Llevo ya suficientes jornadas en mi nueva ubicación como para poder hablaros de mis caseros si caer en poco meditadas conclusiones sobre su personalidad o hábitos. Pasaré a daros cuenta de todos los pormenores típicos de un reportaje del Hola en plan "Tomando el té en casa de los señores de Tal Pascual", pero antes vaya por delante un breve y entusiasta resumen: ¡estoy encantada!
David y Emily son unos treintañeros recién casados cuya sonriente foto os adjunto. Él trabaja en el sector inmobiliario y ella tiene una empresa de... ¡pasear perros! Pues sí, mis poco imaginativos (empresarialmente hablando) lectores: se puede vivir de eso, y muy bien. Echad un vistazo a: http://www.poochinthepark.com/ y lo veréis. A pesar de su reciente incursión en ese tradicional estado civil, añorado por muchos y vilipendiado en infinidad de ocasiones por mí, tienen muy contenido el entusiasmo post-nupcial con sus consabidas muestras de efusión pública. Impera en su comportamiento afectivo la ranciedad victoriana: God save the Queen! Si se les hiciese un estudio genético creo que no aparecería un solo cromosoma que no fuese de abolengo británico, pues cumplen todos y cada uno de los tópicos: traje oscuro de raya diplomática él, rebequinas de pálidos tonos ella; corbatas chillonas él, faldas plisadas ella; LandRover a la puerta de casa; tetera siempre sobre los fogones y juego de té floral desplegado en el comedor; para
salir de paseo botas y Barbours momento Carlos-y-Camilla-en-Balmoral; plantas y flores varias dispersas por el jardín y césped milimétricamente cortado... En resumen, más ingleses que los huevos con bacon para desayunar (única licencia que se permiten en su afán de ser el epítome de la britaneidad, pues sólo comen alimentos orgánicos). Majos también donde los haya, como las antiguas pesetas. Y dado su carácter afable y bonachón, y su inocente confianza en el género húmano, de la que dieron buena muestra dejando la llave bajo el felpudo a mi llegada, ya me han dejado solita el primer fin de semana a cargo de la casa... y de su hija adoptada de raza canina, Minty, de quien ya os había hablado. Hasta ahora, y a mis 34 años, mi madre me deja una lista de tareas y me llama cada veinte minutos si quedo sola en su casa... bueno, y mi hermana ni siquiera me deja quedarme sola en la suya... Así pues, ¡qué madurez debe de emanar de mi faz tras varios meses de exilio! Verme y confiar en mí fue todo una, a ver si cunde el ejemplo... ejem, ejem.
Prubinos, quizás no debieron lanzarse a responsabilizarme de tanto en tan poco tiempo. Empezando por Minty, de la que sólo os había contado nuestro receloso primer encuentro, ella como perra guardiana y yo como ladrona potencial de la propiedad bajo su vigilancia. Me dicen que la pasee por las mañanas a diario para que luego "no se vuelva loca en casa y lo muerda todo" (de verdad que podían ser un poco menos sinceros en sus explicaciones). Un paseo: fácil, ¿no? Pues no. Hay que convencer a una bulldog, una BULLDOG oigánme, de que debe ponerse un arnés alrededor del cuello y bajo sus patas. Primero lo intenté dialogando, en plan: "Minty, bonita, si te pones tú sola este invento te compro un hueso de ternera en la carnicería de la esquina". Luego lo intenté por el método lanzamiento libre directo: a tres metros de ella trataba de encestar el arnés en su cabeza, infructuosamente. Finalmente, tuve que optar por una solución intermedia: me puse los guantes de sacar las bandejas del horno, agarré el arnés con una mano y a Minty con la otra, y recé todo lo que sabía a San Roque por ser su patrón a ver si intercedía. Funcionó. Tras mi primer gran triunfo salí rumbo al parque.
David y Emily son unos treintañeros recién casados cuya sonriente foto os adjunto. Él trabaja en el sector inmobiliario y ella tiene una empresa de... ¡pasear perros! Pues sí, mis poco imaginativos (empresarialmente hablando) lectores: se puede vivir de eso, y muy bien. Echad un vistazo a: http://www.poochinthepark.com/ y lo veréis. A pesar de su reciente incursión en ese tradicional estado civil, añorado por muchos y vilipendiado en infinidad de ocasiones por mí, tienen muy contenido el entusiasmo post-nupcial con sus consabidas muestras de efusión pública. Impera en su comportamiento afectivo la ranciedad victoriana: God save the Queen! Si se les hiciese un estudio genético creo que no aparecería un solo cromosoma que no fuese de abolengo británico, pues cumplen todos y cada uno de los tópicos: traje oscuro de raya diplomática él, rebequinas de pálidos tonos ella; corbatas chillonas él, faldas plisadas ella; LandRover a la puerta de casa; tetera siempre sobre los fogones y juego de té floral desplegado en el comedor; para
salir de paseo botas y Barbours momento Carlos-y-Camilla-en-Balmoral; plantas y flores varias dispersas por el jardín y césped milimétricamente cortado... En resumen, más ingleses que los huevos con bacon para desayunar (única licencia que se permiten en su afán de ser el epítome de la britaneidad, pues sólo comen alimentos orgánicos). Majos también donde los haya, como las antiguas pesetas. Y dado su carácter afable y bonachón, y su inocente confianza en el género húmano, de la que dieron buena muestra dejando la llave bajo el felpudo a mi llegada, ya me han dejado solita el primer fin de semana a cargo de la casa... y de su hija adoptada de raza canina, Minty, de quien ya os había hablado. Hasta ahora, y a mis 34 años, mi madre me deja una lista de tareas y me llama cada veinte minutos si quedo sola en su casa... bueno, y mi hermana ni siquiera me deja quedarme sola en la suya... Así pues, ¡qué madurez debe de emanar de mi faz tras varios meses de exilio! Verme y confiar en mí fue todo una, a ver si cunde el ejemplo... ejem, ejem.Prubinos, quizás no debieron lanzarse a responsabilizarme de tanto en tan poco tiempo. Empezando por Minty, de la que sólo os había contado nuestro receloso primer encuentro, ella como perra guardiana y yo como ladrona potencial de la propiedad bajo su vigilancia. Me dicen que la pasee por las mañanas a diario para que luego "no se vuelva loca en casa y lo muerda todo" (de verdad que podían ser un poco menos sinceros en sus explicaciones). Un paseo: fácil, ¿no? Pues no. Hay que convencer a una bulldog, una BULLDOG oigánme, de que debe ponerse un arnés alrededor del cuello y bajo sus patas. Primero lo intenté dialogando, en plan: "Minty, bonita, si te pones tú sola este invento te compro un hueso de ternera en la carnicería de la esquina". Luego lo intenté por el método lanzamiento libre directo: a tres metros de ella trataba de encestar el arnés en su cabeza, infructuosamente. Finalmente, tuve que optar por una solución intermedia: me puse los guantes de sacar las bandejas del horno, agarré el arnés con una mano y a Minty con la otra, y recé todo lo que sabía a San Roque por ser su patrón a ver si intercedía. Funcionó. Tras mi primer gran triunfo salí rumbo al parque.
Nada más abrir la puerta de casa di por perdida mi clavícula derecha y la articulación que une hombro y codo. Cómo puede tener un animal de apenas 15 kilos la fuerza suficiente para tirar de mí y hacerme caer
a la gravilla del jardín delantero arrastrándome durante tres metros y medio... escapa a mi poco zoológica comprensión. El resto del trayecto hasta llegar al parque tuve el disgusto de que mi ego deportivo se desinflara cual globo bajo aguja al no poder mantener el ritmo del trote de Minty sin sacar la lengua más que ella y tropezar con todo lo que me encontraba por el camino: adoquines, raíces de árboles, una farola, y el vecino del número 24 que venía leyendo el Times distraídamente. Ahora bien, oh divina providencia y simpático karma, siempre compensando el ying y el yang: qué gran experiencia la de pasear con una bulldog por un espacio público. La gente se apartaba a mi vera con clara expresión de terror, los dueños de otros perros tiraban de sus correas para huír de nosotras, y el equipo completo de rugby infantil modificó su melee para franquearnos marcialmente el paso.
Al fin he probado la erótica del poder, sin tener que acostarme con Sarkozy: quiero un bulldog para mi cumpleaños. Ocho de mayo, que no se os olvide. Y de paso un trineo con ruedas, para aprovechar la fuerza tractora del can en cuestión y no tener que hacer más peelings faciales contra la superficie de la tierra.
7 comentarios:
La que huía hasta de los chiguaguas, que yo lo he visto con mis propios ojos. ¿Seguro que no has trucado esa foto en la que acaricias a la perra? Ya sé, es que la habías drogado y en realidad dormía... Ver para creer.
¿Estás segura de no estar metida en un programa tipo Show de Truman pero a la inglesa? Suena todo tan prototípico...
Vaya, vaya, vaya.. así que son recién casados? Como buenos ingleses no darán muestras de euforia sexual por las noches pero apuesto que las noches son moviditas;no me gustaría estar en la habitación de al lado, jeje.
quería decir que no darán muestras por el día pero sí por las noches, que me aceleré tóa!!
Querida tocaya:
es que te pones a hablar de "lo único" y te pierdes, ¿eh? Como en los tiempos universitarios, famosa por tus célebres frases picantonas, jijiji.
Pues no les queda poco a tus caseros para parecer se a los Roper!!Todavia hay clases!!!
No hay ninguna vecina tipo la Bouquet?? jj
desde villa galápagos
Mi muy querida marquesa de todos los Bibios y señora de parte de Viesques: habrá de venir usted mista a comprobar si son o no roperianos mis nuevos caseros, y de paso a conocer al resto del vecindario entre el que, no cabía duda, se encuentran Hyacinth y Richard haciendo de las suyas, jeje.
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