11 de mayo de 2009

Metro de Sevilla

Resulta ser éste el colectivo medio de transporte del que me he valido estas últimas semanas para atravesar diariamente el trayecto Montequinto-San Juan de Aznalfarache, que me lleva al trabajo desde mi lugar temporal de residencia (circunloquio lingüístico al que acudo para describir una actividad acomodaticia que en círculos antisistema recibe el más adecuado sobriquete de okupación). Convendrán mis lectores conmigo en que un metro no es solamente un metro en ningún lugar del mundo, y mucho menos en los países anglosajones donde bien pueden ser 39,37 pulgadas o bien 3,281 pies, dependiendo de los vicios de quien en tales términos se exprese... 

Pero, ¿por dónde iba? Se desubica una en divagaciones por los cerros de la provincia de Jaén. Ah, sí, que el metro (underground, para los políglotas) es mucho más que una serie de vagones deslizándose por raíles en las profundidades de la tierra, bajo el bullicio de una ciudad que permanece ajena a su paso. El metro, si está bien diseñado, tiene su personalidad propia, su flamante  colorido, como bien demuestran los planos de sus líneas en las grandes urbes mundiales: Tokio, Nueva York, Londres, o Villafranca del Bierzo, sin ir más lejos. Y el suburbano de Sevilla, para mayor gloria de los ingenieros que lo trazaron, los munícipes que lo subsidiaron, y la simpar y magdaleniense ministra fomentina que lo inauguró, no iba a ser menos.

Dicho lo cual, y para que todo el mundo pueda ilustrarse empíricamente sobre la peculiar idiosincrasia que adorna este servicio público sevillano, paso a relatar con tozuda minuciosidad una serie de circunstancias observadas distraídamente en el devenir de mis días siendo transportada en las entrañas de la oruga metálica. Se advierte al lector desprevenido que ningún evento aquí descrito ha sido producto de mi desbordada imaginación, del apego a sustancias psicotrópicas, ni de la relectura de las memorias de Santa Teresa de Ávila. Cualquier parecido con la literatura ugandesa de ciencia ficción es pura coincidencia.

- Se ha tardado más de 20 años en construir y tiene... ¡una sola línea! De la cual, por cierto, cuatro paradas todavía no funcionan. Por las otras tres no me he atrevido a preguntar, pues de buena tinta he sabido que la de Puerta de Jerez no ha podido ser usufructada de momento porque sufrió el colapso de un quiosco de prensa y golosinas varias, que se vino abajo tan de sopetón que a la quiosquera no le dio tiempo más que a salvar su vida sin poder poner el Hola! con las fotos de la operación de mentón (cazo, en castizo) de Letizia a buen recaudo.

- A pesar de la singularidad (literal) de su única línea, los viajes se ven continuamente interrumpidos por "regulación del tráfico". Extrañada ante esto, y observando con todo el detenimiento que mi sagaz e inquisitiva mente me permite a primera hora de la mañana y última de la tarde (o sea, con ninguno), creo haber descubierto el porqué: los conductores aún no se atreven a cruzarse los unos con los otros, y menos cuando el tren acomete una curvatura en su trazado. 

- Las preclaras dotes interpretativas de la cotidianeidad metropolitana determinaron en su momento que no había necesidad alguna de instalar a lo largo y ancho de los vagones más asideros que las cuatro barras metálicas que flanquean cada puerta. Se ignora hasta el momento si fue un mero descuido o una procaz intención de que el pueblo sevillano encontrara bajo tierra la excusa para magrear al prójimo que le valdría más de un improperio a cielo abierto. A los hechos me remito: a falta de mejor agarradera yo misma he sufrido el contumaz acoso de varios jubilados, un estudiante eslovaco, tres marujas que éranse a un carro de la compra pegadas, una niña vestida de faralaes durante la Feria que, para más inri, me clavó la peineta en la pituitaria, un repartidor de butano, y una hermana de la Caridad que no la tuvo para conmigo y a quien observé gozosa por el rabillo del ojo mientras me clavaba el rosario en el esternón.

- ¿Quién dijo que los parques temáticos eran caros? No señor. Cuestan 1,55 euros ida y vuelta. Así es como se debe publicitar el Metro en los pueblos de toda la provincia, con gran algarabía de charangas y convincente megafonía sufragada por el cabildo municipal de turno. Si no, no se explica que nutridos grupos de personas con cara de no haber visto nunca una sucursal de La Caixa (es decir, con poca mundología), inunden continuamente los vagones y acompasen los movimientos de los mismos con exclamaciones bien de excitación bien de caguitis extrema, según discurra con suavidad o brusquedad el trenillo en cuestión.

- Por si fuera poco, numerosos son los sevillanos que hacen de su primer viaje en metro un acontecimiento familiar, trayéndose consigo a los niños, la suegra, la cámara digital para estampar la ocasión, y unos táperes con colines y jamoncito por si la espera se hiciera larga. ¿No me creen? Pues termino esta mi primera y breve incursión en la sociología del transporte urbano hispalense con la voz que se escucha con reiterativa cadencia por los altavoces de las distintas estaciones:

"Atención, para que todos los ciudadanos puedan hacer uso del servicio sin aglomeraciones, por favor, no realicen más trayectos que los imprescindibles"...

Así que ya lo saben, no me sean ustedes esnobs y déjense de viajes a Disneyland Paris: la diversión es más barata a orillas del Guadalquivir. Palabrita del niño Jesús del Gran Poder, y que si miento se le caigan los puntos del último lifting a la duquesa de Alba.

8 de mayo de 2009

Treinta y cinco primaveras

Esas son las que cumple hoy mismo la bella joven que se esconde tras estas líneas. Tan emblemática fecha, a medio camino entre la treintena y la cuarentena, me hace plantearme en cual de las dos cifras redondas prefiero quedarme (mentalmente hablando, entiéndanme). La decisión, para qué nos vamos a autoengañar, es bien fácil. Treintañera de por vida, siguiendo la estela de Anita Obregón, Karina, y Cayetana de Alba, tres preclaros espejos en los que mi madurez y serenidad vital se verán perfectamente reflejados de aquí en adelante...

Aviso, ante lo que supongo una avalancha de envíos de flores y felicitaciones varias de mis lectores, que no firmen las tarjetas (ni siquiera los cheques regalo de Leroy Merlin) con dirección a Sevilla, pues este alma celta huye de la mundana caló hispalense en breves minutos. Me voy a buscar el norte, a ver si con un poco de suerte me llueve encima y además pillo un sonoro catarrazo, que en dos semanas ya tengo complejo de haber iniciado un proceso de momificación y putrefacción epidérmica generalizada al exponer mi delicada superficie norteña a los rigores del Lorenzo sevillano. Treinta y tres grados ayer... a la sombra: con eso lo digo todo. He dejado de preguntarme porqué aquí la gente tiene fama de cierta vagancia, indolencia, y tendencia a la fatiga laboral.

Lo dicho, abandono por un par de días esta curiosa ciudad, de cuya exploración daré cuenta muy pronto en este blog porque hay musha tela que cortá... Me espera una noche en la ópera con mi adorado Juan Diego Flórez. Pues sí, como a mi edad el cuerpo sigue siendo aquel de mi veintena (dijo ella con toda la modestia de la que era capaz), sólo me queda cultivar el intelecto... Y con un poco de suerte consigo un sonado divorcio y un matrimonio exprés con el afamado tenor peruano, y me dedico a partir de ya a recorrer el mundo cabalgando en una semicorchea al compás de mis caprichos.

Serán ustedes debidamente informados, en especial si tienen a bien felicitarme efusivamente. Se agradecerán las muestras de amistad con una participación pírrica en el próximo sorteo de la Lotería de Navidad (o en la tómbola de la parroquia de San Celemín el Cejijunto).

1 de mayo de 2009

Nancy reescribe su tesis

Ozú, quillos. A falta de Sender, tendréis que conformaros con la que suscribe. Celebro las novedades en mi vida personal y laboral con un nuevo título de blog que, todo hay que decirlo, se ajusta más a la realidad que ahora vivo que aquello del London Times...

A partir de hoy, me convierto no solo en sevillana sino en trianera de pura cepa, puesto que es el barrio que he elegido para vivir. Mi icono desde ya mismo ahí lo tenéis: la gran Cayetana, grandísima de todas las Españas y parte del revisteo patrio y extranjero. Que digo yo que algo debe de tener el respirar el olor del azahar en primavera a la vera del Guadalquivir para que siga la Fitzjames-Stuart con ganas de jarana cuando debería ya estar abonando el último pago de su momificación.

Así que, como ella, observaré desde la barrera la vida de esta ciudad y a sus gentes... que por lo poco que he visto hay mucho material de índole antropológico y socio-"curturá" que recopilar.
De momento, habréis de perdonarme por no dar muchas muestras de estar realizando la labor de campo propia de una investigadora tan concienzuda como yo pero... comprended que ahora (¡y no en Londres!) vivo en un país muy extranjero, por mucho que no me hayan pedido pasaporte ni vacunación. El verdadero choque cultural para esta asturiana de Rioseco con vocación de universal comienza aquí: estoy recuperándome todavía de mi paso por la famosa Feria de Abril. Al borde de un coma de identidad me hallo tras una sobreexposición galopante a carretas, casetas, rebujitos, volantes, claveles, farolillos, caballos, flamencas, gitanas, manzanilla, aros, peinetas y demás zarandajas propias del adorno festivo de los oriundos del lugar, a la que se suma haber escuchado en corto espacio de tiempo muchas más sevillanas de las que un cerebro celta es capaz de procesar en 35 años de vida...
Para lograr salvarme, me he puesto en terapia de aislamiento y escribo estas líneas bajo el edredón de mi cama tocada con una montera picona y escuchando los grandes éxitos de Vicente Díaz, Anabel Santiago, y Los Berrones en un remix masterizado para la ocasión. He dejado las madreñas a los pies de la cama, pues no procedía ensuciar las sábanas con los restos de albero ferial que todavía llevan encima.

Me despido hasta muy pronto, no sin antes haceros partícipes de las lecciones aprendidas esta semana:
- No preguntes jamás a una sevillana lo siguiente: "¿Tú también te disfrazas para ir a la Feria?". Bueno, a no ser que quieras que te cataloguen de por vida como una ignorante "desaboría".
- El truco para bailar de cojo-la-manzana-la-muerdo-y-la-tiro funciona solamente con los nacidos allende Despeñaperros (amén de con algunas afortunadas a las que la disciplina de la danza se les da mejor que a mí). Los demás simplemente parece que nos ha dado una convulsión que nos obliga a subir el brazo y luego limpiarnos las babas antes de sacudirlas sobre el suelo.
- Si estás mal del estómago en Sevilla, no pidas manzanilla. O si lo haces, acláralo con quien te sirve o se te pasará la acidez estomacal pero pillarás un colocón de órdago.
- Por mucho que busquéis en los quioscos no hay un Método Maurer de aprendizaje rápido de la fonética sevillana. Hay que aguantarse y sonreír cuando no entendáis nada de lo que os dicen.