Vueeeelve, a casaaaa vueeeelve, por Navidaaaad... Intuyo que acompasados con esta musiquita ya estáis llorando sólo de pensar en mí, imaginándome en un anuncio de televisión antiguo, de finales de los 60, saliendo con mi vieja maleta de la antigua Hispalis, envuelta en fríos jirones de niebla a orillas del Guadalquivir, cogiendo un rápido AVE hacia la capital del reino, perdida entre la multitud que deambula con la mirada fija atravesando los frondosos jardines interiores de Atocha, apresurándome luego hacia el angosto Metro, apretadita contra cientos de madrileños y foráneos bien abrigados de la fría intemperie castiza, arribando a Chamartín para enlazar con el tren a Asturias, que veloz atraviesa la meseta hasta alcanzar León para luego descender bruscamente su marcha al tiempo que asciende el empinado puerto de Pajares, cumbre de esa nevada cordillera que separa mi patria chica del resto de la tierra reconquistada (también conocida como España), tomando a sorbos un cafelillo que me haga entrar en calor mientras contemplo los blancos picos e intuyo los verdes valles al fondo, contando los minutos una vez descendido el puerto y enfilada la cuenca del Caudal hacia Oviedo, impaciente en las últimas paradas del tren que parece querer tomarme el pelo y no alcanzar nunca su destino, tras 14 eternas horas de viaje... ¡¡GIJÓN!!
En fin, me he tomado unas poquitas licencias poéticas para describiros mi retorno a la patria chica, pero una que -como la que suscribe- jugueteó toda su infancia con las muñecas de Famosa que se dirigían al portal para hacer llegar al niño su cariño y su amistad (y Chusín, en el pesebre, sonreía porque estaba alegre)... como decía, una que se ha hecho mayor, que no adulta, con ese trauma encima, no puede decir simplemente que cogió un avión y que ya está en casa. Quedaría como de pobreza imaginativa, y no vamos a acabar el año con simplezas literarias. Y menos tras 5 largos meses de ausencia de estas páginas: ¿me concederéis el perdón dadas las entrañables fechas en las que estamos? Sé de buena tinta que habréis echado infinitamente de menos mis incursiones pseudo-periodísticas en este blog. Algunos hasta habréis tenido que volver al psicoanalista ante el vacío existencial de vuestras vidas cibernéticas. Rumores me han llegado de cabezas despeinadas de tanto mesarse los cabellos y modelitos arruinados de tanto rasgarse las vestiduras... pero en fin, toda época de crisis creativa llega a su fin: he vuelto, y con la resolución de año nuevo bajo el brazo de no descuidar en 2010 este mi particular diario con cotillas involuntarios incorporados.
En fin, me he tomado unas poquitas licencias poéticas para describiros mi retorno a la patria chica, pero una que -como la que suscribe- jugueteó toda su infancia con las muñecas de Famosa que se dirigían al portal para hacer llegar al niño su cariño y su amistad (y Chusín, en el pesebre, sonreía porque estaba alegre)... como decía, una que se ha hecho mayor, que no adulta, con ese trauma encima, no puede decir simplemente que cogió un avión y que ya está en casa. Quedaría como de pobreza imaginativa, y no vamos a acabar el año con simplezas literarias. Y menos tras 5 largos meses de ausencia de estas páginas: ¿me concederéis el perdón dadas las entrañables fechas en las que estamos? Sé de buena tinta que habréis echado infinitamente de menos mis incursiones pseudo-periodísticas en este blog. Algunos hasta habréis tenido que volver al psicoanalista ante el vacío existencial de vuestras vidas cibernéticas. Rumores me han llegado de cabezas despeinadas de tanto mesarse los cabellos y modelitos arruinados de tanto rasgarse las vestiduras... pero en fin, toda época de crisis creativa llega a su fin: he vuelto, y con la resolución de año nuevo bajo el brazo de no descuidar en 2010 este mi particular diario con cotillas involuntarios incorporados.
Para acallar las habladurías sobre los porqués e ignotas razones de mi larga ausencia, lo aclararé de una vez por todas: no, Paquirrín no ha dejado a Techi para llevarme a mi al huerto pantojil. Simplemente, como buena re-escribidora de tesis de Nancy (véase mi entrada del 01/05/09), he estado imbuyéndome de la cultura y el carácter sevillanos... y se me ha ido el santo, uno de tantos que he conocido por las calles de mi nueva ciudad, al cielo. Ni siquiera he tenido la decencia de enviaros mi nueva dirección por si quisierais visitarme, parece mentira que haya sido niña de colegio de pago. Para que no se diga que no rectifico mis malos modales, aquí os va:
Srta. Patricia M. Zapico, futura duquesa de Feria (en cuanto uno de los guapos Medina se entere de que existo sobre la faz de la Tierra)
Calle Rioja, 5 3M
41001 Sevilla
He dejado mi querido y popular barrio de Triana para ir a codearme con nativos más selectos, de aquellos que por vivir en el centro son incapaces de bajar la basura sin el abrigo de marta cibelina sobre los hombros, o sus Lotusse con borlitas taconeando las aceras. En fin, ni qué decir tiene que, a la mínima de cambio, cruzo el puente y me vuelvo por unas horas a mis folklóricos orígenes, no vaya a ser que por ósmosis me crezca a mí también una escoba en el mismísimo orto, cual la que lucen mis nuevos convecinos. Pero vosotros, queridos lectores, venid feliz y prontamente a visitarme y podréis juzgar todas mis tonterías por vosotros mismos.
Amén de los avatares propios de una mudanza intramuros de la vieja ciudad, he estado ciertamente enredada en asuntos laborales en lo postrer, de modo y manera que mis dedos llegaban a casa hartos de teclear cuentos menos chinos que estos y mis ojos cansados de fijarse en pantallas menos ociosas que ésta. A causa de mi natural (in)modestia creo que no os he comunicado a la mayoría que soy un ejemplo vivo y coleante del paradigma de la Ley de Murphy. Es decir, a finales de septiembre pasado me ascendieron en el trabajo. Pues sí, pues sí, personas incrédulas, a ver si os pensábais que, una vez abandonadas las riendas de mi propia empresa y metida a asalariada, iba a dejar pasar una oportunidad, por ínfima que fuese, de seguir mandando, aunque solo sea un poco y casi nadie me haga caso... Por algún lado he leído que así empezó mi tocaya la Botín, desde abajo en uno de los bancos de su papi. De acuerdo que no tengo ningún pariente en las altas esferas de RedBee, pero llegará el día en que me haga con el control de la mismísima BBC. Que tiemble la reina de Inglaterra que mi primer decreto será borrarle el discurso del día de Navidad...
Bromas y sueños de grandeza a un lado, estoy encantada con mi nueva profesión y, para sorpresa de mamá (progenitora caracterizada por la escasez de confianza en la estabilidad mental y laboral de su primogénita), todavía no he pensado en dejarla por desencanto o aburrimiento. Un día de estos os describiré exactamente a qué me dedico, pues muchos de vosotros creo que no sabéis muy bien por qué rayos he ido a parar a tierras infieles como destino profesional el pasado abril.
En fin, no me queda más que despedirme en el mismo tono navideño en que comencé esta entrada al blog, aprovechando para desearos a todos muy felices fiestas y que disfrutéis de la Navidad en familia, cada uno de vuelta a vuestra tierra (si puede ser). Y a los que estáis por Asturias estos días... ¡Nos encontraremos por Gijón o por Oviedo! ¡A ver si cae una sidrina! Brindaremos con una copa de El Gaitero, que es lo que pega en estas fechas.
Ea, quillos, muchos besos a todos... ¡qué arte tenéis!
3 comentarios:
menos mal que te dignas acordarte de escribir, que ya pensabamos que te habia secuestrado una hermandad de triana y estabas bajo un paso de costalera, jajaja
yo creía que te habías casado con un sevillano, y no te dejaba salir de tus facetas femeninas... sin tiempo para escribir, jeje
Me parto contigo, compi!!
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