Definitivamente, ¡odio a mi portero! Y a ustedes, ¿qué? Si han entrado en el blog ha sido únicamente espoleados por la posibilidad de descubrir el eslabón perdido entre la copla patria y la magdalena de Proust...
Resulta que hoy es San Valentín, casposa festividad que no es de mi devoción, al no creer una ya a su edad en santurrones escribanos de tarjetas horteras ni en niñatos gordonzuelos armados con un arco y unas flechas (aquellas del amor, que un día se autoapropió Karina). Sin embargo, sí peca mi alma de cántaro de caer como boba en las garras de los horóscopos, sobre todo de aquellos que me predicen un rutilante futuro, y ayer el de El País nos decía a los 3.455.231 Tauros de España que pronto recibiríamos una agradable sorpresa de índole sentimental. "¡Córcholis!", me dije, "¿cuál de mis variados admiradores secretos será el que dé el gran paso?". Las solteras en la treintena, por si no lo saben, estamos todavía muy pagadas de nosotras mismas y ni el dictamen de un polígrafo nos bajaría de la burra en la que circulamos pensando que si no nos casamos es porque no queremos.
Cuento todo esto para que intuyan las razones por las que hoy me precipité a las 8 en punto de la mañana escaleras abajo, en pijama y con la legaña puesta, hacia la garita donde acomete sus labores diarias ese ser en peligro de extinción en las fincas urbanas de postín llamado portero. Y allí estaba él, con su pachorra habitual, monitorizando el vuelo de una mosca con científica indolencia, ignorante sin duda de la eventual peligrosidad de que a este insecto volátil le diese por inspeccionar el interior de su cavidad bucal.
Amén de esta estampa mañanera, que se repite los 365 días del año, déjenme que les describa mejor a nuestro protagonista. Vamos a llamarle, falsamente, Fulgencio, por aquello de preservar su intimidad y sus referencias para futuros empleos. Hombre de mediana estatura y supuesta similar inteligencia, rondando los treinta y tantos pero totalmente echado a perder (por no ensañarme con la fisiología, diré que piensen en Ronaldo, su sosias en el mundo futbolístico). Continuando con el símil deportivo, añadiré que nuestro Fulgencio tiene por reconocidos iconos de la moda a Luis Aragonés y José Antonio Camacho, pues nunca se le ha visto ataviado con otra prenda que un chandal negro con rayas laterales blancas para el desempeño de sus funciones. Hablando de tales, no son estas como para alertar a los sindicatos: traer desde la verja el correo a las 8 de la mañana, y repartirlo en mano pues carecemos de buzones, y recoger los 3 cubos de basura de la comunidad a las 9 de la noche para acarretarlos a 20 metros de distancia.
En el interim que media entre ambos acometidos, el querido Fulgencio se pasa las horas navegando por internet en el portal, chupando wi-fi gratis de un abogado tontorzuelo del entresuelo izquierda, parloteando sin cesar por su móvil, o bien fumando a la puerta de una boutique elegantísima y carísima que hay a la derecha de nuestro portal. Manejo la teoría de que sus muy monísimas e hiperpijísimas dueñas han acogido a Fulgencio bajo sus alas fantaseando con convertirse en las Cármenes Lomanas sevillanas si son capaces de pulir a semejante joya de la corona. La llevan tibia, pues en un año de roce con las aristócratas de la moda ni siquiera hemos visto desaparecer el pantalón de chándal. Así que, conspiro yo para contra mí, va a ser más bien que les pasa botox y Prozac de contrabando y por eso pelan la pava fumeteando con el portero-camello.
Este individuo, mi señor portero, me ha fallado estrepitosamente en varias ocasiones, como cuando pasó 15 días sin verme entrar o salir del portal y no se dignó a llevarme a casa un paquete postal que me había llegado, "porque pesaba"... ¡¡eran 4 libros!! Le perdoné con resignada caridad cristiana, achacándolo todo a un ataque de pánico, pues seguramente nunca había visto tantos ejemplares de lectura juntos. Eso sí, como venganza en Navidad le dejé como aguinaldo una lata de fabada Litoral caducada, que una cosa es ser cristiana y otra muy distinta ser gilipollas. A lo que iba, que nunca traición mayor recibí de Fulgencio que la de hace unos minutos cuando, inquiriéndole por el paradero de las varias docenas de cartas que debía recibir esta menda hoy, me hizo un gesto cansino hacia la verja que cierra el pasaje comercial donde vivimos y vi una pila de correo bajo un chorrón de agua de esa que solo cae en Sevilla y a los pies del Niágara. Hasta los modales perdí, yo que siempre le había tratado con deferencia y de usted, copiando los usos y costumbres para con la servidumbre inculcados por las series de la BBC. Lindeza arriba o abajo, le espeté:
- Pero, ¡¡pedazo de cenutrio!! ¿Qué haces aquí como un pasmarote en vez de ir a recoger el correo? Levanta ese culo gordo de ahí o te llevo a fregonazos hasta el Puente de Triana y allí te tiro al río, donde seguramente flotarás hasta Sanlúcar debido al éter de tu cerebro...
- Es que me mojo.
Aplastante argumento. Nos ha jodido el Sócrates de la portería con sus argucias retóricas. Así que una a callarse y a correr bajo la lluvia y espiar su nombre entre los sobres. ¡Había uno remitido por "Tu secreto Valentín" para mí! Retorné al portal y a mi compostura de ascendencia británica, y esperé por el ascensor con toda la dignidad de la que se puede hacer gala en semejantes circunstancias. Llegué a oír un clic como de foto de móvil y una risilla apagada, así que mucho me temo que apareceré en breve en Facebook en algún ránking de Miss Vecina en Pijama Mojada (espero que en una posición honorable).
Abrí con excitante incertidumbre mi carta de anónimo enamorado y leí un Querida Patricia cuyo misterio me retrotrajo a años más tempranos de esta edad del pavo que todavía no he abandonado... bla bla... aprovecho... bla bla... día tan especial... bla bla... momentos mágicos... bla bla... en cualquiera de nuestros centros comerciales... ¿¿¿bla bla???... ¡¡Caca de la vaca a toneladas para El Corte Inglés, que me felicita la onomástica aprovechando para decirme que mi tarjeta está caducada!!
Prietas las filas y que nadie huya (todavía). Mi desilusión sanvalentinesca solo tiene una salida, descartando por inapropiada la posibilidad de acosar a Cayetano Rivera para que se me declare en menos de 24 horas. Volveré por mis fueros, la defensa a ultranza de mi soltería, ese estado de beatífica tranquilidad natural que se ve alterado en temporadas aciagas por la aparición de pretendientes (en ocasiones devenidos en novios) que se toman su tiempo en darse cuenta de que conmigo no hay ná que hacer. Admitámoslo, soy un caso perdido, pero por fortuna no la única.
Y aquí al fin es donde entra la gran Juanita Reina, con cuya genial y visionaria contribución musical a la moda de ser single les dejo: compuesta, mojada... y sin novio, mientras me pueda librar de tal cruz. Ah, por cierto, San Valentín... ¡que te zurzan un poquito, anda!
Hagan clic aquí y suban el volumen: Juanita Reina - Compuesta y sin novio
Cuento todo esto para que intuyan las razones por las que hoy me precipité a las 8 en punto de la mañana escaleras abajo, en pijama y con la legaña puesta, hacia la garita donde acomete sus labores diarias ese ser en peligro de extinción en las fincas urbanas de postín llamado portero. Y allí estaba él, con su pachorra habitual, monitorizando el vuelo de una mosca con científica indolencia, ignorante sin duda de la eventual peligrosidad de que a este insecto volátil le diese por inspeccionar el interior de su cavidad bucal.
Amén de esta estampa mañanera, que se repite los 365 días del año, déjenme que les describa mejor a nuestro protagonista. Vamos a llamarle, falsamente, Fulgencio, por aquello de preservar su intimidad y sus referencias para futuros empleos. Hombre de mediana estatura y supuesta similar inteligencia, rondando los treinta y tantos pero totalmente echado a perder (por no ensañarme con la fisiología, diré que piensen en Ronaldo, su sosias en el mundo futbolístico). Continuando con el símil deportivo, añadiré que nuestro Fulgencio tiene por reconocidos iconos de la moda a Luis Aragonés y José Antonio Camacho, pues nunca se le ha visto ataviado con otra prenda que un chandal negro con rayas laterales blancas para el desempeño de sus funciones. Hablando de tales, no son estas como para alertar a los sindicatos: traer desde la verja el correo a las 8 de la mañana, y repartirlo en mano pues carecemos de buzones, y recoger los 3 cubos de basura de la comunidad a las 9 de la noche para acarretarlos a 20 metros de distancia.
En el interim que media entre ambos acometidos, el querido Fulgencio se pasa las horas navegando por internet en el portal, chupando wi-fi gratis de un abogado tontorzuelo del entresuelo izquierda, parloteando sin cesar por su móvil, o bien fumando a la puerta de una boutique elegantísima y carísima que hay a la derecha de nuestro portal. Manejo la teoría de que sus muy monísimas e hiperpijísimas dueñas han acogido a Fulgencio bajo sus alas fantaseando con convertirse en las Cármenes Lomanas sevillanas si son capaces de pulir a semejante joya de la corona. La llevan tibia, pues en un año de roce con las aristócratas de la moda ni siquiera hemos visto desaparecer el pantalón de chándal. Así que, conspiro yo para contra mí, va a ser más bien que les pasa botox y Prozac de contrabando y por eso pelan la pava fumeteando con el portero-camello.
Este individuo, mi señor portero, me ha fallado estrepitosamente en varias ocasiones, como cuando pasó 15 días sin verme entrar o salir del portal y no se dignó a llevarme a casa un paquete postal que me había llegado, "porque pesaba"... ¡¡eran 4 libros!! Le perdoné con resignada caridad cristiana, achacándolo todo a un ataque de pánico, pues seguramente nunca había visto tantos ejemplares de lectura juntos. Eso sí, como venganza en Navidad le dejé como aguinaldo una lata de fabada Litoral caducada, que una cosa es ser cristiana y otra muy distinta ser gilipollas. A lo que iba, que nunca traición mayor recibí de Fulgencio que la de hace unos minutos cuando, inquiriéndole por el paradero de las varias docenas de cartas que debía recibir esta menda hoy, me hizo un gesto cansino hacia la verja que cierra el pasaje comercial donde vivimos y vi una pila de correo bajo un chorrón de agua de esa que solo cae en Sevilla y a los pies del Niágara. Hasta los modales perdí, yo que siempre le había tratado con deferencia y de usted, copiando los usos y costumbres para con la servidumbre inculcados por las series de la BBC. Lindeza arriba o abajo, le espeté:
- Pero, ¡¡pedazo de cenutrio!! ¿Qué haces aquí como un pasmarote en vez de ir a recoger el correo? Levanta ese culo gordo de ahí o te llevo a fregonazos hasta el Puente de Triana y allí te tiro al río, donde seguramente flotarás hasta Sanlúcar debido al éter de tu cerebro...
- Es que me mojo.
Aplastante argumento. Nos ha jodido el Sócrates de la portería con sus argucias retóricas. Así que una a callarse y a correr bajo la lluvia y espiar su nombre entre los sobres. ¡Había uno remitido por "Tu secreto Valentín" para mí! Retorné al portal y a mi compostura de ascendencia británica, y esperé por el ascensor con toda la dignidad de la que se puede hacer gala en semejantes circunstancias. Llegué a oír un clic como de foto de móvil y una risilla apagada, así que mucho me temo que apareceré en breve en Facebook en algún ránking de Miss Vecina en Pijama Mojada (espero que en una posición honorable).
Abrí con excitante incertidumbre mi carta de anónimo enamorado y leí un Querida Patricia cuyo misterio me retrotrajo a años más tempranos de esta edad del pavo que todavía no he abandonado... bla bla... aprovecho... bla bla... día tan especial... bla bla... momentos mágicos... bla bla... en cualquiera de nuestros centros comerciales... ¿¿¿bla bla???... ¡¡Caca de la vaca a toneladas para El Corte Inglés, que me felicita la onomástica aprovechando para decirme que mi tarjeta está caducada!!
Prietas las filas y que nadie huya (todavía). Mi desilusión sanvalentinesca solo tiene una salida, descartando por inapropiada la posibilidad de acosar a Cayetano Rivera para que se me declare en menos de 24 horas. Volveré por mis fueros, la defensa a ultranza de mi soltería, ese estado de beatífica tranquilidad natural que se ve alterado en temporadas aciagas por la aparición de pretendientes (en ocasiones devenidos en novios) que se toman su tiempo en darse cuenta de que conmigo no hay ná que hacer. Admitámoslo, soy un caso perdido, pero por fortuna no la única.
Y aquí al fin es donde entra la gran Juanita Reina, con cuya genial y visionaria contribución musical a la moda de ser single les dejo: compuesta, mojada... y sin novio, mientras me pueda librar de tal cruz. Ah, por cierto, San Valentín... ¡que te zurzan un poquito, anda!
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1 comentario:
Jajaja, me ha venido muy bien leer esto y escuchar la canción de Juanita en esta tarde de encierro obligado en casa! Yo tuve un portero que no tenía nada que ver con Fulgencio, incluso sigue cogiendo nuestras cartas y de vez en cuando vamos a recogerlas, qué apañao era, lo echo de menos, nunca teníamos que sacar la basura, aquellos tiempos...
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