6 de diciembre de 2010

Antropología aeroportuaria

He de comenzar dando las gracias a los señores controladores aéreos de este país, que con su alegre idea de enhuelgarse estos días pasados, me han dado la oportunidad de recolectar infinitas imágenes del gentío que pulula por esa jungla interplanetaria que gestiona de mala manera Aena. Esto me ha llevado a una profunda reflexión sobre las muchas especies evolutivas que encuentra el viajero observador por los aeropuertos españoles, sobre cuyas peculiares características he estado recopilando notas los últimos años. He aquí algunas perlas de sabiduría aeroportuaria que me gustaría compartir con ustedes (o lo que es lo mismo, cuánto se aburre una tirada por los Barajas del mundo).

ESPECIES VIAJERAS PATRIAS: MODUS OPERANDI Y CONTRAINDICACIONES (si las hubiere)
- Cincuentoae quisquillosus. Especie formada por profesionales liberales con un pasado hippie en los 70's hispanos, por lo general del mal llamado género débil y solteras, aunque abunden también las parejas sin descendencia conocida. Habitualmente se mueven en grupos de un número no inferior a 3 ni superior a 6 y llevan viajando al menos tres décadas, sin que esto signifique que en situaciones de estrés no pierdan los nervios como un recién arribado a estas lides. Se caracterizan por pagar bien para que alguien organice sus viajes, peinar con descuido más canas que mechas, y montar un pollo allá donde van por la cuestión más nimia. La primera que los sufre es la azafata de facturación (aunque no será la postrer víctima) porque no se ponen de acuerdo sobre dónde quieren sentarse todos juntos en el avión y encima quien estaba al cargo de los pasaportes se acaba de dar cuenta de que los dejó en el baño sobre la cisterna. Siempre habrá alguno de entre la manada al que no le escueza sacarle los colores a quien intenta ayudar realizando con esmero su trabajo, recordando a sus congéneres de viaje en voz bien alta, para que lo oiga la paciente chica del mostrador, lo que paso la última vez que hicieron escala en Qatar camino de Thailandia, fíjate, que les perdieron las maletas por la ineficacia de siempre, a él o ella en particular el weekend de Louis Vuitton, de los de verdad de la buena. Si la operaria de la compañía aeronáutica tiene algo de callo en estos menesteres, les facturará las maletas a Tombuctú, alegando posteriormente un error informático. 
Nota de interés para los establecimientos hoteleros que acojan a esta especie: resígnense a que les digan que no están nunca las habitaciones suficientemente limpias, las sábanas estiradas, los albornoces suaves, el aire acondicionado regulado, el sistema de aislamiento acústico en perfecto funcionamiento, y el bidé a la distancia adecuada del inodoro... Sonrían y asientan pero nunca, bajo ningún concepto, les lleven la contraria. La autora de estas líneas no se responsabiliza de lo que pudiera ocurrirles, son extremadamente peligrosos si cae una hoja de reclamaciones en sus garras.
- Treinanieris esnobensis. Subespecie que con el paso de los años se verá abocada a convertirse en la anterior, aunque por el momento vivan en el autoengaño de creerse mucho más cosmopolitas, amén de soñar despiertas que conocerán a un extranjero apuesto que las haga matrimoniar de forma exótica. Viajan por costumbre en pequeños grupos y por pocos días, moviéndose como pez en el agua al atravesar las múltiples fronteras de la vieja Europa. Compran todas las guías imaginables antes de emprender ruta, las estudian exhaustivamente, escogen alojamientos pintorescos, se precian de hablar con los nativos casi siempre en su idioma (que por algo estudiaron en colegio de pago), no se pierden un solo museo, aprovechan para aumentar el caudal de su cultura yendo a un concierto sinfónico y posan como modelos del Vogue delante de todos los iconos turísticos que ven por el camino. Durante el viaje, se empeñan, en sus ansias de ampliar horizontes, en probar todo tipo de delicatessen locales, atrevimiento gastronómico que les vale más de un disgusto intestinal. De vez en cuando, les da un ramalazo de bohemia y abandonan el trolley por la mochila de aquel Interrail de cuando tenían veintipocos, y el B&B sibarita por un albergue de juventud con literas de colchones de apenas cinco centímetros de grosor. Les dura poco, y a la vuelta se quejan al osteópata o sanador reiki de cabecera de lo fatal que están de la espalda, de tanto trabajar, qué duda cabe. Si no han visto nunca alguno de estos especímenes, rebusquen entre sus contactos de Facebook: por sus fotos las conocerán.
- Jubilati benidorensis. Extremadamente fáciles de reconocer en un aeropuerto, al tratarse de la manada viajera de más nutrida proporción de miembros. Tienden a seguir ciegamente a un jovenzuelo, o señorita con cola de caballo, con el brazo elevado portando un paraguas o cartulina de brillantes colores, aunque en caso de no haber sido operados de cataratas o de prótesis de cadera por la Seguridad Social es típica la separación del resto de la jauría con un goteo constante e impasible. Se caracterizan por su tendencia a atorar las colas en el control de seguridad y por hacer sonar todas las alarmas posibles, negándose a descolgar de su cuello la cadenita de la Virgen de los Cuarenta Milagros. Estudiosos en profundidad de esta especie han llegado a documentar casos de señoras viudas hipocondríacas que se han metido de cabeza en el escáner del aeropuerto, por ver si les diagnosticaban alguno de sus muchos males de salud. Se recomienda vivamente apartarse de su marcha impasible en caso de estar por delante de ellos en el momento de embarcar, a no ser que a uno le apetezca morir aplastado por varias docenas de pares de zapatos con plantilla antivarices, pues está científicamente comprobado que los pertenecientes a esta especie son incapaces de procesar el hecho de que los asientos asignados en el avión no los va a ocupar nadie que no sean ellos mismos. Especialmente cauto ha de ser el viajero entre los meses de octubre y marzo, que es cuando el Imserso les saca de su letargo jubilar doméstico para mantenerlos en cautividad en hoteles de Benidorm y la costa del sol.
- Hominidus negotium. Curioso elenco de especímenes que, por lo general, se encuentra por los aeropuertos solamente en el género masculino y cuyo hábitat natural más habitual es el puente aéreo Madrid-Barcelona. Pretenden colarse siempre en el mostrador de facturación, alegando que tienen prisa para llegar a una reunión importantísima y quejándose de haber perdido el enlace por culpa de Iberia, que ya no es lo que era, faltaría más. Llaman con cierto tono despectivo "señoritas" a todas las mujeres que les atienden, aunque las interfectas en cuestión sean un papagayo añejo con uniforme de la British Airways, con una cintura más contundente que el Trópico de Cáncer y unos pliegues dérmicos en el cuello dignos del acordeón de María Jesús. Hablan a voces por una Blackberry último modelo desde el minuto en que ponen pie en el aeropuerto hasta el momento en que la azafata más echada para alante de la tripulación les riñe porque el avión está despegando y todos los pasajeros nos estamos enterando de que el índice Nikkei anda por los suelos. Llevan el Financial Times y Economía bajo el brazo, pero no se ha dado aún el caso de que alguien los aviste leyendo tales periódicos en presencia de otros seres vivos. Sienten la imperiosa necesidad de poner el portátil en el regazo a la menor oportunidad para trabajar, pero el científico avispado puede confirmar de un disimulado vistazo su hipótesis de que en realidad están leyendo el Marca online o viendo porno gratis por internet a costa de su empresa. Indeseable y babosamente peligrosos si son ustedes mujeres jóvenes de buen ver y les toca sentarse al lado de ellos: conviene cortar el primer conato de conversación con un "soy lesbiana y estoy enamorada de Karmele Marchante", o la autora de estas líneas no se responsabiliza del acoso al que se verán sometidas por porteadores de trajes de Emidio Tucci que les dirán que son de Hugo Boss.

Hasta aquí la digresión conferenciante de hoy. En próximas entregas, una vez que el Centro Superior de Investigaciones Científicas haya dado el visto bueno a mis nuevas elucubraciones antropológicas, publicaré un compendio detallado de lo concluido tras la concienzuda observación de las siguientes especies:
- Trotamundis ad nauseam.
- Paletus lunamielensis, y sus primos hermanos Paletus solem et plaiae.
- Adolescentis intercambiatus.
- Horteribus nobelis ricus.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Jajaja, en mi Facebook tengo a una treinanieris esnobensis...

meiko.

Anónimo dijo...

¿Iconos turísticos? ¿Dónde oí yo que faltaba de eso? Jajajajajaja....

AMV dijo...

Muy bueno...
Uno, que se mueve habitualmente por los aeropuertos nacionales y europeos, confirma que ninguna de las clases aquí descritas está en peligro de extinción...

Anónimo dijo...

es verdad, anónimo II.....Madrid, sin ir más lejos, carece de un monumento icónico.....