menos.

Dicho lo cual, y para que todo el mundo pueda ilustrarse empíricamente sobre la peculiar idiosincrasia que adorna este servicio público sevillano, paso a relatar con tozuda minuciosidad una serie de circunstancias observadas distraídamente en el devenir de mis días siendo transportada en las entrañas de la oruga metálica. Se advierte al lector desprevenido que ningún evento aquí descrito ha sido producto de mi desbordada imaginación, del apego a sustancias psicotrópicas, ni de la relectura de las memorias de Santa Teresa de Ávila. Cualquier parecido con la literatura ugandesa de ciencia ficción es pura coincidencia.

- Se ha tardado más de 20 años en construir y tiene... ¡una sola línea! De la cual, por cierto, cuatro paradas todavía no funcionan. Por las otras tres no me he atrevido a preguntar, pues de buena tinta he sabido que la de Puerta de Jerez no ha podido ser usufructada de momento porque sufrió el colapso de un quiosco de prensa y golosinas varias, que se vino abajo tan de sopetón que a la quiosquera no le dio tiempo más que a salvar su vida sin poder poner el Hola! con las fotos de la operación de mentón (cazo, en castizo) de Letizia a buen recaudo.

- A pesar de la singularidad (literal) de su única línea, los viajes se ven continuamente interrumpidos por "regulación del tráfico". Extrañada ante esto, y observando con todo el detenimiento que mi sagaz e inquisitiva mente me permite a primera hora de la mañana y última de la tarde (o sea, con ninguno), creo haber descubierto el porqué: los conductores aún no se atreven a cruzarse los unos con los otros, y menos cuando el tren acomete una curvatura en su trazado. 

- Las preclaras dotes interpretativas de la cotidianeidad metropolitana determinaron en su momento que no había necesidad alguna de instalar a lo largo y ancho de los vagones más asideros que las cuatro barras metálicas que flanquean cada puerta. Se ignora hasta el momento si fue un mero descuido o una procaz intención de que el pueblo sevillano encontrara bajo tierra la excusa para magrear al prójimo que le valdría más de un improperio a cielo abierto. A los hechos me remito: a falta de mejor agarradera yo misma he sufrido el contumaz acoso de varios jubilados, un estudiante eslovaco, tres marujas que éranse a un carro de la compra pegadas, una niña vestida de faralaes durante la Feria que, para más inri, me clavó la peineta en la pituitaria, un repartidor de butano, y una hermana de la Caridad que no la tuvo para conmigo y a quien observé gozosa por el rabillo del ojo mientras me clavaba el rosario en el esternón.

- ¿Quién dijo que los parques temáticos eran caros? No señor. Cuestan 1,55 euros ida y vuelta. Así es como se debe publicitar el Metro en los pueblos de toda la provincia, con gran algarabía de charangas y convincente megafonía sufragada por el cabildo municipal de turno. Si no, no se explica que nutridos grupos de personas con cara de no haber visto nunca una sucursal de La Caixa (es decir, con poca mundología), inunden continuamente los vagones y acompasen los movimientos de los mismos con exclamaciones bien de excitación bien de caguitis extrema, según discurra con suavidad o brusquedad el trenillo en cuestión.

- Por si fuera poco, numerosos son los sevillanos que hacen de su primer viaje en metro un acontecimiento familiar, trayéndose consigo a los niños, la suegra, la cámara digital para estampar la ocasión, y unos táperes con colines y jamoncito por si la espera se hiciera larga. ¿No me creen? Pues termino esta mi primera y breve incursión en la sociología del transporte urbano hispalense con la voz que se escucha con reiterativa cadencia por los altavoces de las distintas estaciones:

"Atención, para que todos los ciudadanos puedan hacer uso del servicio sin aglomeraciones, por favor, no realicen más trayectos que los imprescindibles"...

Así que ya lo saben, no me sean ustedes esnobs y déjense de viajes a Disneyland Paris: la diversión es más barata a orillas del Guadalquivir. Palabrita del niño Jesús del Gran Poder, y que si miento se le caigan los puntos del último lifting a la duquesa de Alba.

8 de mayo de 2009

Treinta y cinco primaveras

Esas son las que cumple hoy mismo la bella joven que se esconde tras estas líneas. Tan emblemática fecha, a medio camino entre la treintena y la cuarentena, me hace plantearme en cual de las dos cifras redondas prefiero quedarme (mentalmente hablando, entiéndanme). La decisión, para qué nos vamos a autoengañar, es bien fácil. Treintañera de por vida, siguiendo la estela de Anita Obregón, Karina, y Cayetana de Alba, tres preclaros espejos en los que mi madurez y serenidad vital se verán perfectamente reflejados de aquí en adelante...

Aviso, ante lo que supongo una avalancha de envíos de flores y felicitaciones varias de mis lectores, que no firmen las tarjetas (ni siquiera los cheques regalo de Leroy Merlin) con dirección a Sevilla, pues este alma celta huye de la mundana caló hispalense en breves minutos. Me voy a buscar el norte, a ver si con un poco de suerte me llueve encima y además pillo un sonoro catarrazo, que en dos semanas ya tengo complejo de haber iniciado un proceso de momificación y putrefacción epidérmica generalizada al exponer mi delicada superficie norteña a los rigores del Lorenzo sevillano. Treinta y tres grados ayer... a la sombra: con eso lo digo todo. He dejado de preguntarme porqué aquí la gente tiene fama de cierta vagancia, indolencia, y tendencia a la fatiga laboral.

Lo dicho, abandono por un par de días esta curiosa ciudad, de cuya exploración daré cuenta muy pronto en este blog porque hay musha tela que cortá... Me espera una noche en la ópera con mi adorado Juan Diego Flórez. Pues sí, como a mi edad el cuerpo sigue siendo aquel de mi veintena (dijo ella con toda la modestia de la que era capaz), sólo me queda cultivar el intelecto... Y con un poco de suerte consigo un sonado divorcio y un matrimonio exprés con el afamado tenor peruano, y me dedico a partir de ya a recorrer el mundo cabalgando en una semicorchea al compás de mis caprichos.

Serán ustedes debidamente informados, en especial si tienen a bien felicitarme efusivamente. Se agradecerán las muestras de amistad con una participación pírrica en el próximo sorteo de la Lotería de Navidad (o en la tómbola de la parroquia de San Celemín el Cejijunto).

1 de mayo de 2009

Nancy reescribe su tesis

Ozú, quillos. A falta de Sender, tendréis que conformaros con la que suscribe. Celebro las novedades en mi vida personal y laboral con un nuevo título de blog que, todo hay que decirlo, se ajusta más a la realidad que ahora vivo que aquello del London Times...

A partir de hoy, me convierto no solo en sevillana sino en trianera de pura cepa, puesto que es el barrio que he elegido para vivir. Mi icono desde ya mismo ahí lo tenéis: la gran Cayetana, grandísima de todas las Españas y parte del revisteo patrio y extranjero. Que digo yo que algo debe de tener el respirar el olor del azahar en primavera a la vera del Guadalquivir para que siga la Fitzjames-Stuart con ganas de jarana cuando debería ya estar abonando el último pago de su momificación.

Así que, como ella, observaré desde la barrera la vida de esta ciudad y a sus gentes... que por lo poco que he visto hay mucho material de índole antropológico y socio-"curturá" que recopilar.
De momento, habréis de perdonarme por no dar muchas muestras de estar realizando la labor de campo propia de una investigadora tan concienzuda como yo pero... comprended que ahora (¡y no en Londres!) vivo en un país muy extranjero, por mucho que no me hayan pedido pasaporte ni vacunación. El verdadero choque cultural para esta asturiana de Rioseco con vocación de universal comienza aquí: estoy recuperándome todavía de mi paso por la famosa Feria de Abril. Al borde de un coma de identidad me hallo tras una sobreexposición galopante a carretas, casetas, rebujitos, volantes, claveles, farolillos, caballos, flamencas, gitanas, manzanilla, aros, peinetas y demás zarandajas propias del adorno festivo de los oriundos del lugar, a la que se suma haber escuchado en corto espacio de tiempo muchas más sevillanas de las que un cerebro celta es capaz de procesar en 35 años de vida...
Para lograr salvarme, me he puesto en terapia de aislamiento y escribo estas líneas bajo el edredón de mi cama tocada con una montera picona y escuchando los grandes éxitos de Vicente Díaz, Anabel Santiago, y Los Berrones en un remix masterizado para la ocasión. He dejado las madreñas a los pies de la cama, pues no procedía ensuciar las sábanas con los restos de albero ferial que todavía llevan encima.

Me despido hasta muy pronto, no sin antes haceros partícipes de las lecciones aprendidas esta semana:
- No preguntes jamás a una sevillana lo siguiente: "¿Tú también te disfrazas para ir a la Feria?". Bueno, a no ser que quieras que te cataloguen de por vida como una ignorante "desaboría".
- El truco para bailar de cojo-la-manzana-la-muerdo-y-la-tiro funciona solamente con los nacidos allende Despeñaperros (amén de con algunas afortunadas a las que la disciplina de la danza se les da mejor que a mí). Los demás simplemente parece que nos ha dado una convulsión que nos obliga a subir el brazo y luego limpiarnos las babas antes de sacudirlas sobre el suelo.
- Si estás mal del estómago en Sevilla, no pidas manzanilla. O si lo haces, acláralo con quien te sirve o se te pasará la acidez estomacal pero pillarás un colocón de órdago.
- Por mucho que busquéis en los quioscos no hay un Método Maurer de aprendizaje rápido de la fonética sevillana. Hay que aguantarse y sonreír cuando no entendáis nada de lo que os dicen.

27 de abril de 2009

Arsa, quillos...


A ver si adivináis dónde estoy. Más grande la pista visual no os la puedo poner. Os daré una auditiva: Dale a tu cuerpo alegría, Macarena, que tu cuerpo es pa darle alegría y cosa buena...


Que no, que no estoy en un hotel de jubilados en Benidorm esperando a que me saquen a bailar. Que estoy a la verita misma del Guadalquivir, en la legendaria Hispalis, recién llegadita como quien dice y dispuesta a ser alumbrada por su famosa feria y por tantos Cayetanos como haga falta. Me transmuto desde ya en una auténtica Zarzamora, la morena de cuantas coplas quieran, en cigarrera de Merimée, y hasta en la "farsa monea" si es requisito para convertirme en Sevillana de adopción y Trianera de profesión.


De perdidos al río (Guadalquivir), y ya que he venido a parar a donde jure mil y una veces que no vendría ni atada iniciaré un proceso de inmersión total. Para la terapia de esta semana me he puesto como deberes dominar la fonética de la alocución indígena "viva er Beti manque pierda", a la par que fortalecer los músculos de mis pantorrillas para poder barrer con tronío la cola de mi bata de ídem en una caseta del Real. Más no se me puede pedir, que soy una párvula en esto del hispalismo.


Se preguntarán un buen puñado de mis lectores qué demonios hago aquí, si la postrer vez que di noticias de mi paradero lo hice desde las orillas del Támesis. Fácil y rápido: he sido contratada por la BBC (de aquí en adelante: la bibisí mi arma), concretamente por Red Bee Media que es la empresa de la corporación que se dedica a servicios audiovisuales varios -entre ellos doblaje, subtitulación, accesibilidad- para trabajar en una empresa española que han absorbido hace un par de meses. Vamos, que soy de los grumetes (medio) ingleses que desembarcan con la capitanía británica que se pone al mando de la nave. Bajel pirata en el que me he subido... pero de esto ya os daré detalles en próximas crónicas.


Sólo quería que supieseis todos de mi paradero, y aprovecho la ocasión para advertir que pienso seguir rellenando escabrosas páginas de la historia literaria a través de este blog. Tendréis pronto más noticias mías, bajo un novedoso título ya que un nuevo y reluciente cielo azul me cubre.


Ozú, que me se orvidaba invitarle a uhtede a vizitarme cuando quieran. A ver zi no me hasen como con Londre, hente, que musho desí y endeluego naide s'aparesió. Güeno, zolo un par de presona humana... Olé.


17 de abril de 2009

Cerrado por vacaciones

Se acabó lo bueno: la que suscribe ya no engrosa las listas de ninguna institución académica que la acoja bajo sus tutelantes alas y la deje fantasear con la idea de una juventud eterna... Fin de curso. Exámenes. Trabajos. Despedidas. Mil planes. Y, por fortuna, también vacaciones.
He creído conveniente despedirme de mi querida Inglaterra como es debido, así que llevo diez días deambulando despreocupada por sus bonitos parajes, muy bien acompañada en mis varios viajes. Crucé con M. el pequeño charco que separa Portsmouth de la isla de Wight, recorriéndola en un par de días (la foto que acompaña el texto es sólo una muestra de lo maravillosos que son sus paisajes). Y me sumergí tras la idílica calma isleña en el bullicioso Londres con M., T., y R., donde pasamos cinco días muy paseantes, mientras yo me despedía secretamente emocionada de mis rincones favoritos de la ciudad.
Escribo estas líneas a bordo de uno de los autocares de la flota de mi más acérrimo enemigo, el odiado Cosmen, dueño y señor de Alsa con sus inefables servicios dignos de república bananera. Mas hoy debo cantarle al menos una alabanza, ya que ha instalado un estupendo sistema wifi que me entretiene de lo lindo las cinco horas que separan la capital del reino de la orilla del Cantábrico a la altura de la playa de San Lorenzo.
Os preguntaréis porqué viajo desde Madrid en lugar de directa a Asturias... ¡secreto! Vengo de otro lejano punto de la geografía patria, origen de mi viaje de hoy y posible destino profesional. Pero esto se desvelará próximamente, y si todo sale bien habré de cambiar el título de mi blog, pues no serán las aguas del Támesis las que me refresquen las ideas sino las de otro río famoso ya desde tiempos inmemoriales... y hasta aquí puedo leer, jiji.
Gracias por leerme todo el curso, y por sufragar mi educación con las pesetillas que he sacado vendiendo a un pirata informático vuestras contraseñas y números de tarjeta de crédito cada vez que os conectabais a este blog. Ah, ¿que no os había comentado nada?
Tiene una de cada despiste con tanto trajín... 

1 de abril de 2009

A las barricadas

Hoy he ido a mi primera manifa antiglobalización... ¡Chispas! Precisamente el día que concluye mi vida estudiantil, pues acabo de tener mi último examen. Curiosa coincidencia. Ha sido la guinda sesentayochista con la que adornar el pastel de mi vuelta a las aulas... y a las barricadas. Por desgracia, me quedé sin experimentar el gusto de hacer añicos una de las ventanas del Bank of England con un adoquín proporcionado para la ocasión por el ilustre ayuntamiento de Londres. Pero sí que podré contar a los nietos de mis amigos que yo corrí delante de los bobis, tarea relativamente fácil pues les resulta enojoso perseguir a la plebe revolucionada con esos cascos oviformes oprimiéndoles las ideas y a 20 primaverales grados tostándoles el cerebelo (si se diera el caso de que lo hubiera, que está por demostrar).
Comprobaréis por las fotos que adjunto el ambientazo que había. Si lo ve Rouco palidece de envidia: cómo se moviliza la gente sin falta de sermones, autobuses parroquiales y bocata gratis. Claro que no le gustaría codearse con semejante chusma, muchos de ellos seguramente protestantes, y desde luego todos protestones.
Eso sí, transcurrió todo en un orden digno de la Britannia cuyo imperio dominó un día el mundo. La anarquía inglesa, qué duda cabe, está mucho más organizada que el resto de democracias europeas, y poco más nos faltó que pedir número a la salida del metro para saber dónde colocarnos, y cuándo y qué nos tocaba vociferar a cada cual. Todo muy festivo y civilizado.
No sabía yo que ser anarquista era tan divertido. Estas cosas se avisan cuando una todavía no tiene formada su opinión política (o sea, sobre los 25 años). Que me lo hubiesen dicho antes, caramba, y me ahorraba tener que compensar al karma universal por haber votado al PP en más ocasiones de las confesables. Una siempre había creído que eso del anarquismo no existía nada más que en un reducto de la antigua cafeta del Campus de Humanidades del Milán (Universidad de Oviedo), y que consistía en llevar camisetas negras, pelo sucio, pantalones de pitillo, y en fumar porros a todas horas... Pero ya veo que no, que es algo más, y que en pleno siglo XXI y en la capital ideológica del mundo -sigo creyendo que Londres lo es- ha sacado a la calle a más de un millón de personas, incluído un grupo de Hare Krishnas que me amenizaron el recorrido con sus campanillas (mamá, cómprame un par de metros de tela naranja en Novedades Eloína, que me largo a ganarme la vida cantando en los aeropuertos).

Lo que os digo: la anarquía es un muy inteligente modo de ir por la vida, no hay mejor sistema anti-sistema. Así pues, a partir de hoy olvidaos de Patricia, ha nacido la Patrionaria. Aviso a paseantes: estoy ensayando mi puntería con un tirachinas a ver si consigo cargarme el reloj de Cajastur desde la azotea del Hospital Central... Me explico por si la ignorancia histórica imperase entre mis lectores, es por aquello de superar a mi antecesora, que se cargó la bola de la catedral (cuenta la leyenda conspirativa judeomasónica) de un certero tiro desde el Naranco.

PD- Inicio una colecta para la creación y subvención de mi propio sindicato libertario, cuyo fin es patrocinar mis viajes por el mundo predicando las bondades de mi nueva ideología política. ¿Qué? ¿Que no cuela? Qué cinismo me rodea...

10 de marzo de 2009

Sangre alterada

Ya es primavera en territorio inglés (incluido aquel conocido como "El Corte"). Llevamos diez días seguidos (¡diez!) a unos 16 grados de media, brillando el sol en un cielo azul renacentista, haciéndonos madrugar el piar de los pájaros a las 6 de la mañana, y rodeados de una explosión colorista de narcisos y violetas en parques y jardines de toda la ciudad... Poético, ¿verdad?

Mas, ah, queridos lectores, la poesía es etérea. Y más cuando entra en conflicto con la revolución hormonal propia de este cambio estacional: la polinización, por si lo desconocíais, no afecta solamente a la abeja Maya, también las presonas humanas (que diría la gran Lola) gustan de ir de flor en flor libando furores primaverales. Y en este perfectamente caótico orden universal, los estudiantes de postgrado de Roehampton cumplimos nuestro cometido y dejamos que se altere la sangre en nuestras venas cual si rijosos veinteañeros todavía fuésemos...

Consecuencias globales: ausencias de las clases, olvidos en las tareas, despistes en los trabajos, y despendole generalizado, entendiéndose por tal que a medida que aumenta la temperatura y brillo solar en el exterior los centímetros cuadrados de epidermis expuesta al aire libre amplían sus dominios en orden directamente proporcional al nivel de feromonas en el torrente sanguíneo. Dicho en latín vulgar, para que ustedes se enteren: que está todo el mundo más salido que el pitorro de un botijo, vamos, y que se palpa la tensión sexual (no siempre resuelta) en el ambiente. ¿Qué digo "palpar"? ¡Tropieza una con ella a cada paso!

Y en este orden de cosas, las consecuencias particulares no se han hecho esperar: habemus romance escolar. ¡Al fin! Todo un curso esperando que alguien cometa un desliz para salir disparados en los recreos a cotillear sobre los interfectos, y hasta ahora el recato victoriano había imperado en nuestros comportamientos. Pero se ha roto el maleficio, y de qué manera, muy a lo tabloide inglés: nuestro rubiales compañero D., recién cumpliditos los 28 años, ha caído en las mallas pedaleantes de nuestra post-hippy de vanguardia cincuentona... Como lo oís. Ha merecido la pena la espera: Marujita-Dinio versión británica y con tejidos elásticos de por medio. La repanocha. Han dado suficientes muestras de afecto en público como para que sepamos a ciencia cierta que el arrejuntamiento es verídico (y no fantasía del populacho estudiantil, ansioso de dar rienda suelta a desatadas pasiones, aunque sea en carne ajena), y por si fuera poco dicen las malas lenguas que el servicio de minusválidos de la planta segunda de la biblioteca permanece últimamente ocupado por tiempos que superan los 20 minutos... olé, D., está claro que no se te pone por delante ni el Tourmalet, jijiji.

Bendita primavera, ¡qué estación más divertida! 

6 de marzo de 2009

Go Bananas!

Atención: desde ya mismo me siento un cruce de Al Gore con el capitán del Rainbow Warrior, salpimentada por la baronesa Thyssen. Hace 30 minutos he ayudado a salvar el mundo.
¿Cómo?, os preguntaréis. Muy fácil: con un plátano... Sí, habéis leído bien. Un plátano, o banana como le dicen aquí. Esta sencilla herramienta alimenticia me ha servido para ayudar a construir un planeta mejor, a la par que de saludable alimento en mi descanso matutino.
¿Por qué?, seguiréis demandándoos. Pues aquí va la explicación. Hallándome yo enfrascada en mis subtituleos en el laboratorio de idiomas, percibo un revuelo a mi alrededor tal que traspasaba la barrera de los cascos que llevaba puestos. Me los quito y, mirando en derredor, observo un grupúsculo de entusiastas jovenzuelos enfundados en camisetas amarillas con el lema GO BANANAS! repartiendo ídems a diestro y siniestro.
"Caramba", pensé, "la uni al fin ha encontrado en qué gastar el abundante dinero de nuestras matrículas"... Hasta que una de las abananadas estudiantes me puso el fruto canario en la mano diciéndome:

- Únete a nosotros en el prado frente a la biblioteca dentro de 10 minutos. Vamos a comer todos un plátano a la vez para hacer campaña para pedir por un comercio justo, a favor de la agricultura ecológica, por la promoción de una alimentación saludable, la no explotación de las comunidades indígenas, y el fin del sobreprecio de la fruta en los supermercados.

"Ah, ¿sólo?", dije para contra mí mientras sonreía agradecida y me levantaba enérgica y decididamente de la silla embriagada ya del potasio del plátano que me iba a zampar. Aún así, con el cinismo político propio de la vieja europa católica, poco dada a este tipo de arrebatos filantrópicos grupales tan típicos de la mentalidad anglosajona, bajé las escaleras pensando que seríamos cuatro ridículos gatos los que nos concentraríamos sobre el cesped para dar buena cuenta de las viandas gratuitas (y todo por esta razón: por su gratuidad). También me alborocé, lo confieso, intuyendo una minoría protestante y protestona que aprovecharía la coyuntura para proclamar el fin de la dinastía Windsor y el advenimiento de la república... bananera, qué duda cabe.
¡Cuán grande mi sorpresa al salir del edificio! Habría allí como mínimo unos 600 estudiantes, según la organización (300 según la policía metropolitana, y 46 según los datos proporcionados por la Conferencia Episcopal). Y a las 12 en punto sonó alborozada una campana y todos nos pusimos a pelar las bananas al unísono e inmediatamente a dar buena cuenta de ellas. Con el aplauso final, lanzamos las peladuras por encima de nuestras cabezas cual si se tratase de nuestra ceremonia de graduación y nos adornasen tales birretes.
Pequeña nota de la traductora antes de finalizar: la expresión "Go Bananas" en inglés significa "volverse loco"... y muy bien de la cabeza no debían de estar ni los organizadores, ni los que nos prestamos al éxito del evento (fotografiado por la prensa local y filmado por la televisión regional).
¿Es ahora el mundo un sitio más feliz? Sobre el plátano entregado a cada uno de los participantes se podía leer la siguiente inscripción: "Extremadamente frágil, no me oprimas demasiado", y desde entonces pienso en los plátanos como si fuesen personas. Miro tras los cristales y me parece ver a Maguila Gorila jugando al lado del estanque con Mowgli y con Baloo...

Definitivamente: I'm going bananas (tomadlo literal o metafóricamente).

1 de marzo de 2009

Bits and pieces...

... o lo que es lo mismo: de todo un poco. Esta semana toca un pequeño cajón de-sastre de historietas, pues la verdad sea dicha ninguna de ellas tenía el suficiente interés como para darle todo el protagonismo de un post entero en este blog. Horreur! Mi vida se aboca a la rutina sinsustancial, nada de extraordinario ni glamouroso me acontece, y para más inri los pájaros de mi cabeza han dejado de trinar para dar paso a unos adelantados heraldos de la primavera que pían ante mi ventana desde las 5 de la mañana en adelante... Y así, señores, esta artista de la tecla no tiene su cura de sueño habitual y por tanto no responde de la calidad de sus escritos. Pero en fin, como estamos en Cuaresma leedme. Aunque sólo sea por penitencia.

De costumbres protestantes
Hablando de estos cuarenta días de recogimiento y restricción, ¿alguno de vosotros habíais hecho alguna vez caso (que no fuese omiso) a los dictados de la Santa Madre Iglesia para estas fechas? No, ¿verdad? Pues uníos a mi asombro. Resúltase que los de mi casa han decidido prescindir del chocolate en Cuaresma, tal y como me dijeron comiendo frixuelos como gochinos esperando al San Martín el martes que nosotros llamamos de Carnaval y ellos Shrove Tuesday (o martes de absolución)... Cuán distintas perspectivas sobre la vida: mientras medio mundo se lanza a pecar sin parar a la calle medio desnudo -véase Río de Janeiro, o disfrazado de los más variopintos personajes -véanse los programas de tarde de Telecinco, en estas latitudes se preparan para la cuaresma confesando ya el día antes todos sus pecados y obteniendo la absolución. Pero buena es la iglesia anglicana, con la absolución va una penitencia... y herencia de todo ello es la renuncia al chocolate de mis caseros.
Siendo él un drogadicto del cacao, y conociendo de sobra (que una está muy leída y viajada) de qué es este grano adorado el principal sustituto, me da a mí que Emily se va a levantar con una sonrisa de oreja a oreja cuarenta días seguidos... eso, o vamos a tener un césped de campo de golf en el jardín, y todas las pequeñas averías de la casa arregladísimas, que por algún lado tendrá que canalizar David sus energías.
¿Y yo que no abrazo más religión que el planetapiruletismo, qué haré por Cuaresma para redimirme? ¿Madurar? No quiero ser menos que mis caseros, qué dirán de mí. Está bien, no comeré brócoli cocido, ni sopa de hígado de bacalao, ni sesos de ternera... ¡y de todos es bien sabido el sacrificio que esto supone para mí!

De estudiantas Peter Pan
La meta principal de mi vida, trazada a la temprana edad de 15 años, fue durante mucho tiempo vivir de mis padres hasta que pudiera vivir de mi hermana. Una es realista, y como marido e hijos no quiere aguantar, ha de buscar quién la mantenga. Con el paso de las décadas, observando la renuencia de quienes se hacen llamar consanguíneos míos a perpetuarse en el noble arte de mantener mi modus vivendi, y habiendo sido echada sucesivamente de la casa materna y de la hermanil, sin contar aún con techo propio que me cobijase... decidí cambiar de modus operandi. Así, como profusamente he narrado en este blog, volví a convertirme en estudiante, otro de los logros que me había propuesto en mis años veinte: pasar de los 30 y seguir siendo universitaria.
Logré temporalmente mi propósito, y las arcas familiares se entreabrieron de nuevo para patrocinar esta aventura intelectual. Mas ésta toca a su fin y pronto me quedaré sin excusas para seguir alimentándome de esa receta que tanto saca a relucir la madre de una, y que yo soy incapaz de encontrar en el índice de Maria Luisa: la sopa boba.
En los tiempos que corren, cuando un pequeño estado independiente e irreductible, inasequible al desaliento como Patrilandia, se halla en peligro... ha de mirar a Europa en busca de socorros económicos. ¡Eureka! Que diga... ERASMUS... encontré la solución. Pues sí, la que suscribe se ha metido a becaria internacional transeunte de nuevo, y espero que la Comisión Europea, o como poco la ministra Cabrera, me conceda una medalla al mérito estudiantil por la hazaña de volver a ser Erasmus a los 35 añitos. Eso sí, las cosas cambian que da gusto, y ahora te hacen trabajar (no como antes de la república, cuando la beca se pedía para no dar un palo al agua), con lo cual dejaré que me exploten en alguna agencia de subtitulación patria durante unos meses mientras me reúno en bohemios cafés con mi pandilla paneuropea.
Ya me he comprado unos vaqueros rotos de fábrica, y unos playeros Converse de esos de colorines que tanto se llevan ahora. Tomaré "prestada" la palestina pija que mi hermana guarda en su insondable fondo de armario, y creo que mis patas de gallo y canas pasarán desapercibidas en los botellones y parties de rigor erasmusil.

De turismo necrológico
El fin de semana pasado dejé los agobios de la gran ciudad para ir a ventilarme a la costa sureña, concretamente a Portsmouth, donde hice de okupa ocasional de la casa de mi primo O. que se encuentra surcando los océanos con la armada británica (creo que se proponen conquistar el islote Perejil para unirlo a Gibraltar, pero que no salga de aquí). Tras echar a la familia de cuarenta y dos chinos de la alta Manchuria que se habían instalado subrepticiamente en la mansión diciendo un día en el portal a un vecino que venían a entregar unos noodles y un chopsuei, me dirigí directa a la playa a contemplar el infinito mar.
Nada más llegar al paseo marítimo vi un revoltijo de gente mirando hacia la orilla, varias cámaras de televisión, algún fotógrafo, mucha policía, y corrillos de familias con niños o de indolentes adolescentes (perdón por la redundancia) mirando en la misma dirección. "¡Qué bien!", pensé, "están rodando una peli, voy a ver si veo a algún famoso". Con esta disposición, y la de suplicar un pequeño papel que hiciera temblar a Alcobendas y palidecer a Pe, me acerqué sibilinamente a una cinta azul y amarilla que más tarde identifiqué como policial y la traspasé con cara de turista despistada (esto se me da muy bien). Caminé mirando al suelo como si buscase conchas o meditase sobre la reproducción del cangrejo malabar, hasta llegar a unos diez metros del grupo de gente en la orilla, principalmente formado por policías uniformados. Uno de ellos me vio y me dio el alto, mientras yo miraba a mi alrededor y con cara de perplejidad preguntaba "¿Es a mí?"...
- [Cara de pocos amigos] ¿Qué está haciendo aquí? ¿No ha visto el cordón policial?
- [Mirada de inocencia pastoril] Paseaba por la playa, lo siento, he debido de pasar sin darme cuenta.
- Tiene que dar la vuelta, por favor, no se puede estar aquí.
- [Veo un bulto en la orilla al que no paran de sacar fotos] Sí, sí, claro, perdone, ya me voy. Oiga, ¿qué película están rodando? ¿o es una serie para la tele?
- [Gesto de si-me-dejasen-te-daba-una-ostia-pero-como-soy-inglés-me-trago-mi-flema] ¿Qué película? Ha aparecido un muerto en la orilla hace media hora. La brigada criminal está investigando. Por favor, váyase o tendré que ponerle una multa por traspasar la barrera policial.
- [Tierra trágame, mar ahógame, aire elévame al cosmos] Uy, perdone, perdone... Lo siento mucho, de verdad.
Nunca entendí mejor la frase: pies para qué os quiero. Mi gozo en un pozo. Craig Daniel no apareció en un apretado short surgiendo de las aguas turquesa, y durante varias noches soñé con el bulto oscuro desparramado en la rocosa arena de Portsmouth.
Nota para el primo O.: no vuelvas de tus singladuras transoceánicas que esta costa se está tornando muy peligrosa.

De extravagancias gastronómicas
Ayer fui a mi supermercado favorito de la calle Kensington. Se llama Whole Foods, y he decidido que si me muero sólo iré al cielo si me prometen que las compras se hacen en este establecimiento. Los que vengáis a Londres próximamente: olvidaos de Buckingham, el parlamento, Picadilly y la noria. Id a hacer la compra a Whole Foods, todo un parque temático para los sentidos. Total, que siempre le echo un vistazo a las comidas preparadas porque tienen de todo tipo de exquisiteces y ayer, muerta de hambre a las tres de la tarde, me asomo y veo que anuncian a bombo y platillo un novedoso plato. Había varias personas haciendo cola para llevarse la nueva delicatessen, así que sin mirar casi me puse a la misma cola, cual ovejina. Llego al mostrador y leo: White beans stew with chorizo, ham and black pudding (o sea, alubias blancas con chorizo, lacón y morcilla). ¡Fabada! Como lo oís. Y en pleno Kensington, a dónde hemos ido a parar de sofisticación... Si Lady Di todavía viviese, ¿acaso os la imaginais saliendo de palacio en sus mallas y sudadera para volver a casa con el taperín de fabaduca bajo el brazo?
Pues eso, yo tampoco. Pero salí de allí con dos centímetros más de altura de lo ufana que me puse por la internacionalización de nuestra enseña gastronómica. Con eso, y con un taboulé riquísimo que zamparme en los jardines de Kensington, que una es así de foína (como diría mi güela) y no le gusta la fabada ni aunque se la sirvan en la mismísima Casa Blanca.
Tras esto, la visión de un nuevo restaurante camino de la universidad llamado "Casa Xianjiang" y subtitulado "Tapas y buffet oriental"... pues ya no me sorprende. Maridajes para todos los gustos. Croquetinas de jamón serrano con cerdo agridulce. Pulpo a feira con arroz tres delicias.

¿Alguien da más? Yo por hoy, ya he contado bastante. Mi libro de lecciones aprendidas se está transformando en el de Petete. Las de esta semana:
- Comete algún pecado durante el año para poder dejarlo en Cuaresma.
- Mamá Europa siempre prodigará becas a los necesitados: llórale y serás escuchada
- No confundas a los de CSI mirando a un muerto con Woody Allen rodando una peli
- No subestimes el poder de unes fabines de Llanos de Somerón

14 de febrero de 2009

Etiqueta británica

Supongo que alguno de vosotros a punto estaba ya de contactar, presos de la histeria, con Scotland Yard ante mi falta de noticias... Bueno, decidme al menos que teníais cierto sentimiento de desasosiego y no sabíais a qué era debido... Vaaaale, acepto Camilla Parker como animal de compañía.
Nadie se había percatado de mi ausencia epistolar, snif snif. Ahora entiendo aquello de la soledad del autor, compartida con Borges, Proust, Joyce... y Ana Rosa Quintana.

En fin, aquí estoy de nuevo, tras un breve paréntesis de diez días en la patria chica astur que se pasaron en un suspiro y me evitaron disfrutar de la gran nevada londinense. Mi regreso a este lado del canal manchego ha consistido básicamente en continuar expandiendo mis horizontes profesionales en esta indolente experiencia laboral llamada "becaría exprés" (por lo escaso de mis responsabilidades y lo ínfimo de su duración, dioses del Olimpo sean loados!). Estos últimos días ya no solamente me han dejado cotejar términos dudosos en diccionarios y navegar pesquisando referencias por internet sino que, en un desbarre jerárquico digno de análisis, se me ha encomendado la relectura de los subtítulos en castellano hechos por una nativa de Suecia y su posterior corrección... ni que decir tiene que la sueca se hizo la ídem cuando le señalé sus múltiples desgracias léxicas. Resultado: un DVD de formación de la empresa Thyssen Krupp en el que, entre otras lindezas, se puede leer:

- El empleante debe ser llamado para teléfono por el empleado
- Presione entrar y el diafragma aparecerá encima de su pantalla
- Siga a estas instrucciones hasta que lleguen a su final

Menos mal que era de formación del personal administrativo, y no un vídeo explicativo para operarios de reparación de ascensores... o muchas defunciones iba a haber en las comunidades de vecinos de Tarragona, a donde fue a parar esta maravilla de la traducción paneuropea. Para aquellos que se pregunten qué hace una sueca traduciendo al español si no lo domina: sí, está buenísima. Y sí, se tira al director de proyectos. Como becaria suya he aprendido una lección muy importante: no estudies más idiomas, invierte en cirugía plástica (digo, porque renacer en Suecia lo veo más complicado).

Pero no todo va a ser estudiar y trabajar, también ha habido tiempo para los eventos sociales en mi difuminada agenda. El jueves pasado tuve mi primera cena de etiqueta Brittish total, qué ilusión. Aquellos que me hayáis sufrido como profesora, y algunos otros que compartís mis gustos frikis televisivos, entenderéis que recibir una tarjeta formal por correo de parte de tus propios caseros para invitarte a una cena a tu propia casa sólo me puede remitir a un personaje: ¡¡¡Mrs. Bouquet!!! Pues sí, con dos días de antelación me llegó, con su correspondiente RSVP que yo, rata de mí, no franqueé en el Royal Mail sino que entregué en mano. Indicaba la hora, el número de comensales y si estos eran ladies o gentlemen, el código de etiqueta, y el color dominante en el ambiente. Como lo oís.

Primer problema, vi que se sugería vestirse de manera "formal casual"... Mmmm, ¿y eso qué ye, oh?, pensé para mis poco sofisticados adentros. Barrunté que no se trataba de nada más que de una traducción libre del arreglá pero informal pantojiano y me dispuse a buscar algo tipo chándal con tacones pero sin ir de Camela por la vida. Encontré en el mercado de Spitalfield un socorrido vestidito negro muy Audrey Hepburn, y sin probármelo siquiera me lo llevé.
Segundo problema, de tipo cromático. El color imperante en la velada era el morado. Yo pensé que bastaba con anticipar la glotonería para ponerse ídem con las delicias culinarias de mis anfitriones. Pero no. Había que llevar algo morado. Horror de los horrores. Siento herir las sensibilidades de algunos lectores pero el morado para mí sólo representa: a los exacerbados nazarenos de la Semana Santa sureña chillando hipnotizados de éxtasis (religioso), o bien el feminismo neoprogre abanderado de nuestra ínclita vicepresidenta, alias pellejo Maritere. Y yo ni con uno ni con otro comulgo, por mucha cena gratis que me den. Así que solventé el problema comprándome unas bragas moraducas en el Primark que ya sabéis que es como un rastro postmoderno. Oiga, un chollo: dos libras por tres pares pagué, mientras rezaba porque el santo y seña de la entrada al convite no fuese enseñar la parte morada de la indumentaria...
Tercer problema, noté que había el mismo número de comensales hembras que machos y caí en la cuenta de que quizás no era con pretensión de cumplir cupos ni de equilibrar temperamentos hormonales, sino que podría tratarse de una treta para colocarme a algún soltero apetecible, es decir, a aquel que quedaba sin su par siendo yo la convidada de piedra. Qué divertido, podré cumplir la misión que me ha traído en realidad a Inglaterra...
Ah, ¿que no sabíais este secreto? Una persona muy allegada a mí, de inicial R. (más no puedo desvelar), me ha encomendado buscarle marido en este país. Con qué fines, no he preguntado. Tengo fe en que sean legales. El metro me había proporcionado hasta ahora mucho material, pero la criatura en cuestión no acepta matrimoniar con totales desconocidos. Así pues, vi el cielo de la alcahuetería abierto con esta ocasión.
O eso creía yo.

Tras tanta tribulación llegó al fin el día de la cena. Con anticipado entusiasmo, salí corriendo de mis clases en Roehampton porque la hora de inauguración del pantano estaba prevista para las 7 de la tarde. A menos diez minutos y completamente calada hasta los huesos, pues nevaba y el autobús me dejó dos paradas antes de lo debido, arribo a una mansión llena de velas en tonos lila y morado, con ténues toques en la decoración de la mesa y cristalería del mismo tono, y mis dos caseros todos estupendos y monísimos ella de tiros larguísimos y él de postal de club inglés privado, con corbata... ¡morada!. No os digo más, por no saturaros, que el collar de Minty era nuevo... ¿adivináis de qué color? Pues eso.
Un breve vistazo al panorama y sentirme Lina Morgan fue todo uno. Tras cinco minutos de rápida depresión sólo me quedaban otros cinco para remozar mi fachada y bajar la escalera a lo reina de Saba. Saco el vestido negro del armario, me lo enfundo presumiendo mentalmente de mi aspecto final y... descubro que no es tal vestido sino uno de esa especie de jérseys largos que tanto se llevan ahora. Baste decir que no hubiese sido necesario insistir en que sí llevaba ropa interior morada: quedaba contundentemente a la vista. Horror, pavor, crímen de crímenes estéticos. Soy Bridget Jones traducida al español y subtitulada con perversa ironía. En este estado de emergencia una solamente puede recurrir al sufrido color negro para no quedar como la Chata Pumarín. Chinos negros y jersey negro de cuello cisne... llegó la alegría de la huerta, la juerga padre a la fiesta. Con razón el primer comentario flemáticamente británico que me hicieron los invitados fue: ¿y tú qué te pones cuando vas de funeral?
Afortunadamente, la cena transcurrió divertida y sin incidentes hasta la sobremesa en que, instigados por los buenos caldos de Burdeos consumidos, a los nativos se les aflojó la contención victoriana y allí se lavaron trapos de lo más íntimo. No puedo ser explícita porque sé que me leen menores de edad, y además me estoy quedando sin espacio y perdiendo vuestra paciencia para contar la perla de la noche.

Aquellos con buena memoria recordaréis que había un hombre sin par a quien yo pretendía seducir con fines altruísticos. Verlo y caer rendida a sus pies fue todo una: Mr. Darcy redivivo, pasado por una sastrería de Sloane Street y barnizado en antropología por Oxford. El sueño de la que me había encomendado la misión casamentera. Encantador, a todas nos dijo algo sobre nuestra ropa y complementos, utilizó un rico vocabulario para describir el grado de gusto con el que consumía los distintos platos del menú, nos contó con detalle la última exposición de pintura que había visto en la National Gallery, se levantó a recoger la mesa... La perfección hecha hombre. Hasta que sonó Madonna de fondo y le vi contonear las caderas con el rabillo del ojo al tiempo que chillaba un oh my God que hizo temblar los cimientos de mi rápido enamoramiento.
Un temblor siempre anuncia un terremoto. En el momento enológico de las confidencias, y llegado su turno, dijo con voz profunda:

Me conocéis ya desde hace un año, y creo llegado el momento de salir del armario. Me estoy tirando a Andy (Nota de la redactora: por lo visto el becario de la empresa, jeje, me pregunto si su hermana será sueca...) desde hace tres meses.

Os juro que tras una breve pausa, que no superó los dos segundos, todos los ingleses continuaron la conversación como si allí no hubiese ocurrido nada tras un par de enhorabuenas de los hombres y un conato de aplauso de las mujeres. La exótica española, movida por el frenesí pasional latino de su sangre, fue la única capaz de espetarle:
- Será broma, ¿no? Vuelve ahora mismo a meterte dentro de ese armario.

Sigo esperando... A eso y a que me inviten a otra cena, cosa que intuyo no ocurrirá en el futuro próximo. Entretanto, he aprendido la lección:

1. Prometo cumplir al pie de la letra los requisitos de las invitaciones.
2. Juro comprarme un vestido negro que me llegue a los tobillos.
3. No volveré a enamorarme de un dandy inglés por encargo de otra, por muy filantrópico que sea el fin.
4. Inventaré un secreto vergonzoso que poder contar en las sobremesas de cenas a la luz de las velas. Yo también quiero ser la reina de las fiestas...

27 de enero de 2009

De zorros, becarias, y terapias

Con semejante título imaginaréis ya que los tratamientos a los que hago mención serán mentales y estaré pasando yo por ellos. Pues ya veremos según vayamos leyendo... Todo forma parte de un batiburrillo de cosas relevantes en mi azarosa existencia londinense que me gustaría compartir con vosotros.
Como diría Jack (no el de la novia tetona motera, sino el Destripador)... vayamos por partes. La mayoría de vosotros desconoceis el hilarante hecho de que me haya convertido en becaria de ocasión a mi avanzada treintena. Comenzaron mis tribulaciones como doña-nadie laboral hace ya dos semanas en una moderna agencia de traducción audiovisual sita en los aledaños del archifamoso Covent Garden (yo siempre quise emular a Eliza Doolittle y, al menos en ubicación, lo he conseguido... sólo me falta tropezar con un fonetista cantor que vilipendie mi desclasada pronunciación).
A lo que iba, que ni mi simpar inteligencia ni mi vasto bagaje académico-intelectual estaban preparados para pasar por esto. Ya no digo nada de mi descomunal modestia... Las árduas e intrincadas tareas a las que me he visto abocada se ciñen a: fotocopiar, leer, corregir faltas, escuchar lo que otros dicen, cotejar diccionarios, navegar por internet, y hacer recados varios allende la frontera de la oficina. Vamos, que para el fin de semana ya me temo que me darán el manual de la Nespresso para que me lo estudie al dedillo. Esto le pasa a una por meterse a aprendiz a estas edades; ser becaria tiene su momento y su lugar, y si no que se lo pregunten a la señorita Lewinsky. Menos mal que nuestra oficina es rectangular...
En fin, de todo se aprende y en mis ratos de ocio en mi becaría (que son muchos) me entretengo con el espionaje industrial. De aquí me marcho con todo lo necesario para montar yo un chiringuito subtitulador en un periquete, os apuesto las cien libras que me pagan al mes para sufragarme el transporte. Qué inocentillos: he robado una bicicleta y todo son ganancias. Además, no gasto nada en modelitos tipo el-diablo-viste-de-Prada porque resulta que mis jefes, imbuidos de un neohippismo laboral inédito en tierra patria han adoptado una política que prohíbe llevar corbatas a los hombres y tacones a las mujeres. No han dicho nada en viceversa, pero no he observado inclinación alguna al travestismo entre mis colegas... de momento.
Hablando de elegancias en el vestir, pienso en una cola de piel de zorro y salto a mi otro tema a compartir. Mis experiencias zoológicas este año están siendo muchas, el karma me obliga a verme rodeada de animales con cuya compañía jamás soñé solazarme. ¡Resulta que vivo en un barrio infestado de zorros! Varias de las noches de la semana pasada, regresando a casa, me pareció ver en la lejanía un animalejo, demasiado grande para ser un gato y demasiado escuálido para ser un perro, atravesando las calles o el parque sigilosamente. No le di excesiva importancia hasta este sábado cuando, con nocturnidad (por ser las 10:30pm) y alevosía (por saltar de entre un mato de la valla del cementerio de Wandsworth cuyos límites recorro a diario... sí, es toda una maravilla literaria contemplarlo a la luz de la luna envuelta en niebla), un bichejo peludo se quedó frente a mí mirándome fijamente con ojos vidriosos.
¡¡¡Un zorro!!! El procesador de textos no tiene suficientes exclamaciones para expresar el calibre de mi susto. Con su larga cola blanquecina y su hocico puntiagudo. ¿Y qué hace una cuando se topa con un zorro? Os diré los pasos que siguió mi poco armado cerebro para este tipo de emergencias:
- Operación 1: procesa mentalmente su conocimiento sobre esta especie y su posible peligrosidad. Conocimiento cero patatero. Peligrosidad toda la imaginable.
- Operación 2: recurre a escenas similares que ha podido ver en una película.
- Operación 3: recuerda haber oído que si te encuentras a un oso lo mejor para asustarle es actuar como si tú misma fueses un plantígrado.
- Operación 4: pasa dos minutos pensando, ¿y tengo entonces que actuar como si fuera una zorra? Si es así, ¿por qué no ha huído este bicho de mí todavía? ¿Acaso no me huele?
- Operación 5: se olvida, hipócrita y velozmente, de su ateísmo y conjura a todos los santos que se le ocurren, amén de a la Virgen de los Siete Candelabros, para que la libre de morir despedazada. Ya de muerta, piensa, mártir.
- Operación 6: cierra los ojos al ver moverse al zorro en su dirección.
- Operación 7: chilla al tiempo que vuelve a abrirlos para mirar con valentía a su verdugo.
- Operación 8: suspira aliviada y piensa en los extraños ruidos que está haciendo la parte baja de su intestino al ver al zorro desaparecer por donde había venido.
Cuando una llega a casa tras semejante momento-cercano-a-la-muerte (que vi el pasillo y la luz, os lo prometo) lo menos que necesita es que le escupan encima una buena dosis de flema británica: "Ah, caramba, ¿así que has visto un zorro? Hum, hay muchos por aquí, sí. Pareces pálida y temblorosa, ¿querrías un té?". Pues no, no quiero té. Quiero una escopeta, un caballo, una chaqueta roja de terciopelo, una fusta, y apuntarme a un club de campo con Carlos y Camilla de socios de honor y cuyo lema sea "Nos da igual la ley: viva la caza del zorro". Las tradiciones están para mantenerlas, y yo soy una fiel defensora de las actividades en el campo.
Y bien, después de todo lo que os he contado, ¿todavía pensais que las terapias no son necesarias? Me he autorecomendado masajes antiestrés para después del trabajo, y masajes descontracturantes para después de mis cacerías. Lo que aprende una viviendo en el extranjero.

21 de enero de 2009

Mis particulares Ropper

Llevo ya suficientes jornadas en mi nueva ubicación como para poder hablaros de mis caseros si caer en poco meditadas conclusiones sobre su personalidad o hábitos. Pasaré a daros cuenta de todos los pormenores típicos de un reportaje del Hola en plan "Tomando el té en casa de los señores de Tal Pascual", pero antes vaya por delante un breve y entusiasta resumen: ¡estoy encantada!
David y Emily son unos treintañeros recién casados cuya sonriente foto os adjunto. Él trabaja en el sector inmobiliario y ella tiene una empresa de... ¡pasear perros! Pues sí, mis poco imaginativos (empresarialmente hablando) lectores: se puede vivir de eso, y muy bien. Echad un vistazo a:
http://www.poochinthepark.com/ y lo veréis. A pesar de su reciente incursión en ese tradicional estado civil, añorado por muchos y vilipendiado en infinidad de ocasiones por mí, tienen muy contenido el entusiasmo post-nupcial con sus consabidas muestras de efusión pública. Impera en su comportamiento afectivo la ranciedad victoriana: God save the Queen! Si se les hiciese un estudio genético creo que no aparecería un solo cromosoma que no fuese de abolengo británico, pues cumplen todos y cada uno de los tópicos: traje oscuro de raya diplomática él, rebequinas de pálidos tonos ella; corbatas chillonas él, faldas plisadas ella; LandRover a la puerta de casa; tetera siempre sobre los fogones y juego de té floral desplegado en el comedor; para salir de paseo botas y Barbours momento Carlos-y-Camilla-en-Balmoral; plantas y flores varias dispersas por el jardín y césped milimétricamente cortado... En resumen, más ingleses que los huevos con bacon para desayunar (única licencia que se permiten en su afán de ser el epítome de la britaneidad, pues sólo comen alimentos orgánicos). Majos también donde los haya, como las antiguas pesetas. Y dado su carácter afable y bonachón, y su inocente confianza en el género húmano, de la que dieron buena muestra dejando la llave bajo el felpudo a mi llegada, ya me han dejado solita el primer fin de semana a cargo de la casa... y de su hija adoptada de raza canina, Minty, de quien ya os había hablado. Hasta ahora, y a mis 34 años, mi madre me deja una lista de tareas y me llama cada veinte minutos si quedo sola en su casa... bueno, y mi hermana ni siquiera me deja quedarme sola en la suya... Así pues, ¡qué madurez debe de emanar de mi faz tras varios meses de exilio! Verme y confiar en mí fue todo una, a ver si cunde el ejemplo... ejem, ejem.
Prubinos, quizás no debieron lanzarse a responsabilizarme de tanto en tan poco tiempo. Empezando por Minty, de la que sólo os había contado nuestro receloso primer encuentro, ella como perra guardiana y yo como ladrona potencial de la propiedad bajo su vigilancia. Me dicen que la pasee por las mañanas a diario para que luego "no se vuelva loca en casa y lo muerda todo" (de verdad que podían ser un poco menos sinceros en sus explicaciones). Un paseo: fácil, ¿no? Pues no. Hay que convencer a una bulldog, una BULLDOG oigánme, de que debe ponerse un arnés alrededor del cuello y bajo sus patas. Primero lo intenté dialogando, en plan: "Minty, bonita, si te pones tú sola este invento te compro un hueso de ternera en la carnicería de la esquina". Luego lo intenté por el método lanzamiento libre directo: a tres metros de ella trataba de encestar el arnés en su cabeza, infructuosamente. Finalmente, tuve que optar por una solución intermedia: me puse los guantes de sacar las bandejas del horno, agarré el arnés con una mano y a Minty con la otra, y recé todo lo que sabía a San Roque por ser su patrón a ver si intercedía. Funcionó. Tras mi primer gran triunfo salí rumbo al parque.
Nada más abrir la puerta de casa di por perdida mi clavícula derecha y la articulación que une hombro y codo. Cómo puede tener un animal de apenas 15 kilos la fuerza suficiente para tirar de mí y hacerme caer a la gravilla del jardín delantero arrastrándome durante tres metros y medio... escapa a mi poco zoológica comprensión. El resto del trayecto hasta llegar al parque tuve el disgusto de que mi ego deportivo se desinflara cual globo bajo aguja al no poder mantener el ritmo del trote de Minty sin sacar la lengua más que ella y tropezar con todo lo que me encontraba por el camino: adoquines, raíces de árboles, una farola, y el vecino del número 24 que venía leyendo el Times distraídamente. Ahora bien, oh divina providencia y simpático karma, siempre compensando el ying y el yang: qué gran experiencia la de pasear con una bulldog por un espacio público. La gente se apartaba a mi vera con clara expresión de terror, los dueños de otros perros tiraban de sus correas para huír de nosotras, y el equipo completo de rugby infantil modificó su melee para franquearnos marcialmente el paso.

Al fin he probado la erótica del poder, sin tener que acostarme con Sarkozy: quiero un bulldog para mi cumpleaños. Ocho de mayo, que no se os olvide. Y de paso un trineo con ruedas, para aprovechar la fuerza tractora del can en cuestión y no tener que hacer más peelings faciales contra la superficie de la tierra.