25 de noviembre de 2008

Tipología del estudiante español exiliado (Vol. 1)

Los rigores climáticos del invierno que se avecina hacen que una pase últimamente mucho más tiempo del acostumbrado al cobijo de la calefacción central de las zonas comunes de nuestra universidad. Allí encerrada cual una rara avis más del zoológico académico, busca esta plumilla entretenimiento y solaz lejos de la subtitulación fílmica y de las teorías traductológicas. Inspirada por el aburrimiento y en homenaje a una infancia marcada, científicamente hablando, por los documentales del biólogo cantado por Enrique y Ana (entonad el Amigo Félix... y llorad conmigo), he decidido confeccionar una catalogación de la fauna que me rodea.
Para mi primer trabajo de campo he seguido las pautas de la escuela de biología experimental fundada por Anita Obregón: empezar por lo más fácil, que es a lo que llegan mis neuronas. Así pues, lo que os presento aquí no son más que cuatro especies de estudiante patrio, fáciles de percibir entre el resto de criaturas de la selva universitaria, aunque sólo sea por su vocerío gregario, sus singulares rituales de apareamiento, y su anatomía estridentemente ibérica. No obstante, confío en poder ahondar en la observación sagaz, y la consiguiente y oportuna disección, de un mayor número de especímenes según me vaya familiarizando con sus hábitos.

Ratonis bibliotecaris - especie que se puede confundir en ocasiones con la autóctona de similares costumbres, pero que distinguiremos de ésta por ir cargada siempre de al menos dos diccionarios bilingües que consulta sin cesar. Se sienten cómodos en rincones de la biblioteca en penumbra, y por lo común anidan en mesas de estudio individuales paneladas a ambos lados y rodeados de varias pilas de libros de toda índole. Generalmente, la raza se ve afectada por una degeneración de su agudeza visual que les obliga a utilizar lentes, soliendo ser éstas de las conocidas vulgarmente como culo-de-botella. Extremadamente callados, tímidos en su interacción con otras especies, son sin embargo brillantes estudiantes que obtienen resultados espectaculares en sus carreras. Por esta razón, los leones del reino académico gustan de rodearse de ellos en sus tarimas, siendo a su vez peculiarmente populares en época de exámenes entre especímenes de otras razas a quienes les atrae más campar por la sabana que hibernar en la biblioteca.

Modernitus candemtownicus - especie que durante dos décadas permaneció casi en peligro de extinción (entre el final de los almodovarianos ochenta y el principio del ecologista siglo veintiuno) pero que vuelve a resurgir con ligeras modificaciones en sus costumbres. Se caracterizan principalmente por ser carne de mercadillo y por proclamar a los cuatro vientos sus ideas anti-sistema. Se ha comprobado que el 90% de los especímenes estudiados de esta raza llevan al cuello una versión moderna del pañuelo llamado palestina, y gastan vaqueros raídos y zapatillas deportivas estilo años setenta. Dicen que leen El País, y que votan al PSOE o se abstienen. Que pertenecen a Greenpeace o Adena, que reciclan a diario, y que si pudieran vivirían en una casa de okupas. Nada de lo anterior ha podido contrastrarse científicamente. Estudios radicales publicados recientemente han podido demostrar, de hecho, que la mayoría de ellos ha estudiado en colegio privado religioso, lleva raídos los vaqueros último modelo de DKNY o Hugo Boss, veranea en Oropesa del Mar, y ha pagado más de cien libras por esas playeras que parecen de tercer o cuarto pie. Como terapia para aguantarse a sí mismos, fuman marihuana con el dinero que les envían sus papis cada mes para su manutención, y luego trabajan vendiendo collarines de cuentas y pulseras de cuero en Candem los fines de semana.

Solitarium agazapatis - se caracteriza por recorrer los pasillos de la biblioteca escondiéndose de la manada a la salida y entrada de las clases comunes, y por engullir su bocadillo ya preparado en casa en un rincón alejado de la multitud. No acostumbra a comunicarse con sus congéneres dentro de la jaula, sin embargo se aproxima sibilinamente a cualesquiera otro ejemplar cuyo origen ibérico sospeche y, cuando éste se encuentra totalmente desprevenido para inventar una excusa plausible o dialecto ininteligible de respuesta, le espeta su más mortífera cuestión: “¿Eres español?”. A continuación la víctima sucumbe al menos a tres cuartos de hora de ininterrumpida verborrea con la que el atacante se ve libre de su contenida expresividad, para cesar repentinamente el torrente monologuista y continuar su camino silencioso y solitario. Son extremadamente peligrosos: se recomienda especial protección y nunca, jamás, responderles cuando acometen su ataque con otra pregunta y menos personal, pues podría darles pie a que considerasen a uno su amigo e incluso le pidiesen el teléfono móvil. Son muy traicioneros, no hay borde capaz de negárselo.

Erasmus interruptus - quizás la especie más universalmente reconocida, pues sus características trascienden fronteras, si bien los erasmus interruptus hispanicus se distinguen por ciertas particularidades del tronco común catalogado como erasmus interruptus europensis. Siempre van en grupos, al menos de cuatro o cinco ejemplares, y sienten pánico al alejamiento de la manada. Son extremadamente ruidosos y vociferantes y su lengua de comunicación es exclusivamente la de Cervantes: se ha demostrado que les salen aftas en el paladar si intentan comunicarse con algún especímen autóctono en el idioma local, excepción hecha de aquellos que regenten establecimientos de bebidas alcohólicas. Se caracterizan por su actividad nocturna, su apego a las costumbres y comidas patrias, sus largas conversaciones en el messenger con los amigos originarios de la selva española, y la entonación de la frase “Tío, hoy hay fiesta en casa de...” seguido del nombre con el que se conozca a alguno de sus congéneres. Sus ritos de apareamiento son curiosos: tienden a copular con especímenes de su misma raza pero de distintas comunidades autónomas... que por algo vinieron al extranjero. De este modo se establece entre ellos una red de contactos que se extiende por toda la geografía patria y que tiene consecuencias inmediatas en el futuro: vacaciones gratis visitando ex-compis de aventura ultramar. La frenética actividad de ocio para la que están preparados en su código genético se ve infrecuentemente interrumpida por su aparición en una clase o seminario, normalmente para quejarse de lo mal que imparte el profesor la asignatura o de lo difícil que es escribir un ensayo en inglés. Se recomienda encarecidamente alejarse de ellos como de la peste si lo que uno busca es una experiencia nueva y descubrir la idiosincrasia de la fauna nativa.

Firmado: el inefable Lirón Careto (quien, por cierto, agradecería comentarios o pistas sobre nuevas especies que incluir en su catálogo).

21 de noviembre de 2008

Diseccionando a Mrs. Alves

Ya estoy instalada en mi nueva casa, que se parece mucho más a un hogar que el clínicamente albo alojamiento que compartí previamente con la más Tosca de las gatas y su muy mercadera-de-Venecia dueña (para quienes no os tropezasteis conmigo y mis cotilleos la semana pasada digo esto por su apego al vil metal y sus ahorrativas medidas como anfitriona). Os inserto por estos párrafos un par de fotografías para que veáis la residencia de Mrs. Alves, a ver si así alguien se anima a coger el camino de baldosas amarillas que os traerá a mi Oz particular, que mucho ay-que-bien-Londres-te-voy-a-visitar-fijo y aquí sigo, esperando vuestros agasajos viajeros cual Julián Muñoz en la trena desesperando por la alegre viuda reconvertida en tonadillera.

En fin, os cuento que nada mas llegar, y apenas a los dos segundos de abrir la puerta, lo primero que me encontré fueron las patucas de un perro pulgoso ladrador poco mordedor sobre mis rodillas. Al menos era pequeño y, aunque no tan adorable como nuestra querida Phoebe, digno de mis atemperadas simpatías… sobre todo cuando me enteré de que solo iba a estar en la casa un par de días, pues mi casera se había ofrecido a cuidar del chucho (digo, perrito lindo) mientras su dueño permanecía ingresado en el hospital. Así pues, despejado mi horizonte cohabitacional de indeseadas mascotas, tomé posesión de mi nuevo cuarto con vistas al jardín… y de ahí a unas hermosas vías de tren. Ah, la vida en la gran metrópoli: naturaleza y progreso de la mano. Por fortuna, no hay trenes nocturnos así que por el momento no me desvela ningún expreso de medianoche.

La vida en esta casa es muy dicharachera. Todo el silencioso karma que se me quedó por lo poco que me dirigió el verbo la anterior casera lo está compensando ésta sin saberlo. Es un polvorín, y ya quisiera yo llegar a los sesenta con su vitalidad. Ha hecho suyo el calificativo de viuda alegre sin las connotaciones peyorativas de antaño, y por daros un nimio apunte ilustrativo del torbellino de actividades de esta mujer, aquí la tenéis, un jueves en plena hora punta, bailando tangos en Blackfriars Bridge para hacer una colecta no recuerdo con qué caritativo fin:

Si a sus danzarinas frivolidades, añadimos tres nietos en edad de merecer (un sopapo); que recibe a dos de sus vecinos, viudos ellos también (ejem, ejem) a diario para agasajarles con un desayuno inglés que me hace sospechar que la han nombrado albacea testamentaria y se los quiere quitar de en medio a base de chutes de colesterol; que acude a un taller de adornos navideños todas las tardes para venderlos en una feria aquí en Richmond dentro de dos semanas; y que en el hall de entrada hay una foto de ella con Ronaldihno y otra subida en un camello en Egipto vestida con sari…pues eso, que estoy por dejar las clases en Roehampton y dedicarme a subtitular la vida de esta señora, que me parece más de película que las del mismísimo Jolibú.

Y hablando de subtítulos, el curso avanza vertiginosamente y el tiempo libre para teclear diarios virtuales comienza a escasear. Esta semana entregamos nuestros primeros trabajos/exámenes del trimestre, y el día anterior a última hora de la tarde… ¿alguien adivina de qué nacionalidad eran los cuatro estudiantes que estaban a mitad de camino de terminar sus correspondientes entregas para ser evaluadas? ¡Bingo! Los españoles, y olé. Algo tendrá la idiosincrasia patria que nos impide cumplir con los plazos marcados si no es previa noche en vela. O será que trabajamos mejor bajo presión… el caso es que pasó por allí la germana del curso, que os juro que es una extra de cine negro serie B y hace siempre de espía mala del otro lado del telón de acero, y se inquietó al vernos tan afanados por lo que preguntó si se había olvidado ella de hacer algún deber. Al sacarla de dudas diciéndole que estábamos con lo que se nos había encomendado hacer hacía mes y medio, nos miró con los ojos como platos, se atusó su milimétricamente recortado flequillo, y nos espetó (en perfecto español, para mayor retraca): No entiendo porque dejamos que vuestro país entrase en la Unión Europea, claramente deberíais seguir en el tercer mundo… Y con paso prusiano se dirigió a la puerta de salida dejándonos tan perplejos como acomplejados.

Quisiera seguir divagando pero habré de ponerme dedos a la tecla en otros menesteres más profesionales, no vaya a ser que por mi culpa ZP y Moratinos acaben reuniéndose con los zulúes y tutsis en una cumbre hispano-africana que nos coloque donde debemos estar. O sea, con esos salvajes que no saben más que danzar y cazar antílopes, caramba, con lo bien que se pasa uno la vida instalando interminablemente la pieza AR-765-B que cierra la tapa del delco del Volkswagen Polo ultimo modelo…

Se despide, desde la remota selva, la gitana hechicera marabú de la tribu hispana. Que Manitú os guarde (en especial de Angela Merkel).

11 de noviembre de 2008

Pequeño y patriótico paréntesis

Adivina adivinanza: ¿a qué maravilloso rincón del verde universo de la Europa occidental se corresponde la fotografía que enmarca estas líneas y asombra vuestras retinas?

¿Suiza? Congelado. ¿Escocia? Frío, frío. ¿Pirineos? Templadete. ¿Picos de Europa? Vamos calentando. ¿Parque de Redes? Caliente, caliente. ¿Montañas rodeando la irreductible aldea coyana de Rioseco de Sobrescobio? Nos hemos quemado.

Pues sí, para aquellos que aún no me habéis visto mi nuevo peinado en persona... ¡estoy en la patria querida! No, no he huído despavorida de los escaparates pre-navideños cuyas miles de lucecitas inundan la otrora tranquilidad de los paseos por Londres. Tampoco me han dado escobazo los directores del máster por haberme cargado una de sus maquinitas subtituladoras y como daño colateral el sistema informático del departamento de traducción. Ni, por el momento, ha podido la morriña conmigo y me ha prescrito el psicoanalista un retorno al cobijo familiar por precaución emocional.

La explicación es bien sencilla. Existe desde tiempos inmemoriales un concepto mágico en la liturgia cuatrimestral académica británica llamado reading week, que no es otra cosa entiendo yo que los puentes propios de países de proverbial apego al santoral católico (de los que en Inglaterra no disfrutamos nunca) trasladados e hilvanados en una semana a mitad de período escolar. Llámenlo como quieran, pero no sé si por impulso lector o por desapego a la tierra de acogida, el caso es que la mayoría de los extranjeros del máster han puesto pies en polvorosa subidos casi todos en aviones color naranja (la crisis pesa) rumbo a los lares que les vieron nacer. Y una no iba a ser menos y quedarse solitaria vigilando el fuerte por si vienen los indios ara-pa-joé...

Si así es, que arranquen la cabellera a quien encuentren, que esta menda se halla demasiado ocupada poniéndose al día de la actualidad astur. Ya daré buena cuenta en sucesivos disparates informativos de mis encuentros y actividades, que está siendo una visita muy intensa, divertida e interesante.

5 de noviembre de 2008

Barak Obama... we could!

Aaaaameeeericanos, os aplaudimos con alegria...
Ole mi Obama, ole su mare y ole su tiiiia!!!
NOTA: Entónese el estribillo precedente cual Lolita Sevilla postatlántica y pónganse, queridos lectores, sus mejores galas cual Pepe Isbert porque hoy es un gran dia.

Ayer por la noche estuve en una fiesta al lado de la embajada americana*, junto con yo creo que los 250.000 yankees que viven en Londres, menudo ambientazo. Aguanté nada más que hasta las dos de la madrugada pero ya estaba clara la victoria. Las ojeras y el cansancio de hoy merecen la pena...
Y cierro esta breve e ilusionante entrada parafraseando al que fue en un brillante momento el gran filósofo de Soto de Agües, concejo de Sobrescobio: No hay na, na más que decir.

* Me acordé mucho de ti, querido amigo J., transnochador electoral como esta menda y presentador telenoticiero en otra capital. Otro momento histórico para contar a los nietos...

3 de noviembre de 2008

Eppur... Patricia si muove!

¡Me mudo de residencia a finales de semana! No puedo evitar el recurso al énfasis exclamativo porque os diré que la búsqueda de cobijo carente de inquilino gatuno (sin descuento en el montante del alquiler) ha resultado de lo más trabajosa. Y la he encontrado entre Richmond Park y Kew Gardens, rodeada de verde, y a distancia caminante de la universidad. Un lujo. Esta será por el momento, al menos hasta que regrese a casa como una muñeca de Famosa que haya perdido el camino al portal, mi nueva dirección en el civilizado oeste de Londres:
101 Manor Grove
TW9 4QQ [me encanta vivir en un código que termina en cúcú]

Richmond
Tomad buena nota de ella todos aquellos que habéis inundado mi buzón con prolija correspondencia estos meses pasados, no vaya a ser que el caudal incontenible de vuestras epístolas se pierda con los avatares de la mudanza. O sea, para quien todavía no haya pillado la hipérbole sarcástica: queridos administrativos del banco NatWest, secretarias de la universidad de Roehampton, y muy pamplonica y enfermeril amiga N., únicos seres inasequibles al desaliento que parecéis saber definir el concepto sobre y sello, amén de utilizarlo como es menester... cesad temporalmente vuestros denodados esfuerzos escribaniles hasta que el eficaz servicio de correos de su graciosa majestad se encuentre al corriente de mi redomiciliación.
En fin, como decíamos en el párrafo anterior, por el momento no me atrevo a utilizar un tiempo futuro indefinido para conjugar la duración de mi estancia en estos nuevos aposentos, pero sí puedo adelantaros que tanto la descripción de los mismos como las circunstancias personales de mi recién conocida casera prometen una estancia grata y nada rutinaria. Se trata de una alegre divorciada a quien, por el presente y hasta que la familiaridad del trato me remita a su nombre de pila, apelaré Ms. Alves. Matrona británica concluyendo la cincuentena, aficionada a la jardinería, la historia, la música clásica y los paseos campestres. Cultiva su propio huerto en la parte trasera de la casa, y recibe con frecuencia la visita de sus dos retoños treintañeros a quienes tiene reubicados en independencia por el anchuroso Londres pero todavía unidos a ella por ese poderoso cordón umbilical del matriarcado postmoderno llamado “tupperware”. En la amplia mansión que me acogerá no es la mía la única alcoba que genera ganancias exentas de impuestos, sino que hay otras dos que reciben también exiliados de todo género y condición, comme moi même. Presiento divertidas tardes de tertulia con un inglés, un francés y una española... cada uno contando la feria como la vive.
Por lo demás, y desterrando el trueque de casas al que me veo abocada, los días siguen transcurriendo plácidos a esta orilla del Canal de la Mancha. Las temperaturas han decidido recordarnos drástica y repentinamente que el invierno asoma las orejas y la semana pasada disfrutamos de varios días a bajo cero e incluso de una pequeña capa de nieve en pleno centro de Londres (suceso que no tenía lugar desde hacía 70 años a estas alturas del año, pero habrá quien todavía niegue que el cambio climático existe).
Mi persona notó el vértigo de grados celsius particularmente, puesto que mi ropa de invierno aún descansaba en una maleta en Portsmouth desde principios de septiembre. Si además tenemos en cuenta que la capa de grasa que rodea mi esqueleto es más bien magra, comprenderéis que la rebequina que en las noches de estío asturiano se impone como moda y artículo de primera necesidad, no me sirvió más que de moquero auxiliar estos días pasados. Así que ante la alternativa de cebarme a base de bacon y salchichas hasta aumentar el diámetro de protección lípida aislante bajo mi epidermis o bien acudir a la costa sureña a recoger mi equipaje, esta menda saltó cual gacela al tren, a la oportunidad de abandonar la capital por unas horas, a la alegría de reencontrarse con un miembro de la familia, y a la bendición de una cordial invitación a comida casera.
Mi primo O., gijonés de religión y marino de profesión, se encuentra destinado en Portsmouth un par de años (para aquellos que os preguntéis qué demonios hacía una maleta mía allí). Su casa es, ¿cómo decirlo sin que se me salten las lágrimas?, un oasis de delicias culinarias contrabandeadas desde la madre patria en el que debe ser un maletero fabricado por Mary Poppins puesto que hasta una pata de jamón con su correspondiente soporte para cortar, y una cafetera exprés que ya quisieran tener en el Café Dindurra, han sido vistas por la costa de Pompey... que no se entere el Departamento de Regulación Sanitaria de lo del ibérico, que se lo requisan.
Dejando durante un rato el timón por los fogones, y una vez recuperado de la impresión de oir de mis propios labios que no me gusta la fabada, mi primo preparó una comida que a mí me pareció un festín tras varias semanas hecha al humilde recetario hispano-británico de la que firma estas líneas. Querida tía B., que te llegarán noticias de estos aconteceres por vía Zapico (mami, llama), has de saber que tu hijo es digno heredero del savoir faire culinario y las virtudes como anfitriona de su madre. Comimos fabines pintes con arroz, plato favorito mío conocido en tiempos menos políticamente correctos como "moros y cristianos", cocidas con un choricín de Rioseco que fue ya el culmen de la delicatessen. Y de postre, el Sporting arrasó en el Molinón 3-1 al Numancia... ¿qué más se puede pedir a un domingo, jeje?
Pues eso digo yo, que Hamilton no hubiese ganado el mundial de Formula 1. Pero todo no se puede tener... ¿o sí, Obama? A ver si el descolorido yankee nos quita el disgusto de ver de champion al negrito brit que no se lava con Micolor. Mañana lo sabremos, hoy me contento con despedirme cantando WE CAN.

1 de noviembre de 2008

Fantasia epistolar en homenaje a LA AUTORA*

Londres, 1 de noviembre

Querida Cassandra:
Confío en que recibas pronto estas líneas y puedas favorecerme con otra de tus ingeniosas cartas antes de que me mude de domicilio, hecho que tendrá lugar a finales de la próxima semana. La brevedad de mi estancia con Ms. Bennett no ha impedido que la considere con cierto afecto, pues han sido gratas mis semanas en su hogar (soslayando la enojosa presencia de su adorada gata) así que no puedo evitar mirar en derredor ya con nostalgia pensando en despedirme del entorno que se ha convertido en familiar para mí. Aunque sé que te intrigará no recibir en estos momentos una detallada descripción de mi rutilante futuro hospedaje, queda descuidada pues lo haré en cuanto termine la mudanza a mis nuevos aposentos que estoy segura contarán con tu aprobación.

Mis días en esta ciudad transcurren veloces entre multitudes, así que no te extrañará que te confiese echar de menos en ocasiones la tranquila soledad de la vida en el campo y nuestras conversaciones intrascendentes. Pero, querida hermana, sabrás que no siendo de natural quejicoso hago todo lo posible por aprovechar al máximo mi tiempo en la capital. En este sentido, las postreras jornadas están resultando de lo más entretenidas, por lo que pasaré a relatártelas:

Nuestro querido primo A. está pasando aquí unos días, visitando viejos camaradas de la universidad, y ha tenido la amabilidad de requerir mi compañía en sus recorridos por los museos de la ciudad. Así, ayer mismo inspeccionamos el moderno recinto del Museo del Diseño, en la orilla sur del Támesis, donde me deleité en la visión de la porcelana diseñada por la ovetense Patricia Urquiola… oh, querida, ¡la envidia que advertiríamos en los rostros de nuestras amistades de serles servido el té en semejantes juegos! No pude evitar detenerme a escudriñar los intrincados detalles de los prototipos expuestos, suspirando por la imposibilidad de adquirirlos teniendo en cuenta que nuestro padre nos ha dejado en herencia una renta de tan solo £2,000 al año. Pero olvidemos la vulgaridad monetaria, y déjame decirte lo mucho que me recreé en la contemplación de la psicodélica obra gráfica de Alan Aldridge, y sobre todo en la exposición titulada “Ciudades de Diseño” guiada por las doctas explicaciones de nuestro primo más versado en las singularidades de la arquitectura moderna de interiores que una pobre damisela de letras como yo.

Tras adecentar ayer mi otrora lustrosa (y por momentos enfangada) pátina cultural, hoy me vi impulsada a adecuar mi agenda diaria para perseverar en la ilustración de mi mente campesina. Por esta razón, me uní a primera hora de la mañana a un grupo de paseantes que seguían a la dama cuya mera instantánea realza la pobreza literaria de estas líneas. Capitaneados por su delicado bonete, y tutelados por una bien proyectada voz de tiple, transitamos vericuetos londinenses en busca de las señales que una autora antigua de novelas había dejado de sus estancias en la ciudad allá por los albores del siglo XVIII.Mi querida hermana, esto solamente te lo puedo confesar a ti: la vida de esta mujer y su familia se me antojo extrañamente parecida a la nuestra, y de no ser porque vivimos en centurias diferentes y, ciertamente, nuestro padre no es un clérigo empobrecido ni nuestra madre ha alumbrado a ocho criaturas, hubiese llegado a pensar que era objeto de una bufonada… Creo recordar que mencionó su nombre, Jane Austen, y que su última residencia no queda lejos de nuestro Winchester natal, en el pueblo de Chawton. ¿No te resulta curioso? Quizás deberíamos leer alguna de sus novelas, aunque tengo entendido que tratan de trivialidades sociales y de historias románticas sobre damas de impecable virtud, pero escasos recursos, rescatadas de sus vidas anodinas por elegantes caballeros de intachable honor… ¿quién iba a ser tan cándida de creérselo?

Tanta erudición condensada en tan pocas horas me ha hecho plantearme un pequeño viaje más allá de los márgenes de esta ruidosa ciudad. Bien a pesar de que habré de utilizar el poco ventajoso sistema público de transporte del ferrocarril. Oh, querida, que mortificación me provoca la idea de codearme con los excursionistas de todo tipo y condición que aprovechan el descanso dominical para invadir la paz de la campiña. Si hay algo a lo que no acabo de acostumbrarme de la vida en la gran metrópoli es a la laxitud del decoro y el desprecio a las normas de urbanidad otrora imperantes. Parece ser que la moda dicta la misma informalidad en el vestir que en las buenas costumbres, y por darte un ejemplo lacerante aún no me he topado con un joven soltero que me ceda galante su asiento en el metro o me franquee el paso empujando las puertas de las tiendas cuando salgo de compras por Sloane Street. Los hados se están confabulando para que no encuentre a un potencial marido, Cassandra, y mira que de todos es sabido que un hombre joven poseedor de una buena fortuna debe de estar deseoso de encontrar esposa…


Discúlpame por desviarme del curso de mi relato. Lo que quería decirte es que mañana viajaré al sur, a la costera localidad de Portsmouth, a visitar a nuestro entrañable primo O. que como sabes se halla destacado allí con la Armada Real. He recibido una cordial invitación de su parte a unirme a él para el almuerzo, que preparara él mismo (¿entiendes ahora lo que quiero decirte sobre el relajo de la moral? ¡Dónde se había visto antes un oficial de la Armada entre fogones!). No negaré que aguardo con anticipada excitación la posibilidad de entablar amistad con alguno de sus compañeros de armas, pues me he informado bien y todo el regimiento se encuentra en tierra tras varios meses de solitaria navegación. Es muy probable, Cassandra, que si todo transcurre favorablemente te haga llegar noticias por la primera posta que salga hacia Winchester para que acudas a hacer de chaperona, por lo que de esta acariciada posibilidad quedas convenientemente advertida.

He de dejarte por hoy. Espero que todos los nuestros se hallen bien de salud y disfrutando del colorido otoñal en el paisaje de mi añorado Hampshire. Transmítele mis recuerdos a la mujer del vicario y hazle saber que le enviaré tan pronto como pueda la primera edición de los ensayos del Dr. Johnson que tan encarecidamente me encomendó conseguirle.

Afectuosamente tuya,

P.M.Z.

* Que no es la que escribe estas lineas, sino Jane Austen. En tal fecha como hoy, el 1 de noviembre de 1797, el editor londinense Thomas Cadell recibe un manuscrito titulado "Primeras Impresiones" cuya autoria se atribuye simplemente "una dama". Ese mismo dia lo envia de vuelta diciendo que no es material publicable... creo que su fantasma sigue dandose de cabezazos contra una pared en su casa de Mayfair. Aunque no tantos como los de Penguin, que me entere hoy de que habian rechazado en su momento publicar Harry Potter (Petrificus Totalis quedaria el responsable del gambazo).