Ya estoy instalada en mi nueva casa, que se parece mucho más a un hogar que el clínicamente albo alojamiento que com
partí previamente con la más Tosca de las gatas y su muy mercadera-de-Venecia dueña (para quienes no os tropezasteis conmigo y mis cotilleos la semana pasada digo esto por su apego al vil metal y sus ahorrativas medidas como anfitriona). Os inserto por estos párrafos un par de fotografías para que veáis la residencia de Mrs. Alves, a ver si así alguien se anima a coger el camino de baldosas amarillas que os traerá a mi Oz particular, que mucho ay-que-bien-Londres-te-voy-a-visitar-fijo y aquí sigo, esperando vuestros agasajos viajeros cual Julián Muñoz en la trena desesperando por la alegre viuda reconvertida en tonadillera. En fin, os cuento que nada mas llegar, y apenas a los dos segundos d
e abrir la puerta, lo primero que me encontré fueron las patucas de un perro pulgoso ladrador poco mordedor sobre mis rodillas. Al menos era pequeño y, aunque no tan adorable como nuestra querida Phoebe, digno de mis atemperadas simpatías… sobre todo cuando me enteré de que solo iba a estar en la casa un par de días, pues mi casera se había ofrecido a cuidar del chucho (digo, perrito lindo) mientras su dueño permanecía ing
resado en el hospital. Así pues, despejado mi horizonte cohabitacional de indeseadas mascotas, tomé posesión de mi nuevo cuarto con vistas al jardín… y de ahí a unas hermosas vías de tren. Ah, la vida en la gran metrópoli: naturaleza y progreso de la mano. Por fortuna, no hay trenes nocturnos así que por el momento no me desvela ningún expreso de medianoche.
La vida en esta casa es muy dicharachera. Todo el silencioso karma que se me quedó por lo poco que me dirigió el verbo la anterior casera lo está compensando ésta sin saberlo. Es un polvorín, y ya quisiera yo llegar a los sesenta con su vitalidad. Ha hecho suyo el calificativo de viuda alegre sin las connotaciones peyorativas de antaño, y por daros un nimio apunte ilustrativo del torbellino de actividades de esta mujer, aquí la tenéis, un jueves en plena hora punta, bailando tangos en Blackfriars Bridge para hacer una colecta no recuerdo con qué caritativo fin:
Si a sus danzarinas frivolidades, añadimos tres nietos en edad de merecer (un sopapo); que recibe a dos de sus vecinos, viudos ellos también (ejem, ejem) a diario para agasajarles con un desayuno inglés que me hace sospechar que la han nombrado albacea testamentaria y se los quiere quitar de en medio a base de chutes de colesterol; que acude a un taller de adornos navideños todas las tardes para venderlos en una feria aquí en Richmond dentro de dos semanas; y que en el hall de entrada hay una foto de ella con Ronaldihno y otra subida en un camello en Egipto vestida con sari…pues eso, que estoy por dejar las clases en Roehampton y dedicarme a subtitular la vida de esta señora, que me parece más de película que las del mismísimo Jolibú.
Y hablando de subtítulos, el curso avanza vertiginosamente y el tiempo libre para teclear diarios virtuales comienza a escasear. Esta semana entregamos nuestros primeros trabajos/exámenes del trimestre, y el día anterior a última hora de la tarde… ¿alguien adivina de qué nacionalidad eran los cuatro estudiantes que estaban a mitad de camino de terminar sus correspondientes entregas para ser evaluadas? ¡Bingo! Los españoles, y olé. Algo tendrá la idiosincrasia patria que nos impide cumplir con los plazos marcados si no es previa noche en vela. O será que trabajamos mejor bajo presión… el caso es que pasó por allí la germana del curso, que os juro que es una extra de cine negro serie B y hace siempre de espía mala del otro lado del telón de acero, y se inquietó al vernos tan afanados por lo que preguntó si se había olvidado ella de hacer algún deber. Al sacarla de dudas diciéndole que estábamos con lo que se nos había encomendado hacer hacía mes y medio, nos miró con los ojos como platos, se atusó su milimétricamente recortado flequillo, y nos espetó (en perfecto español, para mayor retraca): No entiendo porque dejamos que vuestro país entrase en la Unión Europea, claramente deberíais seguir en el tercer mundo… Y con paso prusiano se dirigió a la puerta de salida dejándonos tan perplejos como acomplejados.
Quisiera seguir divagando pero habré de ponerme dedos a la tecla en otros menesteres más profesionales, no vaya a ser que por mi culpa ZP y Moratinos acaben reuniéndose con los zulúes y tutsis en una cumbre hispano-africana que nos coloque donde debemos estar. O sea, con esos salvajes que no saben más que danzar y cazar antílopes, caramba, con lo bien que se pasa uno la vida instalando interminablemente la pieza AR-765-B que cierra la tapa del delco del Volkswagen Polo ultimo modelo…
Se despide, desde la remota selva, la gitana hechicera marabú de la tribu hispana. Que Manitú os guarde (en especial de Angela Merkel).
2 comentarios:
¡Vaya! Lo tuyo fue un visto y no visto... al menos para los que no te vimos ese nuevo peinado del que hablabas, jeje. Ya veo que tu nueva landlady es todo un personaje, y menudo fedor la alemana esa, no? Que sepas que leo tus divertidas historias siempre. Besos, M.
peca:me encanta tu nueva casa, y la patrona, !dios mio la patrona!como es!. en cuanto al perrito, mujer: !METELO EN PAN! un poco mostaza y pa dentro.
me alegro que te vaya tan bien.un beso.
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