27 de octubre de 2008

Mi mundo al microscopio

Últimamente estoy fascinada con las historias personales que me encuentro en mi camino y hace días que quería dejar constancia en este confesionario de lo que me sorprende la gente que pulula por este curioso mundo. Cierto es que debería de estar curada de espanto, que algo de mundología guardaré en mis alforjas tras mis humildes trotes cruzando meridianos y paralelos (no tantos como la zorra que presenta el Lonely Planet, dicho sea de paso), y que cuando una sale del terruño que la vio nacer, tan céltico aquello encerrado entre montañas, se encuentra paisajes y paisanajes de lo más dispar. Sin embargo, y en mis circunstancias actuales, yo no dejo de sorprenderme con el microcosmos de mis compis de peripecias propedéuticas. De lo que se entera una prestando un poco de atención, y eso que no es portera de nacimiento...
Resúltase que la directora de nuestro curso, antes que traductora fue... Sonsoles Espinosa. No la esposa de ZP en su misma mismidad sino, de profesión, soprano. Abandonó las arias según ella al hacerse vegetariana, perla que soltó sin añadir nada más, así que estoy elaborando una teoría del eslabón perdido entre Violeta Valery y un chuletón a la parrilla. Efectivamente, de momento mis investigaciones no arrojan resultados con pinta de exitosos.
Descubrí también esta semana que mi entrenador en el noble deporte de la subtitulación fílmica periambula por la otra acera, elección que me parece estupendamente acertada y más en un griego (y no voy ahondar en la facilidad del chiste por no insultar la inteligencia propia y ajena), pero que conste que me pilló por sorpresa... ¡a mí!... que hace años decidí que todo el mundo es gay hasta que se demuestre lo contrario. Creedme, se lleva una menos sorpresas que tomándose la vida (sexual) de los demás en viceversa.
Como culmen de una semana tan fructífera en material para una fotonovela, este sábado pasado fuimos unos cuantos alumnos del máster a ver una obra de teatro al Barbican. Tras el solaz cultural de nuestras aplicadas almas de estudiantes, decidimos estrechar los aún frágiles lazos de nuestra incipiente camaradería allegándonos al típico pub de añeja atmósfera, con sus sofás de piel gastada, su moqueta plagada de arcanas manchas, sus taburetes tapizados con las cortinas que tiró Barbara Cartland y sus precios pre-crisis económica (o eso considero yo £4 por una copa de vino perronero medido al milímetro). Misterios de la ingesta de alcohol, la gente que en clase te da gruñendo los buenos días pasa repentinamente a querer confesarte sus más recónditos anhelos vitales. Y una, que es una gran “escuchante”, aprendió mucho en aquel distendido ambiente... Por ejemplo, que la alumna que se presentó el primer día como brasileña habla perfectamente japonés, pues se educó entre ambos países, no conseguí averiguar porqué (NOTA: se ofrece recompensa a quien consiga encontrar la relación entre bailar la samba y ser samurai). Que la chica griega mencionó como quien no quiere la cosa que su marido estaba en el Sáhara corriendo un maratón (NOTA: se ofrece una suculenta segunda recompensa a quien le encuentre la intríngulis a ser tan memo de pasar por el agobio de correr un maratón con el agravante de hacerlo en pleno desierto). Que el novio de una de las francesas, que vino de acompañante, creció en una granja en África, que no era la de Karen Blixen pero casi, y hasta los veinte años no había estado nunca en una ciudad, solamente en la sabana mirando los ñus pasar (NOTA: me ofrezco ser ángel de la guarda para toda la eternidad de quien me haga el hara-kiri sin dolor).
¡Y pensar que me parecía que la hippy postmodernista de alegre pedalear era lo más exótico de la clase! Llegado el turno de ser interrogada informalmente por mi contexto personal no pude evitar aferrarme a una socorrida evasión humorística:
- “Esto, pues yo tengo un primo segundo por parte de madre que hizo la mili en Albacete”...
Ni que decir tiene que nadie, ni siquiera los españoles (y menos el de Albacete, bocazas de mí), pareció pillar la gracia, así que opté por hundirme en el sofá del pub deseando desaparecer como una moneda perdida por entre los asientos. Prometí en ese instante no caer en la tentación de casarme con nadie a no ser que haya nacido más allá de Mieres del Camino y tenga como pasatiempo favorito superar los récords aventureros de Álvaro de Marichalar, como mínimo. Entendedlo los afectados, lo hago por el futuro de mi descendencia, que no se sientan marginados si algún día salen a conocer mundo.
Y es que, como Carrie*, una no puede evitar preguntarse... ¿seré la única en esta ciudad con una familia normal y un pasado aburrido?

* Dícese de Carrie Bradshaw, protagonista de esa biblia televisiva de la mujer cosmopolita contemporánea titulada Sex & the City… por si los neófitos.

22 de octubre de 2008

Donde éramos pocos...

... llega el circo a la ciudad. No, no es un recurso hiperbólico al que haya tenido que acudir para haceros partícipes, por ejemplo, de que Paris Hilton lleva unas semanas en Londres y por ende asomando constantemente en los tabloides, con su careto de sonrisa indescifrable y sus comentarios de alto valor intelectual amenizándonos los viajes en metro. La chiquilla está grabando un programa cuyo principal patrocinador debe de ser Mayoral o Donetes, puesto que el intríngulis del mismo consiste en que la heredera de la cadena Hilton encuentre en esta ciudad a su mejor amigo o amiga. Os lo cuento por si os interesa mudaros acá y haceros los encontradizos con el cerebro rubio con patas, que puede ser una solución a la crisis económica universal como otra cualquiera.
Tampoco esta entrada circense tiene nada de metafórico en relación al divorcio de Madge (eso es Madonna según la llaman aquí) y Guy, asunto del que ya nos sabemos hasta lo que declaró un día al Daily Mirror el primo segundo del maestro encerador que le prepara las velas customizadas para la cábala a la artista pop anteriormente conocida como la ambición rubia. Esto os lo cuento, abogados del mundo con conocimientos de idiomas que me leáis, porque también puede ser una vía de escape a la decadencia financiera que asola nuestro planeta como otra cualquiera.
Lo cierto, queridos lectores y sin embargo todavía amigos (y algún pariente que negará su apellido tres y más veces), es que el circo simplemente se ha instalado en la ciudad. Y no un circo ordinario y vulgar de fiesta de pueblo, no, no. El circo estatal chino ni más ni menos. Con su enorme carpa china, sus docenas de carromatos chinos, sus miles de lucecitas chinas, su música ensordecera china, sus animales de toda especie incluída la china, y sus cientos de circenses chinos... Y a mí me ha tocado la ídem porque -con lo grande que es esta ciudad, Confucio mío- se ha tenido que aposentar en el maldito césped del parque frente a mi casa. Huelga decir que aquí no hay quien viva. Vamos, hasta Tosca se ha puesto en huelga de hambre y no se come sus Whiskas hasta que se vayan los malditos hijos de la Gran Muralla... eh, eh, no me miréis así que lo ha dicho ella, yo no. Esta es la imagen en tecnicolor de la tortura china:

Personalmente, está pasándome una corriente filosófica por las venas que me dice que cuando una no puede con el enemigo lo más sabio es unirse a él. ¿Por qué no? No sería la primera en dejarlo todo por el circo: ahí tenéis a Bárbara Rey y a Estefanía de Mónaco. O a la Princesa Letizia. Además, ya que no encuentro casa, trocaría mi vacío habitacional por un carromato último modelo chino con wok incorporado, que ya me diréis si no es una mejora sustancial. Para mayor elevación espiritual mía, iniciaría una vida nómada, sin ataduras ni compromisos más allá de los propiamente circenses, y recorrería mundo tal y como mi alma viajera anhela.
No os sorprenderá, pues, que os confiese haber ido a dejar mi currículo a la puerta del circo. Todo un problema, porque los circos puerta, lo que se dice puerta, no tienen. Y mucho menos timbre. Tampoco conserje, o si lo tenía era un chino y a ver cómo lo distingo yo de los demás. Así que no me quedó más remedio que pasarlo por debajo de la carpa y confiar en que no lo recicle la mujer china barbuda (pobre, qué dos cruces le cayeron) para redactar su dimisión puesto que descubrió en un paseo por el Soho una clínica de depilación láser con un programa gratuito de afeitado facial para inmigrantes de países excomunistas arrepentidos -los inmigrantes, no los países.
¿Sabéis lo peor? Que mientras regresaba a casa trotando feliz por el campo pensando en mi futuro artístico, se instaló un nubarrón de malos presentimientos en mi cabeza: ¿y si me rechazan? ¿Y si, cruel avatar, no sirvo ni para el circo (chino)?

16 de octubre de 2008

Progresa adecuadamente

Os informo de que la alumna aplicada ha perpetrado ya su primera práctica subtituladora en la persona de Hugh Grant y en su personaje más célebre, elegantemente enchaquetado, y torpemente suspirable... al menos para las treintañeras como yo que quisimos casarnos cuatro y más veces con él, aunque de por medio hubiésemos de acudir al funeral de alguna ex a la que catapultar fuera de escena.
Qué emoción ponerse a los mandos de estos ordenadores cuyas pantallas reflejan un tejemaneje técnico que hace que la consola de navegación del Challenger tenga la complejidad de un puzle de dos piezas. Y qué bochorno dejarse llevar por el espíritu aventurero de una, comenzar a tocar botoncitos con paroxismo descubridor, y fundir el sistema antes de que al profesor le hubiese dado tiempo a decir “esta boca llena de instrucciones que deben escucharse es mía”... En ese instante me vi subtitulada así: OOOOPSSS!!!
En fin, fruslerías que no haya un recurrido reset del ordenador que no solucione, jeje. Ni que decir tiene que a partir de ese momento encorseté mi entusiasmo, me dejé guiar dócilmente por el dionisíaco instructor de quien ya os he dado particulares en pretéritos boletines, y tras unas 3 horas peleándome con aquel programa tenía 5 pírricos subtítulos completados, y había puesto a Dios por testigo de que (amén de jamás volver a pasar hambre) no volvería a criticar las traducciones subtituladas de una película así se me cayesen los premolares y colmillos uno a uno...
Pues sí, es más complicado esto de lo que una creía parapetada en su ignorancia previa. El invento promete tanto, sin embargo, que yo ya me he pedido uno para Reyes al haberle encontrado una vertiente lúdica que no debe ser desdeñada (de hecho comprobaré con algunos de vosotros como voluntarias cobayas la posibilidad de su explotación comercial). Porque confieso que, entre explicaciones de mi poco policlético profesor griego, me imaginaba yo una subtituleixon party para crear los diálogos de un film en versión original digamos iraní, o kazaquistaní o, echándole arrestos, mandarín de la misma China... ¿a que os hace tilín la idea? ¿A que voy a ser más reina de las cenas caseras que el que lleve el Scattergories? Ya lo sabía yo, si ya estoy oyendo voces desde los montes de Rioseco, desde las lomas del Campillín, desde las rías gallegas, y hasta desde la histórica Philadelphia diciendo que se apuntan.
Todo se andará. Os mantendré informados de cómo progresa mi maestría, en los sentidos concreto y abstracto del término. Entretanto, y para ayudar a sus paupérrimas majestades de Oriente, que por algo viven en un territorio en permanente conflicto bélico, se aceptan dádivas en metálico para la adquisición del programa subtitulador que será consuelo en nuestra senectud y compañero de nuestras vigilias.
PD- Por si vuestra incredulidad sobre mis avances es tan real como comprensible, os adjunto foto sin trucar del resultado.

14 de octubre de 2008

Carlysle's House

Hoy asomo tímidamente con otra sugerencia para una tarde tranquila, de nuevo en el barrio de Chelsea. En esta ocasión se trata de la casa donde vivió el escritor escocés Thomas Carlysle con su mujer Jane, quienes la convirtieron en lugar de reunión de una pandilla escogida de literatos victorianos entre los que se encontraban Ruskin, Tennyson, Browning, o mi idolatrado Dickens.
La casa es estilo Queen Anne, construída en 1708, y podréis ver dos salas de recibir, las habitaciones, la cocina, y el estudio con un curioso sistema de aislamiento acústico (tan poco funcional como estéticamente desastroso) que Carlysle instaló en el ático. Además, hay un coqueto jardín que cuidaba Jane Carlysle, donde cultivó flores y plantas que le recordaban a su Escocia natal. Merece la pena pasar unos minutos sentados en uno de los bancos protegidos por altos arbustos, muy melancólicamente victoriano...
Os recomiendo bajar desde King's Road por Glebe Place, y perderos unos minutos por estas callejuelas donde descubriréis varios rincones encantadores y tan tranquilos que parece que está uno fuera de Londres. En especial hay dos mews con sus diminutas casitas resguardadas que son una auténtica maravilla. Una vez que crucéis Upper Cheyne, la casa está en el 24 de Cheyne Row: no os la paséis de largo que no hay nada que anuncie que allí haya nada de particular, y empujad sin miedo la puerta de entrada si veis que no os responden al timbre, que la momia que cuida el recinto estaba ya allí cuando instalaron la primera moqueta y, por evidentes causas de calendario, oyen mejor las tapias del jardín que ella.
La entrada es gratuita para miembros del National Trust, y son £4.75 por adulto si no lo sois (miembros del NT, no adultos, jeje). Al salir os recomiendo bajar hasta Cheyne Walk y de allí al Chelsea Embankment. Iréis a parar a orillas del Támesis, entre los puentes de Battersea y Albert. Siguiendo el margen del rio en cualquier dirección, daréis un bonito paseo.
Cómo llegar: metro South Kensington. Se baja por Onslow Square y Sydney Place, y cruzando Fulham Broadway hacia Sydney Street. Una vez en King's Road seguid las indicaciones que di.

11 de octubre de 2008

Viva el refalfio

Queridas amigas que tenéis hijos y, dándose el caso de haberlos reconocido, queridos amigos que sois padres: necesito que me prestéis temporalmente a vuestra descendencia. El envío lo arreglamos con el Royal Mail, que da curso a todo tipo de peticiones y no os preocupéis por su bienestar, que me vi toda la última temporada de Supernanny (tengo apuntes).
Este irrisorio favor que os pido resolverá en un santiamén mi búsqueda de alojamiento, solventando de un plumazo las discrepancias económicas entre lo que deseo y a lo que me dice mi cuenta de banco que puedo aspirar. Os estaréis preguntando si, como se había predicho ya cuando cursaba la EGB, he acabado por volverme totalmente paranoide. Respuesta: yo no, pero ellos sí. Arrojaré varios rayos de luz sobre vuestras apagadas conciencias sociales para mejor explicarme.
Resúltase que en este lindo, democrático, y acogedor país todo el mundo tiene derecho a una vivienda digna (también lo dice nuestra Constitución y tararí corneta si no hay pasta, pero aquí sin falta de tal -de dinero, y de constitución- se cumple tal norma). Es decir, cada council destina unos impuestos a proveer de soluciones habitacionales (que políticamente correcto quedó esto) a quien no las encuentra por sí mismo. Entre ese grupo de (des)afortunados, se da prioridad por ejemplo a quienes llegan a Inglaterra reclamando asilo político, a las madres solteras, a los parados de larga duración, y a expatriados de las antiguas colonias imperiales (aparece en los registros hasta una tribu maorí que llegó a inmigración sacando la lengua)...
Total, y aquí es donde podéis empezar a atar cabos, que hace unos días saltó a la prensa una noticia que me ha dejado "plasmá" como diría mi abuel
a: a una mujer afghana con 7 hijos a su cargo el council de Ealing (¡mi barrio!) no le encontró sitio en las casas de su propiedad que reservan para estas caridades así que, ni cortos ni perezosos, los funcionarios de turno decidieron alquilar una modesta mansión para la señora y sus churumbeles. Tras varias alternativas presentadas a la familia, y una de ellas en particular rechazada por un hijo de 20 años porque “no tenía dónde aparcar el coche” (por favor, Bibiana Vahído y Carme Machacón, venid para acá a tomar nota), les dan una casa de 8 habitaciones, no vaya a ser que se tropiecen entre ellos y demanden a los servicios sociales. Casa valorada en £1.2 millones cuyo alquiler le cuesta a Ealing 12000 (¡doce mil!) libras al mes... Y todo ello, por el papo. Está a 5 minutos de mi casa, he ido a verla para comprobar por mi misma que no se habían adelantado los Santos Inocentes, y ahí la tenéis en la foto.
Tales hechos aceleraron las revoluciones de mi magín y hoy amanecí con la ocurrencia del siglo: en cuanto lleguen todos mis sobrinos postizos me presento en el council rodeada de ellos y pido plaza en Kensington Palace, que lo noto yo con falta de almas que le den vidilla desde lo de Lady Di. Pensaba embarazarme yo misma, pero me dio pereza porque tendría que apostar por un parto múltiple y encima esperar nueve meses pagando pensión y ropa premamá que esta muy cara. Nada, nada, no sé a qué estáis esperando: a comprar sellos y a mandarme niños, niñas, mascotas con cara de pena, y si a alguien le sobra una tía-abuela lejana que no sepa qué hacer con ella también me vale.
Como dijo Shakespeare, que vivia de alquiler, la vida es un teatro... y la buena fe de este país -añado yo- es de comedia.
PD- Mientras escribo esto, los funcionarios implicados vierten amargas lagrimas en sus casas puesto que ayer fueron echados a patadas del trabajo. A buenas horas.
PD2- Eso si, la madre soltera y desempleada (que bastante trabajo tuvo ya para parir a siete sin padre que les atendiera) sigue abanicandose y muerta de risa, repantingada en su salita de recibir valorada en el doble que un piso en la calle Uria. Seria genialmente ironico que se descubriese mas adelante que por quinto o sexto apellido lleva Bin Laden...

5 de octubre de 2008

Metropolitan Walkers

Así se llama este grupo de londinenses andariegos al que me uní el sábado por primera vez (¡y no será la última!). Organizan caminatas campestres todos los fines de semana y tienen variedad donde elegir. Esta vez opté por una que se anunciaba de 12 millas y moderada... para la próxima voy a ver si tienen algún apartado titulado Especial para post-operados de cadera con protesis oxidada... y sabéis que no exagero, que entre mis lectores hay muchos damnificados del ritmo liebresco y caprino al que -según ellos- les someto por los montes astures.
Ilusa y peliculera de mi, pensaba que llegarían todos muy flema brit, pertrechados de sus pintorescas cestas de picnic y sus domésticos manteles a cuadros, con la inevitable tetera térmica para las cinco en punto. Cuán grosero mi error: menos mal que de milagro no rematé mi modelito "sbado-en-la-campiña" con un sobrero de paja rodeado de lazo de terciopelo y ornado de florecillas... Se acercan las actividades de los Met Walkers más a un campamento boy scout para adultos que a una merienda victoriana con parasoles. O sea, que yo cual perico, encantada. Para qué nos vamos a engañar.
La liturgia convocante es la siguiente: se citan a primera hora de la mañana en una estación concurrida del centro para subir juntos al tren con destino al salvaje oeste. Vale, muy salvaje no era, dejémoslo en silvestre, pero al oeste de Londres si fuimos, concretamente a Buckinghamshire. Durante el trayecto nos fuimos presentando y conociendo poco a poco, cual colegiales en los compartimentos de un tren de novela de Enid Blyton rumbo al internado. Con los pies en la tierra que hemos de trotar ipso facto, se presenta el capitán del grupo (en este caso un diminuto especimen del este de Londres con un acento digno de no ser entendido mas que por la señora que parió a su madre), y nos muestra un galimatías de caminos y veredas en un mapa de cuando Franco era corneta que, intuyo ahora, habríamos de comprehender con mero batir de pestañas. Se da la vuelta y no para de caminar hasta que nos cuelga la lengua a todos y se alza ante nuestro desbaratado esqueleto un beatífico pub aislado en medio de la nada...
Nuestro lider (suena a secta, qué bien, ya me metí en una y no llevo ni un mes aquí) nos recomendó engullir nuestros sandwiches al aire libre y tomar el café/té/chupito después en el antedicho establecimiento. ¡Qué bien sabe la comida sentado en el verde, oyendo trinos continuos, observando la pachorra de las ovejas, y respirando libertad!... parezco Virgilio... Hicimos corro para comer un australiano de Sidney exiliado en Londres por amor, una neoyorkina que trabaja en finanzas y que tenía cara y pelos de necesitar un día oxigenándose lejos de la Bolsa, una inglesa llamada Elsa clavadita a Sybil Falwty (entre bocado y bocado yo miraba en derredor creyendo que en cualquier momento vería aparecer a Baaaaasil diciendo yes, dear acogotado), y una francesa que nos hizo entonar al interesado unísono la Marsellesa con devoción degaulliana cuando sacó crêpes para todos de postre.
Tras el breve refrigerio y estiramiento de patas ya cansadas, suena el silbato y en marcha otras dos horas y media hasta que felizmente llegamos al punto final que no era otro que, oh good lord, el pub del pueblo donde cogeríamos el tren de vuelta. Tropel exhausto hacia la barra donde el dueño se frotó las manos llenando tan inesperadamente su caja, y agradable sobremesa frente a las consabidas pintas antes de retornar al jaleo londinense. No hubo cánticos populares, ni necesidad de vocerío para hacerse entender... la idiosincrasia nativa es claramente ajena al concepto chigre astur.
Conclusión: esto hay que repetirlo, que hay mucha Inglaterra por conocer. Y cuando se acabe, como diria el inefable Lauren Postigo, hay barcas pa seguir...

2 de octubre de 2008

Vuelta al cole

Esta semana he retornado a mi juventud universitaria... ah, qué tiempos aquellos... en versión educación británica, que de rancia ya no tiene nada. Es decir, la clase es solamente para 15 personas, el profe vino con vaqueros ajados, sudadera de mercadillo y unos playeros al borde de la jubilación, nos hizo salir uno a uno al centro de la habitación a presentarnos y contar nuestra historia (lástima que no hubiese ningún alcohólico en rehabilitación), y a continuación pasó a impartir magisterio a través de un sistema audiovisual último modelo conectado a las pantallas instaladas frente a nuestros alelados rostros.
El escenario no tuvo desperdicio, así como los actores principales. En primer lugar, el docente en cuestión responde al gentilicio de Dionysis: curiosidades de la vida moderna, una deidad bajada del Olimpo más enológico y reencarnado en subtitulador de telefilmes (acabará dándose de nuevo al néctar de las vides, estoy segura). En segundo lugar, la media de edad supera por más de cuatro pelos a la de la treintañera que esto escribe y que se temía acabar convertida en la abueleta enrrollada que les pasa sus apuntes a los imberbes intelectualmente desubicados, más por miedo a represalias y por gusto estético que por imperativo ético. Y en tercer y último lugar, porque surgió de entre el elenco alumnil una suerte de Titania post-hippy entrada en canas, enfundada en una imposible malla de ciclista, cuya historia periambulante por el mundo del arte francés antes de dar con sus menopáusicos huesos en este máster hizo las delicias de la respetable autora de estas léneas. La he catalogado solemnemente como mi musa del nunca-es-tarde-si-la-dicha-es-buena... Promete su presencia inspirar peculiares historias en este curso, ya os iré informando de sus progresos.
Por lo demás, la búsqueda de residencia definitiva continúa, y sigo cobijándome bajo el techo de Ms. Bennett y adentrándome en los intríngulis del carácter felino, pues Tosca y yo no acabamos de concluir si nuestra amistad es verdadera o habrá de quedarnos París. El tiempo dirá si me deja patidifuso el cuore en una de sus incursiones nocturnas sobre mi cama para asomarse por la ventana de mi habitación a husmear a algun vagabundo admirador que la corteja desde los tejados circundantes, o si soy yo la que haciendo caso omiso de las instrucciones americanas del microondas la introduzco en el aparato para hacerle una permanente.
Esta plumilla se despide hasta próximos boletines, que le espera una vuelta a casa bajo pertinaz lluvia si por entretenerse perdiese el autobús.