19 de diciembre de 2008

¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!


Esta redacción queda cerrada por vacaciones y por estampida navideña de su personal (la que escribe y los que la inspiran) rumbo a los aeropuertos londinenses y, de ahí, a sus respectivos belenes.
Muchas gracias a todos por estar al otro lado de la pantalla estos meses, por vuestros comentarios y mensajes, y por leerme a menudo sin caer dormidos. El año que viene... más.
Entretanto, y por si no os puedo ver a todos estas semanas en Asturias: que disfrutéis de las fiestas, tengais una muy feliz Navidad, entréis alegremente en el 2009... y que siga así el año entero.

Muchos besos.

Pd- si alguno resulta agraciado por los nenes de San Ildefonso y anda escaso de ideas inversoras, le rogaría considere una beca extraordinaria para sufragar los avances subtituladores de cierta estudiante de Roehampton: la comunidad científica le estará profundamente agradecida.
Pd II- no debí confiar mis ahorrillos a Madoff, mi amiga Ali Koplo me lo presentó... en fin, peor parada ha salido la pobre. Sin dinero para turrones se ha quedado esta Navidad.

8 de diciembre de 2008

Recorriendo el Támesis

Hace unos días estuvieron rondando las calles del otrora Londinium dos ex-compañeras de estudios filológicos de la granja-escuela del Milán, sin embargo todavía amigas, y actualmente residentes en Palma de Mallorca. Al parecer, mis queridas P. y E. prefieren rodearse de hijos de la Gran Bretaña iluminadas por los neones de Picadilly y no bajo los haces luminosos de la bola giratoria de Tito’s. Solamente pude acompañarlas un día en sus recorridos, pero confieso que cundió: las calles de Chelsea y Kensington pueden dar cumplida cuenta de ello. La propietaria de los rizos más rubios al oeste del río Piloña y quien suscribe estas líneas tuvimos hasta tiempo de arreglar el mundo a la sombra de una sabrosísima comida de pub (sí, sí, que luego dicen las malas lenguas que en estos pagos se manduca pobremente: falacias). Entretanto, y debido a un enorme atasco que nos pilló parapetadas en la zona alta de un típico autobús, la amiga de Julian Barnes, también conocida como el azote cibernético de Lewis Hamilton, llegaba elegantemente tarde a su propia cita gastronómica. Horas después, concurríamos todas nosotras en el parque temático de los amigos de las letras: una enorme librería con su sección de segunda mano incluída.
Tras este aperitivo creía yo, ilusa de mí, que alguno más de vosotros se desligaría de esa coyuntura del puenteo patrio, indeciso entre Baqueira o Benidorm, y que acudiríais a Britannia a hacerme una visita... mas no hay astures en la costa. Guardaba yo bajo mi manga paseos para mostraros zonas poco conocidas de la capital, que por cierto nos brindó un soleadísimo (aunque de temperatura polar) fin de semana, pero ya veo que tendré que conformarme con estamparlos en el ciberespacio. Así pues, y aprovechando que el Pisuerga de mi inspiración pasa bajo el puente de la Inmaculada Constitución, retomo mis sugerencias turísticas sobre esta inabarcable ciudad. Terapia caminante de esta semana: orillas del río Támesis a su paso por Richmond. Como sabéis, llevo casi un mes viviendo en esta zona del oeste de Londres, y estoy en-can-ta-da de poder disfrutar de la vida en un sitio así. El río pasa por el centro del pueblo y, gracias a una muy bien entendida inversión del ayuntamiento local, sus habitantes pueden pasear por ambas márgenes del Támesis a lo largo de varias millas de idílico recorrido al que con mucha razón le han puesto el nombre de Paseos por la Arcadia. Personalmente, hubiese querido saber tocar la flauta dulce y ser poseedora de al menos un par de ovejas, tres carneros, y un perro de lanas que me acompañasen en mis periplos.
Son varias las alternativas que se le plantean a unos pies inquietos y una mente deseosa de descubrimientos. Tras probarlas todas estos últimos fines de semana, me quedo con este recorrido como mi favorito: Richmond Hill - Ham House - Teddington Lock - Twickenham - Marble Hill House - Richmond Farmers’ Market. Distancia: 8 millas aproximadamente, prácticamente todas en llano. Tiempo: 3 horas a ritmo tranquilo, aunque deberíais contar con más para visitar alguno de los sitios históricos.

Salimos desde el puente de Richmond y comenzamos a caminar río arriba por su orilla izquierda (a veces parece que nos hemos equivocado porque el agua corre en nuestra misma dirección, pero se trata de la marea que llega hasta aquí, a pesar de que estamos varias millas tierra adentro alejados del estuario del Támesis). A apenas media milla de camino, encontraremos una desviación a nuestra izquierda para subir a Richmond Hill a través de unos jardines en terraza que son una maravilla. No os dejéis desanimar por la pronunciada pendiente, el esfuerzo merece la pena y si no ya me lo diréis los que contempléis en persona las vistas desde allí (en un día claro se ve perfectamente la cúpula de St. Paul’s). Bajamos de nuevo al río y continuamos nuestro camino. Pronto dejamos atrás Glover’s Island en medio del río y a su izquierda Petersham Meadows, una pradera inmensa y preciosa donde el ayuntamiento tiene pastando su propio ganado: ¡un centenar de vacas tipo Milka a las que cuidan con mimo y presentan a concursos! ¿Os imaginais a Mapi Felgueroso subiendo a catar al cerro por las mañanas? De Gabino no digo nada, que en Oviedo lo del ganado (vacuno) no se estila, que de otro tipo sobra...
Seguimos nuestro paseo y una vez pasado el campo de polo, se alza ante nosotros la silueta imponente de Ham House. Se trata de una mansión del siglo XVII, época de los Estuardo, perfectamente conservada y con unos jardines espectaculares. Por cierto, nota para aquellas que siempre buscais un sitio perfecto donde matrimoniar: se alquila para celebrar bodas. Pertenece al National Trust y se puede visitar todo el año (Precio: £9,90 casa y jardín; £3,30 jardín solamente).
Volvemos a la orilla del río, y desde aquí hasta Teddington Lock nos encontraremos con la parte más bonita del recorrido. El camino se interna entre arboleda, pasando bajo sauces centenarios, y si os asomáis entre ellos veréis en la otra orilla unas casas espectaculares que, sin duda, y ya que estamos con lo de matrimoniar, os harán pensar a aquellos en edad casadera (¡y a los que no también!) en la posibilidad de seducir a los herederos si los hubiere...
Llegados a Teddington, lugar donde oficialmente termina el mar y empieza el río, hecho que atestigua una placa del Ordnance Survey, faltaría más, habréis de atravesar el Támesis por un puente colgante de hierro, magnífica muestra de ingeniería y diseño victorianos. Y aquí es donde invertimos nuestra marcha e iniciamos el regreso por el otro margen del río. A mitad de camino nos adentramos en el pueblo de Twickenham donde, si aprieta el hambre, os recomiendo comer en cualquiera de los tres pubs que os encontraréis a la vera misma del río: buenas vistas y excelente comida tradicional.
A la salida del pueblo, se pueden visitar gratuitamente dos mansiones: York House y Orleans House. De todas formas, yo os recomendaría ver nada más que los jardines y seguir camino hasta llegar a Marble Hill House. Ésta es una mansión que el rey Jorge II le regaló a su amante para que se refugiase de la azarosa vida cortesana. Su explotación turística corre a cargo del English Heritage y se puede visitar (Precio: £ 4,10). Se trata de la casa blanca que veis en las fotos, y al contemplarla empieza una a entender a Camila Parker-Bowles y su apego a las orejas de Charles. Como efecto secundario suele pasársenos por la cabeza a las féminas un encuentro casual con Harry o William que nos saque del arroyo y nos sitúe a orillas del Támesis...
Con este sueño rondádoos la cabeza, y el trinar de pájaros interno acompasado por el propio de la naturaleza marcando el ritmo de las últimas millas, llegaréis sanos y salvos a Richmond. Si habéis decidido emprender esta aventura un sábado, cosa que sugiero vivamente, al regresar al puente veréis a vuestra derecha unos escalones que llevan a un patio interior en unos edificios de aspecto georgiano. Pues bien, allí se celebra todos los sábados un mercado de granjeros donde hay una variedad de puestos con productos riquísimos que os permitirán recuperar todas y cada una de las calorías perdidas con el ejercicio.

Cómo llegar: metro District Line hasta el centro del pueblo. El camino hacia el río está señalado, y apenas os llevará cinco minutos atravesando Richmond Green y pasando al lado de los restos de Richmond Palace (donde murió mi idolatrada Isabel Tudor). Una vez en la orilla, giraremos a la izquierda, viendo Richmond Bridge frente a nosotros, y continuaremos camino en esa dirección siguiendo las indicaciones que he descrito antes.

4 de diciembre de 2008

Por si los suspicaces...

Habrá quien piense que en mi anterior entrada dejé volar lontanos los intríngulis de mi magín, aterrizando con mis posaderas en la trampa de ese recurso literario tan agradecido llamado exageración.
Os presento hoy pruebas tan gráficas como sustanciales del atentado estético-luminoso perpetrado por el vecino del número 37, para que comprobéis que todo lo que aparece en las líneas de esta publicación puede ser fehacientemente contrastado.
No ha nacido una para ser tentada por los tabloides nativos de estos periodísticos reinos, de momento... que un buen cheque y la posibilidad de poner a caldo perejil a los Windsor tientan la moral de cualquiera que viva de alquiler.

Como se os queda el cuerpo? Tiritando... de miedo, que no de frío. Pues esto lo veo yo a diario y todavía no he cogido la escopeta de cañones recortados (más que nada porque la tiene mi hermana para cargarse los altavoces que cantan villancicos por las calles de la capital astur). Todo llegará...

1 de diciembre de 2008

Navidad, ¿dulce Navidad?

Ya inauguramos el último mes del año. Qué rápido pasan los días… o mejor dicho casi las “noches”, en esta excéntrica isla extraviada más al norte que mi patria natal y donde las oscuridades del atardecer nos caen encima a la temprana hora de las cuatro de la tarde.
1 del 12. A tan sólo 24 días de pantagruélicas cenas. A 25 de regalos en las casas heréticas que creen en ese señor gordo vestido de anuncio de Cocacola. A 31 de atragantones con frutos de la vid empepitados. Y, en mi caso, a 12 del inicio de los exámenes, a 15 de la entrega de trabajos fin de trimestre, y a 17 de partir rumbo al portal astur a armar (tan literal como artísticamente) el belén con mi hermana y nuestra querida amiga y vecina N. como mandan añejas costumbres…
Va siendo época de contabilidades. De calcular costes y beneficios de nuestro alegre paso por el planeta en 2008. De arrojar balances sobre el ritmo marcado estos 365 días pasados. Y en un contexto internacional tan dado a hablar de crisis numéricas últimamente, el ser que suscribe estos párrafos, paladín (a la taza) donde lo hubiere por la defensa a ultranza de las letras… resulta que hoy tiene apetencia de números. Hoy, para salir de la rutina, seré Pitagorina. Compartiré con vosotros las cifras que me rodean, a ver si entre todos me ayudáis a que me salgan las cuentas:

4… grados de máxima a los que cuece hoy mi cerebro en el exterior.
43… grados de mínima a los que los infernales responsables de las calderas de esta universidad mantienen el termostato en el laboratorio de idiomas.
32456… calorías de más consumidas en lo postrero ante el acoso al que me someten los dulces navideños expuestos (metidos en la cara sería más explícito) en los supermercados y delis varios del barrio.
6… kilómetros de recorrido a través del parque de Richmond de mi casa a Roehampton, multiplicados por los 17 días y por 2 correspondientes ida y vuelta, hacen un total de…
20400… metros recorridos antes de partir de aquí en solamente 2 semanas. Polvorones, ¡podéis venir a mí!
32… estornudos ha soltado la polaca que subtitula a mi lado.
3… sustancias semiverdosas de aspecto viscoso adornan mi pantalla estorbando mi visión.
89560… bombillitas y lucecitas de mil colores ha puesto por toda la fachada y elementos exteriores de su jardín el horterísimo dueño de la casa número 37 de la calle Manor Grove.
1… detención policial en nuestra calle, la noche pasada. Al parecer un borracho intentó pagar su entrada en el número 37 para que la atribulada esposa del luminofílico precedente le permitiese conocer a sus chicas, habiendo tomado la residencia por un burdel.
8… invitaciones recibidas a distintos eventos de entrañable camaradería prevacacional.
0… excusas plausibles para no acudir a ellas (igual si me acerco a la polaca acatarrada, logro algo).
765… euros que necesitaría de presupuesto para comprarles a mis seres queridos los regalos que se merecen para estas fiestas.
35… libras me quedan en la cuenta del banco a fin de trimestre. El amor es impagable, familia, amigos… no lo olvideis.
48… postales pendientes de escribir.
4… llamadas a la dirección administrativa del Royal Mail por ver si ofrecen descuentos.
0… respuestas positivas al respecto.

La lista, como aquella ecuación cuya incógnita nunca lográbamos despejar en nuestros años escolares, tiende a infinito. Mejor será pues que la deje, para no arriesgarme a cosas como:
45… receptores de mi gacetilla cibernética.
349… bostezos por minuto al recibir esta entrada.
Eso sí, queridos todos, voy a apelar al sentimiento de fraternal amistad que inspiran estas entrañables fiestas (españoles y españolas, os digo yo desde la Zarzuela), y lanzar un comentario digno de la retranca más sardónica de Mr. Scrooge antes de haber visto a los tres fantasmas. Escudaos, que el hacha va con múltiples filos y a la yugular:
28… personas prometieron venir a visitarme en Londres.
0… patatero… de ellas han cumplido lo dicho.

Este año si no os llega postal… es culpa del Royal Mail. ¿Rencorosilla yo? Para nada. Ca un ye ca un, y K-2 una piragua.