19 de diciembre de 2008

¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!


Esta redacción queda cerrada por vacaciones y por estampida navideña de su personal (la que escribe y los que la inspiran) rumbo a los aeropuertos londinenses y, de ahí, a sus respectivos belenes.
Muchas gracias a todos por estar al otro lado de la pantalla estos meses, por vuestros comentarios y mensajes, y por leerme a menudo sin caer dormidos. El año que viene... más.
Entretanto, y por si no os puedo ver a todos estas semanas en Asturias: que disfrutéis de las fiestas, tengais una muy feliz Navidad, entréis alegremente en el 2009... y que siga así el año entero.

Muchos besos.

Pd- si alguno resulta agraciado por los nenes de San Ildefonso y anda escaso de ideas inversoras, le rogaría considere una beca extraordinaria para sufragar los avances subtituladores de cierta estudiante de Roehampton: la comunidad científica le estará profundamente agradecida.
Pd II- no debí confiar mis ahorrillos a Madoff, mi amiga Ali Koplo me lo presentó... en fin, peor parada ha salido la pobre. Sin dinero para turrones se ha quedado esta Navidad.

8 de diciembre de 2008

Recorriendo el Támesis

Hace unos días estuvieron rondando las calles del otrora Londinium dos ex-compañeras de estudios filológicos de la granja-escuela del Milán, sin embargo todavía amigas, y actualmente residentes en Palma de Mallorca. Al parecer, mis queridas P. y E. prefieren rodearse de hijos de la Gran Bretaña iluminadas por los neones de Picadilly y no bajo los haces luminosos de la bola giratoria de Tito’s. Solamente pude acompañarlas un día en sus recorridos, pero confieso que cundió: las calles de Chelsea y Kensington pueden dar cumplida cuenta de ello. La propietaria de los rizos más rubios al oeste del río Piloña y quien suscribe estas líneas tuvimos hasta tiempo de arreglar el mundo a la sombra de una sabrosísima comida de pub (sí, sí, que luego dicen las malas lenguas que en estos pagos se manduca pobremente: falacias). Entretanto, y debido a un enorme atasco que nos pilló parapetadas en la zona alta de un típico autobús, la amiga de Julian Barnes, también conocida como el azote cibernético de Lewis Hamilton, llegaba elegantemente tarde a su propia cita gastronómica. Horas después, concurríamos todas nosotras en el parque temático de los amigos de las letras: una enorme librería con su sección de segunda mano incluída.
Tras este aperitivo creía yo, ilusa de mí, que alguno más de vosotros se desligaría de esa coyuntura del puenteo patrio, indeciso entre Baqueira o Benidorm, y que acudiríais a Britannia a hacerme una visita... mas no hay astures en la costa. Guardaba yo bajo mi manga paseos para mostraros zonas poco conocidas de la capital, que por cierto nos brindó un soleadísimo (aunque de temperatura polar) fin de semana, pero ya veo que tendré que conformarme con estamparlos en el ciberespacio. Así pues, y aprovechando que el Pisuerga de mi inspiración pasa bajo el puente de la Inmaculada Constitución, retomo mis sugerencias turísticas sobre esta inabarcable ciudad. Terapia caminante de esta semana: orillas del río Támesis a su paso por Richmond. Como sabéis, llevo casi un mes viviendo en esta zona del oeste de Londres, y estoy en-can-ta-da de poder disfrutar de la vida en un sitio así. El río pasa por el centro del pueblo y, gracias a una muy bien entendida inversión del ayuntamiento local, sus habitantes pueden pasear por ambas márgenes del Támesis a lo largo de varias millas de idílico recorrido al que con mucha razón le han puesto el nombre de Paseos por la Arcadia. Personalmente, hubiese querido saber tocar la flauta dulce y ser poseedora de al menos un par de ovejas, tres carneros, y un perro de lanas que me acompañasen en mis periplos.
Son varias las alternativas que se le plantean a unos pies inquietos y una mente deseosa de descubrimientos. Tras probarlas todas estos últimos fines de semana, me quedo con este recorrido como mi favorito: Richmond Hill - Ham House - Teddington Lock - Twickenham - Marble Hill House - Richmond Farmers’ Market. Distancia: 8 millas aproximadamente, prácticamente todas en llano. Tiempo: 3 horas a ritmo tranquilo, aunque deberíais contar con más para visitar alguno de los sitios históricos.

Salimos desde el puente de Richmond y comenzamos a caminar río arriba por su orilla izquierda (a veces parece que nos hemos equivocado porque el agua corre en nuestra misma dirección, pero se trata de la marea que llega hasta aquí, a pesar de que estamos varias millas tierra adentro alejados del estuario del Támesis). A apenas media milla de camino, encontraremos una desviación a nuestra izquierda para subir a Richmond Hill a través de unos jardines en terraza que son una maravilla. No os dejéis desanimar por la pronunciada pendiente, el esfuerzo merece la pena y si no ya me lo diréis los que contempléis en persona las vistas desde allí (en un día claro se ve perfectamente la cúpula de St. Paul’s). Bajamos de nuevo al río y continuamos nuestro camino. Pronto dejamos atrás Glover’s Island en medio del río y a su izquierda Petersham Meadows, una pradera inmensa y preciosa donde el ayuntamiento tiene pastando su propio ganado: ¡un centenar de vacas tipo Milka a las que cuidan con mimo y presentan a concursos! ¿Os imaginais a Mapi Felgueroso subiendo a catar al cerro por las mañanas? De Gabino no digo nada, que en Oviedo lo del ganado (vacuno) no se estila, que de otro tipo sobra...
Seguimos nuestro paseo y una vez pasado el campo de polo, se alza ante nosotros la silueta imponente de Ham House. Se trata de una mansión del siglo XVII, época de los Estuardo, perfectamente conservada y con unos jardines espectaculares. Por cierto, nota para aquellas que siempre buscais un sitio perfecto donde matrimoniar: se alquila para celebrar bodas. Pertenece al National Trust y se puede visitar todo el año (Precio: £9,90 casa y jardín; £3,30 jardín solamente).
Volvemos a la orilla del río, y desde aquí hasta Teddington Lock nos encontraremos con la parte más bonita del recorrido. El camino se interna entre arboleda, pasando bajo sauces centenarios, y si os asomáis entre ellos veréis en la otra orilla unas casas espectaculares que, sin duda, y ya que estamos con lo de matrimoniar, os harán pensar a aquellos en edad casadera (¡y a los que no también!) en la posibilidad de seducir a los herederos si los hubiere...
Llegados a Teddington, lugar donde oficialmente termina el mar y empieza el río, hecho que atestigua una placa del Ordnance Survey, faltaría más, habréis de atravesar el Támesis por un puente colgante de hierro, magnífica muestra de ingeniería y diseño victorianos. Y aquí es donde invertimos nuestra marcha e iniciamos el regreso por el otro margen del río. A mitad de camino nos adentramos en el pueblo de Twickenham donde, si aprieta el hambre, os recomiendo comer en cualquiera de los tres pubs que os encontraréis a la vera misma del río: buenas vistas y excelente comida tradicional.
A la salida del pueblo, se pueden visitar gratuitamente dos mansiones: York House y Orleans House. De todas formas, yo os recomendaría ver nada más que los jardines y seguir camino hasta llegar a Marble Hill House. Ésta es una mansión que el rey Jorge II le regaló a su amante para que se refugiase de la azarosa vida cortesana. Su explotación turística corre a cargo del English Heritage y se puede visitar (Precio: £ 4,10). Se trata de la casa blanca que veis en las fotos, y al contemplarla empieza una a entender a Camila Parker-Bowles y su apego a las orejas de Charles. Como efecto secundario suele pasársenos por la cabeza a las féminas un encuentro casual con Harry o William que nos saque del arroyo y nos sitúe a orillas del Támesis...
Con este sueño rondádoos la cabeza, y el trinar de pájaros interno acompasado por el propio de la naturaleza marcando el ritmo de las últimas millas, llegaréis sanos y salvos a Richmond. Si habéis decidido emprender esta aventura un sábado, cosa que sugiero vivamente, al regresar al puente veréis a vuestra derecha unos escalones que llevan a un patio interior en unos edificios de aspecto georgiano. Pues bien, allí se celebra todos los sábados un mercado de granjeros donde hay una variedad de puestos con productos riquísimos que os permitirán recuperar todas y cada una de las calorías perdidas con el ejercicio.

Cómo llegar: metro District Line hasta el centro del pueblo. El camino hacia el río está señalado, y apenas os llevará cinco minutos atravesando Richmond Green y pasando al lado de los restos de Richmond Palace (donde murió mi idolatrada Isabel Tudor). Una vez en la orilla, giraremos a la izquierda, viendo Richmond Bridge frente a nosotros, y continuaremos camino en esa dirección siguiendo las indicaciones que he descrito antes.

4 de diciembre de 2008

Por si los suspicaces...

Habrá quien piense que en mi anterior entrada dejé volar lontanos los intríngulis de mi magín, aterrizando con mis posaderas en la trampa de ese recurso literario tan agradecido llamado exageración.
Os presento hoy pruebas tan gráficas como sustanciales del atentado estético-luminoso perpetrado por el vecino del número 37, para que comprobéis que todo lo que aparece en las líneas de esta publicación puede ser fehacientemente contrastado.
No ha nacido una para ser tentada por los tabloides nativos de estos periodísticos reinos, de momento... que un buen cheque y la posibilidad de poner a caldo perejil a los Windsor tientan la moral de cualquiera que viva de alquiler.

Como se os queda el cuerpo? Tiritando... de miedo, que no de frío. Pues esto lo veo yo a diario y todavía no he cogido la escopeta de cañones recortados (más que nada porque la tiene mi hermana para cargarse los altavoces que cantan villancicos por las calles de la capital astur). Todo llegará...

1 de diciembre de 2008

Navidad, ¿dulce Navidad?

Ya inauguramos el último mes del año. Qué rápido pasan los días… o mejor dicho casi las “noches”, en esta excéntrica isla extraviada más al norte que mi patria natal y donde las oscuridades del atardecer nos caen encima a la temprana hora de las cuatro de la tarde.
1 del 12. A tan sólo 24 días de pantagruélicas cenas. A 25 de regalos en las casas heréticas que creen en ese señor gordo vestido de anuncio de Cocacola. A 31 de atragantones con frutos de la vid empepitados. Y, en mi caso, a 12 del inicio de los exámenes, a 15 de la entrega de trabajos fin de trimestre, y a 17 de partir rumbo al portal astur a armar (tan literal como artísticamente) el belén con mi hermana y nuestra querida amiga y vecina N. como mandan añejas costumbres…
Va siendo época de contabilidades. De calcular costes y beneficios de nuestro alegre paso por el planeta en 2008. De arrojar balances sobre el ritmo marcado estos 365 días pasados. Y en un contexto internacional tan dado a hablar de crisis numéricas últimamente, el ser que suscribe estos párrafos, paladín (a la taza) donde lo hubiere por la defensa a ultranza de las letras… resulta que hoy tiene apetencia de números. Hoy, para salir de la rutina, seré Pitagorina. Compartiré con vosotros las cifras que me rodean, a ver si entre todos me ayudáis a que me salgan las cuentas:

4… grados de máxima a los que cuece hoy mi cerebro en el exterior.
43… grados de mínima a los que los infernales responsables de las calderas de esta universidad mantienen el termostato en el laboratorio de idiomas.
32456… calorías de más consumidas en lo postrero ante el acoso al que me someten los dulces navideños expuestos (metidos en la cara sería más explícito) en los supermercados y delis varios del barrio.
6… kilómetros de recorrido a través del parque de Richmond de mi casa a Roehampton, multiplicados por los 17 días y por 2 correspondientes ida y vuelta, hacen un total de…
20400… metros recorridos antes de partir de aquí en solamente 2 semanas. Polvorones, ¡podéis venir a mí!
32… estornudos ha soltado la polaca que subtitula a mi lado.
3… sustancias semiverdosas de aspecto viscoso adornan mi pantalla estorbando mi visión.
89560… bombillitas y lucecitas de mil colores ha puesto por toda la fachada y elementos exteriores de su jardín el horterísimo dueño de la casa número 37 de la calle Manor Grove.
1… detención policial en nuestra calle, la noche pasada. Al parecer un borracho intentó pagar su entrada en el número 37 para que la atribulada esposa del luminofílico precedente le permitiese conocer a sus chicas, habiendo tomado la residencia por un burdel.
8… invitaciones recibidas a distintos eventos de entrañable camaradería prevacacional.
0… excusas plausibles para no acudir a ellas (igual si me acerco a la polaca acatarrada, logro algo).
765… euros que necesitaría de presupuesto para comprarles a mis seres queridos los regalos que se merecen para estas fiestas.
35… libras me quedan en la cuenta del banco a fin de trimestre. El amor es impagable, familia, amigos… no lo olvideis.
48… postales pendientes de escribir.
4… llamadas a la dirección administrativa del Royal Mail por ver si ofrecen descuentos.
0… respuestas positivas al respecto.

La lista, como aquella ecuación cuya incógnita nunca lográbamos despejar en nuestros años escolares, tiende a infinito. Mejor será pues que la deje, para no arriesgarme a cosas como:
45… receptores de mi gacetilla cibernética.
349… bostezos por minuto al recibir esta entrada.
Eso sí, queridos todos, voy a apelar al sentimiento de fraternal amistad que inspiran estas entrañables fiestas (españoles y españolas, os digo yo desde la Zarzuela), y lanzar un comentario digno de la retranca más sardónica de Mr. Scrooge antes de haber visto a los tres fantasmas. Escudaos, que el hacha va con múltiples filos y a la yugular:
28… personas prometieron venir a visitarme en Londres.
0… patatero… de ellas han cumplido lo dicho.

Este año si no os llega postal… es culpa del Royal Mail. ¿Rencorosilla yo? Para nada. Ca un ye ca un, y K-2 una piragua.

25 de noviembre de 2008

Tipología del estudiante español exiliado (Vol. 1)

Los rigores climáticos del invierno que se avecina hacen que una pase últimamente mucho más tiempo del acostumbrado al cobijo de la calefacción central de las zonas comunes de nuestra universidad. Allí encerrada cual una rara avis más del zoológico académico, busca esta plumilla entretenimiento y solaz lejos de la subtitulación fílmica y de las teorías traductológicas. Inspirada por el aburrimiento y en homenaje a una infancia marcada, científicamente hablando, por los documentales del biólogo cantado por Enrique y Ana (entonad el Amigo Félix... y llorad conmigo), he decidido confeccionar una catalogación de la fauna que me rodea.
Para mi primer trabajo de campo he seguido las pautas de la escuela de biología experimental fundada por Anita Obregón: empezar por lo más fácil, que es a lo que llegan mis neuronas. Así pues, lo que os presento aquí no son más que cuatro especies de estudiante patrio, fáciles de percibir entre el resto de criaturas de la selva universitaria, aunque sólo sea por su vocerío gregario, sus singulares rituales de apareamiento, y su anatomía estridentemente ibérica. No obstante, confío en poder ahondar en la observación sagaz, y la consiguiente y oportuna disección, de un mayor número de especímenes según me vaya familiarizando con sus hábitos.

Ratonis bibliotecaris - especie que se puede confundir en ocasiones con la autóctona de similares costumbres, pero que distinguiremos de ésta por ir cargada siempre de al menos dos diccionarios bilingües que consulta sin cesar. Se sienten cómodos en rincones de la biblioteca en penumbra, y por lo común anidan en mesas de estudio individuales paneladas a ambos lados y rodeados de varias pilas de libros de toda índole. Generalmente, la raza se ve afectada por una degeneración de su agudeza visual que les obliga a utilizar lentes, soliendo ser éstas de las conocidas vulgarmente como culo-de-botella. Extremadamente callados, tímidos en su interacción con otras especies, son sin embargo brillantes estudiantes que obtienen resultados espectaculares en sus carreras. Por esta razón, los leones del reino académico gustan de rodearse de ellos en sus tarimas, siendo a su vez peculiarmente populares en época de exámenes entre especímenes de otras razas a quienes les atrae más campar por la sabana que hibernar en la biblioteca.

Modernitus candemtownicus - especie que durante dos décadas permaneció casi en peligro de extinción (entre el final de los almodovarianos ochenta y el principio del ecologista siglo veintiuno) pero que vuelve a resurgir con ligeras modificaciones en sus costumbres. Se caracterizan principalmente por ser carne de mercadillo y por proclamar a los cuatro vientos sus ideas anti-sistema. Se ha comprobado que el 90% de los especímenes estudiados de esta raza llevan al cuello una versión moderna del pañuelo llamado palestina, y gastan vaqueros raídos y zapatillas deportivas estilo años setenta. Dicen que leen El País, y que votan al PSOE o se abstienen. Que pertenecen a Greenpeace o Adena, que reciclan a diario, y que si pudieran vivirían en una casa de okupas. Nada de lo anterior ha podido contrastrarse científicamente. Estudios radicales publicados recientemente han podido demostrar, de hecho, que la mayoría de ellos ha estudiado en colegio privado religioso, lleva raídos los vaqueros último modelo de DKNY o Hugo Boss, veranea en Oropesa del Mar, y ha pagado más de cien libras por esas playeras que parecen de tercer o cuarto pie. Como terapia para aguantarse a sí mismos, fuman marihuana con el dinero que les envían sus papis cada mes para su manutención, y luego trabajan vendiendo collarines de cuentas y pulseras de cuero en Candem los fines de semana.

Solitarium agazapatis - se caracteriza por recorrer los pasillos de la biblioteca escondiéndose de la manada a la salida y entrada de las clases comunes, y por engullir su bocadillo ya preparado en casa en un rincón alejado de la multitud. No acostumbra a comunicarse con sus congéneres dentro de la jaula, sin embargo se aproxima sibilinamente a cualesquiera otro ejemplar cuyo origen ibérico sospeche y, cuando éste se encuentra totalmente desprevenido para inventar una excusa plausible o dialecto ininteligible de respuesta, le espeta su más mortífera cuestión: “¿Eres español?”. A continuación la víctima sucumbe al menos a tres cuartos de hora de ininterrumpida verborrea con la que el atacante se ve libre de su contenida expresividad, para cesar repentinamente el torrente monologuista y continuar su camino silencioso y solitario. Son extremadamente peligrosos: se recomienda especial protección y nunca, jamás, responderles cuando acometen su ataque con otra pregunta y menos personal, pues podría darles pie a que considerasen a uno su amigo e incluso le pidiesen el teléfono móvil. Son muy traicioneros, no hay borde capaz de negárselo.

Erasmus interruptus - quizás la especie más universalmente reconocida, pues sus características trascienden fronteras, si bien los erasmus interruptus hispanicus se distinguen por ciertas particularidades del tronco común catalogado como erasmus interruptus europensis. Siempre van en grupos, al menos de cuatro o cinco ejemplares, y sienten pánico al alejamiento de la manada. Son extremadamente ruidosos y vociferantes y su lengua de comunicación es exclusivamente la de Cervantes: se ha demostrado que les salen aftas en el paladar si intentan comunicarse con algún especímen autóctono en el idioma local, excepción hecha de aquellos que regenten establecimientos de bebidas alcohólicas. Se caracterizan por su actividad nocturna, su apego a las costumbres y comidas patrias, sus largas conversaciones en el messenger con los amigos originarios de la selva española, y la entonación de la frase “Tío, hoy hay fiesta en casa de...” seguido del nombre con el que se conozca a alguno de sus congéneres. Sus ritos de apareamiento son curiosos: tienden a copular con especímenes de su misma raza pero de distintas comunidades autónomas... que por algo vinieron al extranjero. De este modo se establece entre ellos una red de contactos que se extiende por toda la geografía patria y que tiene consecuencias inmediatas en el futuro: vacaciones gratis visitando ex-compis de aventura ultramar. La frenética actividad de ocio para la que están preparados en su código genético se ve infrecuentemente interrumpida por su aparición en una clase o seminario, normalmente para quejarse de lo mal que imparte el profesor la asignatura o de lo difícil que es escribir un ensayo en inglés. Se recomienda encarecidamente alejarse de ellos como de la peste si lo que uno busca es una experiencia nueva y descubrir la idiosincrasia de la fauna nativa.

Firmado: el inefable Lirón Careto (quien, por cierto, agradecería comentarios o pistas sobre nuevas especies que incluir en su catálogo).

21 de noviembre de 2008

Diseccionando a Mrs. Alves

Ya estoy instalada en mi nueva casa, que se parece mucho más a un hogar que el clínicamente albo alojamiento que compartí previamente con la más Tosca de las gatas y su muy mercadera-de-Venecia dueña (para quienes no os tropezasteis conmigo y mis cotilleos la semana pasada digo esto por su apego al vil metal y sus ahorrativas medidas como anfitriona). Os inserto por estos párrafos un par de fotografías para que veáis la residencia de Mrs. Alves, a ver si así alguien se anima a coger el camino de baldosas amarillas que os traerá a mi Oz particular, que mucho ay-que-bien-Londres-te-voy-a-visitar-fijo y aquí sigo, esperando vuestros agasajos viajeros cual Julián Muñoz en la trena desesperando por la alegre viuda reconvertida en tonadillera.

En fin, os cuento que nada mas llegar, y apenas a los dos segundos de abrir la puerta, lo primero que me encontré fueron las patucas de un perro pulgoso ladrador poco mordedor sobre mis rodillas. Al menos era pequeño y, aunque no tan adorable como nuestra querida Phoebe, digno de mis atemperadas simpatías… sobre todo cuando me enteré de que solo iba a estar en la casa un par de días, pues mi casera se había ofrecido a cuidar del chucho (digo, perrito lindo) mientras su dueño permanecía ingresado en el hospital. Así pues, despejado mi horizonte cohabitacional de indeseadas mascotas, tomé posesión de mi nuevo cuarto con vistas al jardín… y de ahí a unas hermosas vías de tren. Ah, la vida en la gran metrópoli: naturaleza y progreso de la mano. Por fortuna, no hay trenes nocturnos así que por el momento no me desvela ningún expreso de medianoche.

La vida en esta casa es muy dicharachera. Todo el silencioso karma que se me quedó por lo poco que me dirigió el verbo la anterior casera lo está compensando ésta sin saberlo. Es un polvorín, y ya quisiera yo llegar a los sesenta con su vitalidad. Ha hecho suyo el calificativo de viuda alegre sin las connotaciones peyorativas de antaño, y por daros un nimio apunte ilustrativo del torbellino de actividades de esta mujer, aquí la tenéis, un jueves en plena hora punta, bailando tangos en Blackfriars Bridge para hacer una colecta no recuerdo con qué caritativo fin:

Si a sus danzarinas frivolidades, añadimos tres nietos en edad de merecer (un sopapo); que recibe a dos de sus vecinos, viudos ellos también (ejem, ejem) a diario para agasajarles con un desayuno inglés que me hace sospechar que la han nombrado albacea testamentaria y se los quiere quitar de en medio a base de chutes de colesterol; que acude a un taller de adornos navideños todas las tardes para venderlos en una feria aquí en Richmond dentro de dos semanas; y que en el hall de entrada hay una foto de ella con Ronaldihno y otra subida en un camello en Egipto vestida con sari…pues eso, que estoy por dejar las clases en Roehampton y dedicarme a subtitular la vida de esta señora, que me parece más de película que las del mismísimo Jolibú.

Y hablando de subtítulos, el curso avanza vertiginosamente y el tiempo libre para teclear diarios virtuales comienza a escasear. Esta semana entregamos nuestros primeros trabajos/exámenes del trimestre, y el día anterior a última hora de la tarde… ¿alguien adivina de qué nacionalidad eran los cuatro estudiantes que estaban a mitad de camino de terminar sus correspondientes entregas para ser evaluadas? ¡Bingo! Los españoles, y olé. Algo tendrá la idiosincrasia patria que nos impide cumplir con los plazos marcados si no es previa noche en vela. O será que trabajamos mejor bajo presión… el caso es que pasó por allí la germana del curso, que os juro que es una extra de cine negro serie B y hace siempre de espía mala del otro lado del telón de acero, y se inquietó al vernos tan afanados por lo que preguntó si se había olvidado ella de hacer algún deber. Al sacarla de dudas diciéndole que estábamos con lo que se nos había encomendado hacer hacía mes y medio, nos miró con los ojos como platos, se atusó su milimétricamente recortado flequillo, y nos espetó (en perfecto español, para mayor retraca): No entiendo porque dejamos que vuestro país entrase en la Unión Europea, claramente deberíais seguir en el tercer mundo… Y con paso prusiano se dirigió a la puerta de salida dejándonos tan perplejos como acomplejados.

Quisiera seguir divagando pero habré de ponerme dedos a la tecla en otros menesteres más profesionales, no vaya a ser que por mi culpa ZP y Moratinos acaben reuniéndose con los zulúes y tutsis en una cumbre hispano-africana que nos coloque donde debemos estar. O sea, con esos salvajes que no saben más que danzar y cazar antílopes, caramba, con lo bien que se pasa uno la vida instalando interminablemente la pieza AR-765-B que cierra la tapa del delco del Volkswagen Polo ultimo modelo…

Se despide, desde la remota selva, la gitana hechicera marabú de la tribu hispana. Que Manitú os guarde (en especial de Angela Merkel).

11 de noviembre de 2008

Pequeño y patriótico paréntesis

Adivina adivinanza: ¿a qué maravilloso rincón del verde universo de la Europa occidental se corresponde la fotografía que enmarca estas líneas y asombra vuestras retinas?

¿Suiza? Congelado. ¿Escocia? Frío, frío. ¿Pirineos? Templadete. ¿Picos de Europa? Vamos calentando. ¿Parque de Redes? Caliente, caliente. ¿Montañas rodeando la irreductible aldea coyana de Rioseco de Sobrescobio? Nos hemos quemado.

Pues sí, para aquellos que aún no me habéis visto mi nuevo peinado en persona... ¡estoy en la patria querida! No, no he huído despavorida de los escaparates pre-navideños cuyas miles de lucecitas inundan la otrora tranquilidad de los paseos por Londres. Tampoco me han dado escobazo los directores del máster por haberme cargado una de sus maquinitas subtituladoras y como daño colateral el sistema informático del departamento de traducción. Ni, por el momento, ha podido la morriña conmigo y me ha prescrito el psicoanalista un retorno al cobijo familiar por precaución emocional.

La explicación es bien sencilla. Existe desde tiempos inmemoriales un concepto mágico en la liturgia cuatrimestral académica británica llamado reading week, que no es otra cosa entiendo yo que los puentes propios de países de proverbial apego al santoral católico (de los que en Inglaterra no disfrutamos nunca) trasladados e hilvanados en una semana a mitad de período escolar. Llámenlo como quieran, pero no sé si por impulso lector o por desapego a la tierra de acogida, el caso es que la mayoría de los extranjeros del máster han puesto pies en polvorosa subidos casi todos en aviones color naranja (la crisis pesa) rumbo a los lares que les vieron nacer. Y una no iba a ser menos y quedarse solitaria vigilando el fuerte por si vienen los indios ara-pa-joé...

Si así es, que arranquen la cabellera a quien encuentren, que esta menda se halla demasiado ocupada poniéndose al día de la actualidad astur. Ya daré buena cuenta en sucesivos disparates informativos de mis encuentros y actividades, que está siendo una visita muy intensa, divertida e interesante.

5 de noviembre de 2008

Barak Obama... we could!

Aaaaameeeericanos, os aplaudimos con alegria...
Ole mi Obama, ole su mare y ole su tiiiia!!!
NOTA: Entónese el estribillo precedente cual Lolita Sevilla postatlántica y pónganse, queridos lectores, sus mejores galas cual Pepe Isbert porque hoy es un gran dia.

Ayer por la noche estuve en una fiesta al lado de la embajada americana*, junto con yo creo que los 250.000 yankees que viven en Londres, menudo ambientazo. Aguanté nada más que hasta las dos de la madrugada pero ya estaba clara la victoria. Las ojeras y el cansancio de hoy merecen la pena...
Y cierro esta breve e ilusionante entrada parafraseando al que fue en un brillante momento el gran filósofo de Soto de Agües, concejo de Sobrescobio: No hay na, na más que decir.

* Me acordé mucho de ti, querido amigo J., transnochador electoral como esta menda y presentador telenoticiero en otra capital. Otro momento histórico para contar a los nietos...

3 de noviembre de 2008

Eppur... Patricia si muove!

¡Me mudo de residencia a finales de semana! No puedo evitar el recurso al énfasis exclamativo porque os diré que la búsqueda de cobijo carente de inquilino gatuno (sin descuento en el montante del alquiler) ha resultado de lo más trabajosa. Y la he encontrado entre Richmond Park y Kew Gardens, rodeada de verde, y a distancia caminante de la universidad. Un lujo. Esta será por el momento, al menos hasta que regrese a casa como una muñeca de Famosa que haya perdido el camino al portal, mi nueva dirección en el civilizado oeste de Londres:
101 Manor Grove
TW9 4QQ [me encanta vivir en un código que termina en cúcú]

Richmond
Tomad buena nota de ella todos aquellos que habéis inundado mi buzón con prolija correspondencia estos meses pasados, no vaya a ser que el caudal incontenible de vuestras epístolas se pierda con los avatares de la mudanza. O sea, para quien todavía no haya pillado la hipérbole sarcástica: queridos administrativos del banco NatWest, secretarias de la universidad de Roehampton, y muy pamplonica y enfermeril amiga N., únicos seres inasequibles al desaliento que parecéis saber definir el concepto sobre y sello, amén de utilizarlo como es menester... cesad temporalmente vuestros denodados esfuerzos escribaniles hasta que el eficaz servicio de correos de su graciosa majestad se encuentre al corriente de mi redomiciliación.
En fin, como decíamos en el párrafo anterior, por el momento no me atrevo a utilizar un tiempo futuro indefinido para conjugar la duración de mi estancia en estos nuevos aposentos, pero sí puedo adelantaros que tanto la descripción de los mismos como las circunstancias personales de mi recién conocida casera prometen una estancia grata y nada rutinaria. Se trata de una alegre divorciada a quien, por el presente y hasta que la familiaridad del trato me remita a su nombre de pila, apelaré Ms. Alves. Matrona británica concluyendo la cincuentena, aficionada a la jardinería, la historia, la música clásica y los paseos campestres. Cultiva su propio huerto en la parte trasera de la casa, y recibe con frecuencia la visita de sus dos retoños treintañeros a quienes tiene reubicados en independencia por el anchuroso Londres pero todavía unidos a ella por ese poderoso cordón umbilical del matriarcado postmoderno llamado “tupperware”. En la amplia mansión que me acogerá no es la mía la única alcoba que genera ganancias exentas de impuestos, sino que hay otras dos que reciben también exiliados de todo género y condición, comme moi même. Presiento divertidas tardes de tertulia con un inglés, un francés y una española... cada uno contando la feria como la vive.
Por lo demás, y desterrando el trueque de casas al que me veo abocada, los días siguen transcurriendo plácidos a esta orilla del Canal de la Mancha. Las temperaturas han decidido recordarnos drástica y repentinamente que el invierno asoma las orejas y la semana pasada disfrutamos de varios días a bajo cero e incluso de una pequeña capa de nieve en pleno centro de Londres (suceso que no tenía lugar desde hacía 70 años a estas alturas del año, pero habrá quien todavía niegue que el cambio climático existe).
Mi persona notó el vértigo de grados celsius particularmente, puesto que mi ropa de invierno aún descansaba en una maleta en Portsmouth desde principios de septiembre. Si además tenemos en cuenta que la capa de grasa que rodea mi esqueleto es más bien magra, comprenderéis que la rebequina que en las noches de estío asturiano se impone como moda y artículo de primera necesidad, no me sirvió más que de moquero auxiliar estos días pasados. Así que ante la alternativa de cebarme a base de bacon y salchichas hasta aumentar el diámetro de protección lípida aislante bajo mi epidermis o bien acudir a la costa sureña a recoger mi equipaje, esta menda saltó cual gacela al tren, a la oportunidad de abandonar la capital por unas horas, a la alegría de reencontrarse con un miembro de la familia, y a la bendición de una cordial invitación a comida casera.
Mi primo O., gijonés de religión y marino de profesión, se encuentra destinado en Portsmouth un par de años (para aquellos que os preguntéis qué demonios hacía una maleta mía allí). Su casa es, ¿cómo decirlo sin que se me salten las lágrimas?, un oasis de delicias culinarias contrabandeadas desde la madre patria en el que debe ser un maletero fabricado por Mary Poppins puesto que hasta una pata de jamón con su correspondiente soporte para cortar, y una cafetera exprés que ya quisieran tener en el Café Dindurra, han sido vistas por la costa de Pompey... que no se entere el Departamento de Regulación Sanitaria de lo del ibérico, que se lo requisan.
Dejando durante un rato el timón por los fogones, y una vez recuperado de la impresión de oir de mis propios labios que no me gusta la fabada, mi primo preparó una comida que a mí me pareció un festín tras varias semanas hecha al humilde recetario hispano-británico de la que firma estas líneas. Querida tía B., que te llegarán noticias de estos aconteceres por vía Zapico (mami, llama), has de saber que tu hijo es digno heredero del savoir faire culinario y las virtudes como anfitriona de su madre. Comimos fabines pintes con arroz, plato favorito mío conocido en tiempos menos políticamente correctos como "moros y cristianos", cocidas con un choricín de Rioseco que fue ya el culmen de la delicatessen. Y de postre, el Sporting arrasó en el Molinón 3-1 al Numancia... ¿qué más se puede pedir a un domingo, jeje?
Pues eso digo yo, que Hamilton no hubiese ganado el mundial de Formula 1. Pero todo no se puede tener... ¿o sí, Obama? A ver si el descolorido yankee nos quita el disgusto de ver de champion al negrito brit que no se lava con Micolor. Mañana lo sabremos, hoy me contento con despedirme cantando WE CAN.

1 de noviembre de 2008

Fantasia epistolar en homenaje a LA AUTORA*

Londres, 1 de noviembre

Querida Cassandra:
Confío en que recibas pronto estas líneas y puedas favorecerme con otra de tus ingeniosas cartas antes de que me mude de domicilio, hecho que tendrá lugar a finales de la próxima semana. La brevedad de mi estancia con Ms. Bennett no ha impedido que la considere con cierto afecto, pues han sido gratas mis semanas en su hogar (soslayando la enojosa presencia de su adorada gata) así que no puedo evitar mirar en derredor ya con nostalgia pensando en despedirme del entorno que se ha convertido en familiar para mí. Aunque sé que te intrigará no recibir en estos momentos una detallada descripción de mi rutilante futuro hospedaje, queda descuidada pues lo haré en cuanto termine la mudanza a mis nuevos aposentos que estoy segura contarán con tu aprobación.

Mis días en esta ciudad transcurren veloces entre multitudes, así que no te extrañará que te confiese echar de menos en ocasiones la tranquila soledad de la vida en el campo y nuestras conversaciones intrascendentes. Pero, querida hermana, sabrás que no siendo de natural quejicoso hago todo lo posible por aprovechar al máximo mi tiempo en la capital. En este sentido, las postreras jornadas están resultando de lo más entretenidas, por lo que pasaré a relatártelas:

Nuestro querido primo A. está pasando aquí unos días, visitando viejos camaradas de la universidad, y ha tenido la amabilidad de requerir mi compañía en sus recorridos por los museos de la ciudad. Así, ayer mismo inspeccionamos el moderno recinto del Museo del Diseño, en la orilla sur del Támesis, donde me deleité en la visión de la porcelana diseñada por la ovetense Patricia Urquiola… oh, querida, ¡la envidia que advertiríamos en los rostros de nuestras amistades de serles servido el té en semejantes juegos! No pude evitar detenerme a escudriñar los intrincados detalles de los prototipos expuestos, suspirando por la imposibilidad de adquirirlos teniendo en cuenta que nuestro padre nos ha dejado en herencia una renta de tan solo £2,000 al año. Pero olvidemos la vulgaridad monetaria, y déjame decirte lo mucho que me recreé en la contemplación de la psicodélica obra gráfica de Alan Aldridge, y sobre todo en la exposición titulada “Ciudades de Diseño” guiada por las doctas explicaciones de nuestro primo más versado en las singularidades de la arquitectura moderna de interiores que una pobre damisela de letras como yo.

Tras adecentar ayer mi otrora lustrosa (y por momentos enfangada) pátina cultural, hoy me vi impulsada a adecuar mi agenda diaria para perseverar en la ilustración de mi mente campesina. Por esta razón, me uní a primera hora de la mañana a un grupo de paseantes que seguían a la dama cuya mera instantánea realza la pobreza literaria de estas líneas. Capitaneados por su delicado bonete, y tutelados por una bien proyectada voz de tiple, transitamos vericuetos londinenses en busca de las señales que una autora antigua de novelas había dejado de sus estancias en la ciudad allá por los albores del siglo XVIII.Mi querida hermana, esto solamente te lo puedo confesar a ti: la vida de esta mujer y su familia se me antojo extrañamente parecida a la nuestra, y de no ser porque vivimos en centurias diferentes y, ciertamente, nuestro padre no es un clérigo empobrecido ni nuestra madre ha alumbrado a ocho criaturas, hubiese llegado a pensar que era objeto de una bufonada… Creo recordar que mencionó su nombre, Jane Austen, y que su última residencia no queda lejos de nuestro Winchester natal, en el pueblo de Chawton. ¿No te resulta curioso? Quizás deberíamos leer alguna de sus novelas, aunque tengo entendido que tratan de trivialidades sociales y de historias románticas sobre damas de impecable virtud, pero escasos recursos, rescatadas de sus vidas anodinas por elegantes caballeros de intachable honor… ¿quién iba a ser tan cándida de creérselo?

Tanta erudición condensada en tan pocas horas me ha hecho plantearme un pequeño viaje más allá de los márgenes de esta ruidosa ciudad. Bien a pesar de que habré de utilizar el poco ventajoso sistema público de transporte del ferrocarril. Oh, querida, que mortificación me provoca la idea de codearme con los excursionistas de todo tipo y condición que aprovechan el descanso dominical para invadir la paz de la campiña. Si hay algo a lo que no acabo de acostumbrarme de la vida en la gran metrópoli es a la laxitud del decoro y el desprecio a las normas de urbanidad otrora imperantes. Parece ser que la moda dicta la misma informalidad en el vestir que en las buenas costumbres, y por darte un ejemplo lacerante aún no me he topado con un joven soltero que me ceda galante su asiento en el metro o me franquee el paso empujando las puertas de las tiendas cuando salgo de compras por Sloane Street. Los hados se están confabulando para que no encuentre a un potencial marido, Cassandra, y mira que de todos es sabido que un hombre joven poseedor de una buena fortuna debe de estar deseoso de encontrar esposa…


Discúlpame por desviarme del curso de mi relato. Lo que quería decirte es que mañana viajaré al sur, a la costera localidad de Portsmouth, a visitar a nuestro entrañable primo O. que como sabes se halla destacado allí con la Armada Real. He recibido una cordial invitación de su parte a unirme a él para el almuerzo, que preparara él mismo (¿entiendes ahora lo que quiero decirte sobre el relajo de la moral? ¡Dónde se había visto antes un oficial de la Armada entre fogones!). No negaré que aguardo con anticipada excitación la posibilidad de entablar amistad con alguno de sus compañeros de armas, pues me he informado bien y todo el regimiento se encuentra en tierra tras varios meses de solitaria navegación. Es muy probable, Cassandra, que si todo transcurre favorablemente te haga llegar noticias por la primera posta que salga hacia Winchester para que acudas a hacer de chaperona, por lo que de esta acariciada posibilidad quedas convenientemente advertida.

He de dejarte por hoy. Espero que todos los nuestros se hallen bien de salud y disfrutando del colorido otoñal en el paisaje de mi añorado Hampshire. Transmítele mis recuerdos a la mujer del vicario y hazle saber que le enviaré tan pronto como pueda la primera edición de los ensayos del Dr. Johnson que tan encarecidamente me encomendó conseguirle.

Afectuosamente tuya,

P.M.Z.

* Que no es la que escribe estas lineas, sino Jane Austen. En tal fecha como hoy, el 1 de noviembre de 1797, el editor londinense Thomas Cadell recibe un manuscrito titulado "Primeras Impresiones" cuya autoria se atribuye simplemente "una dama". Ese mismo dia lo envia de vuelta diciendo que no es material publicable... creo que su fantasma sigue dandose de cabezazos contra una pared en su casa de Mayfair. Aunque no tantos como los de Penguin, que me entere hoy de que habian rechazado en su momento publicar Harry Potter (Petrificus Totalis quedaria el responsable del gambazo).

27 de octubre de 2008

Mi mundo al microscopio

Últimamente estoy fascinada con las historias personales que me encuentro en mi camino y hace días que quería dejar constancia en este confesionario de lo que me sorprende la gente que pulula por este curioso mundo. Cierto es que debería de estar curada de espanto, que algo de mundología guardaré en mis alforjas tras mis humildes trotes cruzando meridianos y paralelos (no tantos como la zorra que presenta el Lonely Planet, dicho sea de paso), y que cuando una sale del terruño que la vio nacer, tan céltico aquello encerrado entre montañas, se encuentra paisajes y paisanajes de lo más dispar. Sin embargo, y en mis circunstancias actuales, yo no dejo de sorprenderme con el microcosmos de mis compis de peripecias propedéuticas. De lo que se entera una prestando un poco de atención, y eso que no es portera de nacimiento...
Resúltase que la directora de nuestro curso, antes que traductora fue... Sonsoles Espinosa. No la esposa de ZP en su misma mismidad sino, de profesión, soprano. Abandonó las arias según ella al hacerse vegetariana, perla que soltó sin añadir nada más, así que estoy elaborando una teoría del eslabón perdido entre Violeta Valery y un chuletón a la parrilla. Efectivamente, de momento mis investigaciones no arrojan resultados con pinta de exitosos.
Descubrí también esta semana que mi entrenador en el noble deporte de la subtitulación fílmica periambula por la otra acera, elección que me parece estupendamente acertada y más en un griego (y no voy ahondar en la facilidad del chiste por no insultar la inteligencia propia y ajena), pero que conste que me pilló por sorpresa... ¡a mí!... que hace años decidí que todo el mundo es gay hasta que se demuestre lo contrario. Creedme, se lleva una menos sorpresas que tomándose la vida (sexual) de los demás en viceversa.
Como culmen de una semana tan fructífera en material para una fotonovela, este sábado pasado fuimos unos cuantos alumnos del máster a ver una obra de teatro al Barbican. Tras el solaz cultural de nuestras aplicadas almas de estudiantes, decidimos estrechar los aún frágiles lazos de nuestra incipiente camaradería allegándonos al típico pub de añeja atmósfera, con sus sofás de piel gastada, su moqueta plagada de arcanas manchas, sus taburetes tapizados con las cortinas que tiró Barbara Cartland y sus precios pre-crisis económica (o eso considero yo £4 por una copa de vino perronero medido al milímetro). Misterios de la ingesta de alcohol, la gente que en clase te da gruñendo los buenos días pasa repentinamente a querer confesarte sus más recónditos anhelos vitales. Y una, que es una gran “escuchante”, aprendió mucho en aquel distendido ambiente... Por ejemplo, que la alumna que se presentó el primer día como brasileña habla perfectamente japonés, pues se educó entre ambos países, no conseguí averiguar porqué (NOTA: se ofrece recompensa a quien consiga encontrar la relación entre bailar la samba y ser samurai). Que la chica griega mencionó como quien no quiere la cosa que su marido estaba en el Sáhara corriendo un maratón (NOTA: se ofrece una suculenta segunda recompensa a quien le encuentre la intríngulis a ser tan memo de pasar por el agobio de correr un maratón con el agravante de hacerlo en pleno desierto). Que el novio de una de las francesas, que vino de acompañante, creció en una granja en África, que no era la de Karen Blixen pero casi, y hasta los veinte años no había estado nunca en una ciudad, solamente en la sabana mirando los ñus pasar (NOTA: me ofrezco ser ángel de la guarda para toda la eternidad de quien me haga el hara-kiri sin dolor).
¡Y pensar que me parecía que la hippy postmodernista de alegre pedalear era lo más exótico de la clase! Llegado el turno de ser interrogada informalmente por mi contexto personal no pude evitar aferrarme a una socorrida evasión humorística:
- “Esto, pues yo tengo un primo segundo por parte de madre que hizo la mili en Albacete”...
Ni que decir tiene que nadie, ni siquiera los españoles (y menos el de Albacete, bocazas de mí), pareció pillar la gracia, así que opté por hundirme en el sofá del pub deseando desaparecer como una moneda perdida por entre los asientos. Prometí en ese instante no caer en la tentación de casarme con nadie a no ser que haya nacido más allá de Mieres del Camino y tenga como pasatiempo favorito superar los récords aventureros de Álvaro de Marichalar, como mínimo. Entendedlo los afectados, lo hago por el futuro de mi descendencia, que no se sientan marginados si algún día salen a conocer mundo.
Y es que, como Carrie*, una no puede evitar preguntarse... ¿seré la única en esta ciudad con una familia normal y un pasado aburrido?

* Dícese de Carrie Bradshaw, protagonista de esa biblia televisiva de la mujer cosmopolita contemporánea titulada Sex & the City… por si los neófitos.

22 de octubre de 2008

Donde éramos pocos...

... llega el circo a la ciudad. No, no es un recurso hiperbólico al que haya tenido que acudir para haceros partícipes, por ejemplo, de que Paris Hilton lleva unas semanas en Londres y por ende asomando constantemente en los tabloides, con su careto de sonrisa indescifrable y sus comentarios de alto valor intelectual amenizándonos los viajes en metro. La chiquilla está grabando un programa cuyo principal patrocinador debe de ser Mayoral o Donetes, puesto que el intríngulis del mismo consiste en que la heredera de la cadena Hilton encuentre en esta ciudad a su mejor amigo o amiga. Os lo cuento por si os interesa mudaros acá y haceros los encontradizos con el cerebro rubio con patas, que puede ser una solución a la crisis económica universal como otra cualquiera.
Tampoco esta entrada circense tiene nada de metafórico en relación al divorcio de Madge (eso es Madonna según la llaman aquí) y Guy, asunto del que ya nos sabemos hasta lo que declaró un día al Daily Mirror el primo segundo del maestro encerador que le prepara las velas customizadas para la cábala a la artista pop anteriormente conocida como la ambición rubia. Esto os lo cuento, abogados del mundo con conocimientos de idiomas que me leáis, porque también puede ser una vía de escape a la decadencia financiera que asola nuestro planeta como otra cualquiera.
Lo cierto, queridos lectores y sin embargo todavía amigos (y algún pariente que negará su apellido tres y más veces), es que el circo simplemente se ha instalado en la ciudad. Y no un circo ordinario y vulgar de fiesta de pueblo, no, no. El circo estatal chino ni más ni menos. Con su enorme carpa china, sus docenas de carromatos chinos, sus miles de lucecitas chinas, su música ensordecera china, sus animales de toda especie incluída la china, y sus cientos de circenses chinos... Y a mí me ha tocado la ídem porque -con lo grande que es esta ciudad, Confucio mío- se ha tenido que aposentar en el maldito césped del parque frente a mi casa. Huelga decir que aquí no hay quien viva. Vamos, hasta Tosca se ha puesto en huelga de hambre y no se come sus Whiskas hasta que se vayan los malditos hijos de la Gran Muralla... eh, eh, no me miréis así que lo ha dicho ella, yo no. Esta es la imagen en tecnicolor de la tortura china:

Personalmente, está pasándome una corriente filosófica por las venas que me dice que cuando una no puede con el enemigo lo más sabio es unirse a él. ¿Por qué no? No sería la primera en dejarlo todo por el circo: ahí tenéis a Bárbara Rey y a Estefanía de Mónaco. O a la Princesa Letizia. Además, ya que no encuentro casa, trocaría mi vacío habitacional por un carromato último modelo chino con wok incorporado, que ya me diréis si no es una mejora sustancial. Para mayor elevación espiritual mía, iniciaría una vida nómada, sin ataduras ni compromisos más allá de los propiamente circenses, y recorrería mundo tal y como mi alma viajera anhela.
No os sorprenderá, pues, que os confiese haber ido a dejar mi currículo a la puerta del circo. Todo un problema, porque los circos puerta, lo que se dice puerta, no tienen. Y mucho menos timbre. Tampoco conserje, o si lo tenía era un chino y a ver cómo lo distingo yo de los demás. Así que no me quedó más remedio que pasarlo por debajo de la carpa y confiar en que no lo recicle la mujer china barbuda (pobre, qué dos cruces le cayeron) para redactar su dimisión puesto que descubrió en un paseo por el Soho una clínica de depilación láser con un programa gratuito de afeitado facial para inmigrantes de países excomunistas arrepentidos -los inmigrantes, no los países.
¿Sabéis lo peor? Que mientras regresaba a casa trotando feliz por el campo pensando en mi futuro artístico, se instaló un nubarrón de malos presentimientos en mi cabeza: ¿y si me rechazan? ¿Y si, cruel avatar, no sirvo ni para el circo (chino)?

16 de octubre de 2008

Progresa adecuadamente

Os informo de que la alumna aplicada ha perpetrado ya su primera práctica subtituladora en la persona de Hugh Grant y en su personaje más célebre, elegantemente enchaquetado, y torpemente suspirable... al menos para las treintañeras como yo que quisimos casarnos cuatro y más veces con él, aunque de por medio hubiésemos de acudir al funeral de alguna ex a la que catapultar fuera de escena.
Qué emoción ponerse a los mandos de estos ordenadores cuyas pantallas reflejan un tejemaneje técnico que hace que la consola de navegación del Challenger tenga la complejidad de un puzle de dos piezas. Y qué bochorno dejarse llevar por el espíritu aventurero de una, comenzar a tocar botoncitos con paroxismo descubridor, y fundir el sistema antes de que al profesor le hubiese dado tiempo a decir “esta boca llena de instrucciones que deben escucharse es mía”... En ese instante me vi subtitulada así: OOOOPSSS!!!
En fin, fruslerías que no haya un recurrido reset del ordenador que no solucione, jeje. Ni que decir tiene que a partir de ese momento encorseté mi entusiasmo, me dejé guiar dócilmente por el dionisíaco instructor de quien ya os he dado particulares en pretéritos boletines, y tras unas 3 horas peleándome con aquel programa tenía 5 pírricos subtítulos completados, y había puesto a Dios por testigo de que (amén de jamás volver a pasar hambre) no volvería a criticar las traducciones subtituladas de una película así se me cayesen los premolares y colmillos uno a uno...
Pues sí, es más complicado esto de lo que una creía parapetada en su ignorancia previa. El invento promete tanto, sin embargo, que yo ya me he pedido uno para Reyes al haberle encontrado una vertiente lúdica que no debe ser desdeñada (de hecho comprobaré con algunos de vosotros como voluntarias cobayas la posibilidad de su explotación comercial). Porque confieso que, entre explicaciones de mi poco policlético profesor griego, me imaginaba yo una subtituleixon party para crear los diálogos de un film en versión original digamos iraní, o kazaquistaní o, echándole arrestos, mandarín de la misma China... ¿a que os hace tilín la idea? ¿A que voy a ser más reina de las cenas caseras que el que lleve el Scattergories? Ya lo sabía yo, si ya estoy oyendo voces desde los montes de Rioseco, desde las lomas del Campillín, desde las rías gallegas, y hasta desde la histórica Philadelphia diciendo que se apuntan.
Todo se andará. Os mantendré informados de cómo progresa mi maestría, en los sentidos concreto y abstracto del término. Entretanto, y para ayudar a sus paupérrimas majestades de Oriente, que por algo viven en un territorio en permanente conflicto bélico, se aceptan dádivas en metálico para la adquisición del programa subtitulador que será consuelo en nuestra senectud y compañero de nuestras vigilias.
PD- Por si vuestra incredulidad sobre mis avances es tan real como comprensible, os adjunto foto sin trucar del resultado.

14 de octubre de 2008

Carlysle's House

Hoy asomo tímidamente con otra sugerencia para una tarde tranquila, de nuevo en el barrio de Chelsea. En esta ocasión se trata de la casa donde vivió el escritor escocés Thomas Carlysle con su mujer Jane, quienes la convirtieron en lugar de reunión de una pandilla escogida de literatos victorianos entre los que se encontraban Ruskin, Tennyson, Browning, o mi idolatrado Dickens.
La casa es estilo Queen Anne, construída en 1708, y podréis ver dos salas de recibir, las habitaciones, la cocina, y el estudio con un curioso sistema de aislamiento acústico (tan poco funcional como estéticamente desastroso) que Carlysle instaló en el ático. Además, hay un coqueto jardín que cuidaba Jane Carlysle, donde cultivó flores y plantas que le recordaban a su Escocia natal. Merece la pena pasar unos minutos sentados en uno de los bancos protegidos por altos arbustos, muy melancólicamente victoriano...
Os recomiendo bajar desde King's Road por Glebe Place, y perderos unos minutos por estas callejuelas donde descubriréis varios rincones encantadores y tan tranquilos que parece que está uno fuera de Londres. En especial hay dos mews con sus diminutas casitas resguardadas que son una auténtica maravilla. Una vez que crucéis Upper Cheyne, la casa está en el 24 de Cheyne Row: no os la paséis de largo que no hay nada que anuncie que allí haya nada de particular, y empujad sin miedo la puerta de entrada si veis que no os responden al timbre, que la momia que cuida el recinto estaba ya allí cuando instalaron la primera moqueta y, por evidentes causas de calendario, oyen mejor las tapias del jardín que ella.
La entrada es gratuita para miembros del National Trust, y son £4.75 por adulto si no lo sois (miembros del NT, no adultos, jeje). Al salir os recomiendo bajar hasta Cheyne Walk y de allí al Chelsea Embankment. Iréis a parar a orillas del Támesis, entre los puentes de Battersea y Albert. Siguiendo el margen del rio en cualquier dirección, daréis un bonito paseo.
Cómo llegar: metro South Kensington. Se baja por Onslow Square y Sydney Place, y cruzando Fulham Broadway hacia Sydney Street. Una vez en King's Road seguid las indicaciones que di.

11 de octubre de 2008

Viva el refalfio

Queridas amigas que tenéis hijos y, dándose el caso de haberlos reconocido, queridos amigos que sois padres: necesito que me prestéis temporalmente a vuestra descendencia. El envío lo arreglamos con el Royal Mail, que da curso a todo tipo de peticiones y no os preocupéis por su bienestar, que me vi toda la última temporada de Supernanny (tengo apuntes).
Este irrisorio favor que os pido resolverá en un santiamén mi búsqueda de alojamiento, solventando de un plumazo las discrepancias económicas entre lo que deseo y a lo que me dice mi cuenta de banco que puedo aspirar. Os estaréis preguntando si, como se había predicho ya cuando cursaba la EGB, he acabado por volverme totalmente paranoide. Respuesta: yo no, pero ellos sí. Arrojaré varios rayos de luz sobre vuestras apagadas conciencias sociales para mejor explicarme.
Resúltase que en este lindo, democrático, y acogedor país todo el mundo tiene derecho a una vivienda digna (también lo dice nuestra Constitución y tararí corneta si no hay pasta, pero aquí sin falta de tal -de dinero, y de constitución- se cumple tal norma). Es decir, cada council destina unos impuestos a proveer de soluciones habitacionales (que políticamente correcto quedó esto) a quien no las encuentra por sí mismo. Entre ese grupo de (des)afortunados, se da prioridad por ejemplo a quienes llegan a Inglaterra reclamando asilo político, a las madres solteras, a los parados de larga duración, y a expatriados de las antiguas colonias imperiales (aparece en los registros hasta una tribu maorí que llegó a inmigración sacando la lengua)...
Total, y aquí es donde podéis empezar a atar cabos, que hace unos días saltó a la prensa una noticia que me ha dejado "plasmá" como diría mi abuel
a: a una mujer afghana con 7 hijos a su cargo el council de Ealing (¡mi barrio!) no le encontró sitio en las casas de su propiedad que reservan para estas caridades así que, ni cortos ni perezosos, los funcionarios de turno decidieron alquilar una modesta mansión para la señora y sus churumbeles. Tras varias alternativas presentadas a la familia, y una de ellas en particular rechazada por un hijo de 20 años porque “no tenía dónde aparcar el coche” (por favor, Bibiana Vahído y Carme Machacón, venid para acá a tomar nota), les dan una casa de 8 habitaciones, no vaya a ser que se tropiecen entre ellos y demanden a los servicios sociales. Casa valorada en £1.2 millones cuyo alquiler le cuesta a Ealing 12000 (¡doce mil!) libras al mes... Y todo ello, por el papo. Está a 5 minutos de mi casa, he ido a verla para comprobar por mi misma que no se habían adelantado los Santos Inocentes, y ahí la tenéis en la foto.
Tales hechos aceleraron las revoluciones de mi magín y hoy amanecí con la ocurrencia del siglo: en cuanto lleguen todos mis sobrinos postizos me presento en el council rodeada de ellos y pido plaza en Kensington Palace, que lo noto yo con falta de almas que le den vidilla desde lo de Lady Di. Pensaba embarazarme yo misma, pero me dio pereza porque tendría que apostar por un parto múltiple y encima esperar nueve meses pagando pensión y ropa premamá que esta muy cara. Nada, nada, no sé a qué estáis esperando: a comprar sellos y a mandarme niños, niñas, mascotas con cara de pena, y si a alguien le sobra una tía-abuela lejana que no sepa qué hacer con ella también me vale.
Como dijo Shakespeare, que vivia de alquiler, la vida es un teatro... y la buena fe de este país -añado yo- es de comedia.
PD- Mientras escribo esto, los funcionarios implicados vierten amargas lagrimas en sus casas puesto que ayer fueron echados a patadas del trabajo. A buenas horas.
PD2- Eso si, la madre soltera y desempleada (que bastante trabajo tuvo ya para parir a siete sin padre que les atendiera) sigue abanicandose y muerta de risa, repantingada en su salita de recibir valorada en el doble que un piso en la calle Uria. Seria genialmente ironico que se descubriese mas adelante que por quinto o sexto apellido lleva Bin Laden...

5 de octubre de 2008

Metropolitan Walkers

Así se llama este grupo de londinenses andariegos al que me uní el sábado por primera vez (¡y no será la última!). Organizan caminatas campestres todos los fines de semana y tienen variedad donde elegir. Esta vez opté por una que se anunciaba de 12 millas y moderada... para la próxima voy a ver si tienen algún apartado titulado Especial para post-operados de cadera con protesis oxidada... y sabéis que no exagero, que entre mis lectores hay muchos damnificados del ritmo liebresco y caprino al que -según ellos- les someto por los montes astures.
Ilusa y peliculera de mi, pensaba que llegarían todos muy flema brit, pertrechados de sus pintorescas cestas de picnic y sus domésticos manteles a cuadros, con la inevitable tetera térmica para las cinco en punto. Cuán grosero mi error: menos mal que de milagro no rematé mi modelito "sbado-en-la-campiña" con un sobrero de paja rodeado de lazo de terciopelo y ornado de florecillas... Se acercan las actividades de los Met Walkers más a un campamento boy scout para adultos que a una merienda victoriana con parasoles. O sea, que yo cual perico, encantada. Para qué nos vamos a engañar.
La liturgia convocante es la siguiente: se citan a primera hora de la mañana en una estación concurrida del centro para subir juntos al tren con destino al salvaje oeste. Vale, muy salvaje no era, dejémoslo en silvestre, pero al oeste de Londres si fuimos, concretamente a Buckinghamshire. Durante el trayecto nos fuimos presentando y conociendo poco a poco, cual colegiales en los compartimentos de un tren de novela de Enid Blyton rumbo al internado. Con los pies en la tierra que hemos de trotar ipso facto, se presenta el capitán del grupo (en este caso un diminuto especimen del este de Londres con un acento digno de no ser entendido mas que por la señora que parió a su madre), y nos muestra un galimatías de caminos y veredas en un mapa de cuando Franco era corneta que, intuyo ahora, habríamos de comprehender con mero batir de pestañas. Se da la vuelta y no para de caminar hasta que nos cuelga la lengua a todos y se alza ante nuestro desbaratado esqueleto un beatífico pub aislado en medio de la nada...
Nuestro lider (suena a secta, qué bien, ya me metí en una y no llevo ni un mes aquí) nos recomendó engullir nuestros sandwiches al aire libre y tomar el café/té/chupito después en el antedicho establecimiento. ¡Qué bien sabe la comida sentado en el verde, oyendo trinos continuos, observando la pachorra de las ovejas, y respirando libertad!... parezco Virgilio... Hicimos corro para comer un australiano de Sidney exiliado en Londres por amor, una neoyorkina que trabaja en finanzas y que tenía cara y pelos de necesitar un día oxigenándose lejos de la Bolsa, una inglesa llamada Elsa clavadita a Sybil Falwty (entre bocado y bocado yo miraba en derredor creyendo que en cualquier momento vería aparecer a Baaaaasil diciendo yes, dear acogotado), y una francesa que nos hizo entonar al interesado unísono la Marsellesa con devoción degaulliana cuando sacó crêpes para todos de postre.
Tras el breve refrigerio y estiramiento de patas ya cansadas, suena el silbato y en marcha otras dos horas y media hasta que felizmente llegamos al punto final que no era otro que, oh good lord, el pub del pueblo donde cogeríamos el tren de vuelta. Tropel exhausto hacia la barra donde el dueño se frotó las manos llenando tan inesperadamente su caja, y agradable sobremesa frente a las consabidas pintas antes de retornar al jaleo londinense. No hubo cánticos populares, ni necesidad de vocerío para hacerse entender... la idiosincrasia nativa es claramente ajena al concepto chigre astur.
Conclusión: esto hay que repetirlo, que hay mucha Inglaterra por conocer. Y cuando se acabe, como diria el inefable Lauren Postigo, hay barcas pa seguir...

2 de octubre de 2008

Vuelta al cole

Esta semana he retornado a mi juventud universitaria... ah, qué tiempos aquellos... en versión educación británica, que de rancia ya no tiene nada. Es decir, la clase es solamente para 15 personas, el profe vino con vaqueros ajados, sudadera de mercadillo y unos playeros al borde de la jubilación, nos hizo salir uno a uno al centro de la habitación a presentarnos y contar nuestra historia (lástima que no hubiese ningún alcohólico en rehabilitación), y a continuación pasó a impartir magisterio a través de un sistema audiovisual último modelo conectado a las pantallas instaladas frente a nuestros alelados rostros.
El escenario no tuvo desperdicio, así como los actores principales. En primer lugar, el docente en cuestión responde al gentilicio de Dionysis: curiosidades de la vida moderna, una deidad bajada del Olimpo más enológico y reencarnado en subtitulador de telefilmes (acabará dándose de nuevo al néctar de las vides, estoy segura). En segundo lugar, la media de edad supera por más de cuatro pelos a la de la treintañera que esto escribe y que se temía acabar convertida en la abueleta enrrollada que les pasa sus apuntes a los imberbes intelectualmente desubicados, más por miedo a represalias y por gusto estético que por imperativo ético. Y en tercer y último lugar, porque surgió de entre el elenco alumnil una suerte de Titania post-hippy entrada en canas, enfundada en una imposible malla de ciclista, cuya historia periambulante por el mundo del arte francés antes de dar con sus menopáusicos huesos en este máster hizo las delicias de la respetable autora de estas léneas. La he catalogado solemnemente como mi musa del nunca-es-tarde-si-la-dicha-es-buena... Promete su presencia inspirar peculiares historias en este curso, ya os iré informando de sus progresos.
Por lo demás, la búsqueda de residencia definitiva continúa, y sigo cobijándome bajo el techo de Ms. Bennett y adentrándome en los intríngulis del carácter felino, pues Tosca y yo no acabamos de concluir si nuestra amistad es verdadera o habrá de quedarnos París. El tiempo dirá si me deja patidifuso el cuore en una de sus incursiones nocturnas sobre mi cama para asomarse por la ventana de mi habitación a husmear a algun vagabundo admirador que la corteja desde los tejados circundantes, o si soy yo la que haciendo caso omiso de las instrucciones americanas del microondas la introduzco en el aparato para hacerle una permanente.
Esta plumilla se despide hasta próximos boletines, que le espera una vuelta a casa bajo pertinaz lluvia si por entretenerse perdiese el autobús.

29 de septiembre de 2008

Para no perderse

Inauguro una sección de sugerencias en la que iré compartiendo con vosotros algunos de mis sitios favoritos de Londres y alrededores. Vaya por delante que se trata de lugares donde uno no tiene porqué sentirse como un extra de una viñeta de ¿Donde esta Wally?, circunstancia que altera los nervios de quien redacta estas lineas. Aparecerán por aquí rincones alejados de los circuitos turísticos tradicionales a los que yo les encuentro un encanto particular, así como actividades o eventos que permitan disfrutar de un viaje por estos lares desde un punto de vista distinto. ¡Espero que os gusten tanto como a mi!

Royal Hospital Chelsea

No se trata de un hospital al uso, sino más bien de un desguace (lo digo con carino, pobritinos) a donde envían a los oficiales con una meritoria hoja de servicios en defensa de la cacareada Britannia. La visita es gratuita, y hay un museo donde se cuenta la historia del hospital y los guías son los propios in-pensioners vestidos con sus uniformes de gala y agasajándote con renqueantes historias que merece la pena escuchar. Alli aprenderéis, por ejemplo, que duermen en reproducciones de los camarotes de los barcos de la armada, pequeños cubículos de madera con lo básico y un espacio tan reducido que han de colgar sus ropas fuera... No tengáis miedo a entrar en el edificio frente al museo, aunque parezca privado, en especial hacia la iglesia y el refectorio (todavía en uso diario), y paraos a disfrutar del magnífico patio donde se erige la estatua del fundador del hospital, Charles II. Por cierto, si vuestro recorrido por las instalaciones coincide con la hora del sermón dominical, os encontraréis ni más ni menos que con la Dama de Hierro, la mismisima Margaret estoy-como-una-cataplasma Thatcher, vecina del barrio de Chelsea y devota parroquiana.

Como llegar: Metro Sloane Square (District & Circle Lines). Diez minutos a pie, bajando por Lower Sloane Street y luego girando a la derecha hacia Royal Hospital Road.