14 de enero de 2009

Feroces feromonas

Love is in the air, como dice la canción, y aquí no hay quien respire pues el aire invadido del veneno de Eros es ni más ni menos que el de nuestras clases. Hemos comenzado los nuevos módulos y se ha abierto la caja de Pandora hormonal. Objetivo: nuestro instructor de subtitulación para sordos, que de momento hace oídos ídem a las melosas interjecciones de sus pupilas... No voy a dar nombres por aquello de preservar la intimidad del interfecto, aunque sí sus iniciales que son P.R. y que, visto lo visto, no corresponden a Pimpollo Resultón sino más bien a Profesor Rompecorazones. También os proporciono un par de fotos discretas por las esquinas, para que critiquéis abiertamente nuestros gustos.

No debe acusársenos, sin embargo, a las féminas subtituladoras de vana superficialidad al sentirnos irremediablemente atraídas por esos ricitos morenos y mirada de orfandado cabritín (pa comer con patatines, claro). Nada más errado. Su mayor atractivo apela a nuestra intelectualidad, que es ancha como Castilla... y plana en algunos casos... al haber conseguido convertir los seminarios de los miércoles de 5 a 8 de la tarde en un frenesí propedéutico. Valga como ejemplo gráfico que donde otrora mirábamos bostezando disimuladamente el reloj al pasar la aguja el filo de las seis en punto esperando la pausa de diez minutos para el té de rigor, ahora fulminamos cual gorgonas desaforadas a cualquiera que se atreva a alzar la voz para sugerir un receso. Comienzo incluso a temer que alguna se haga pipí inconscientemente de tan extasiada como la veo atender a las explicaciones del joven gallego subtitulador.


Mi consejo para un ornitólogo ocioso que nos eligiese para un estudio sobre las armas de seducción de las aves (de corral, no os quepa duda) sería que se parapetase ocultamente en el servicio de señoritas antes de las clases: documental de la 2 en estado puro. Que si un me repeino por aquí, que si un me retoco el rouge por allá, que si me perfilo los labios, que si me rimelizo las pestañas, que si me subo un poco la falda, que si me abro otro poco el escote... Todo ello amenizado con codazos discretos al subconsciente, sutiles puñaladas lingüísticas del tipo:

Ejemplo 1 - "Querida, ¿has engordado o son esos pantalones que te hacen un culo más grande que la cúpula de St. Paul's?"
Ejemplo 2 - "Me encanta tu maquillaje, te has inspirado en la puerta del baptisterio de Florencia, ¿verdad?"
Ejemplo 3 - "Ay, hija, qué suerte, ya me gustaría a mí ser tan planita como tú y no necesitar siquiera usar sujetador"
Ejemplo 4 - "Qué color de pelo más original para teñirte, no sólo te tapa todas esas canas que te han salido, sino que hace juego con la moqueta de la sala de ordenadores"

En fin, en el amor y en la guerra, ya se sabe. Vale todo. Entre féminas tan sofisticadas y bien educadas como nosotras la patada en la espinilla no se estila, ahora bien, la coz en el ego es un arma de destrucción masiva efectiva donde las haya. Cuidadito que no acabe viniendo la ONU por acá a poner orden en el gallinero... digo... entre mis compañeras. Bueno, y compañero, que hay un francesito muy amanerado él al que he visto batir las pestañas cual papillon sus alas cuando le mira nuestro objeto del deseo quizás en busca de complicidad varonil. Va listo, el gabacho dejó la testosterona en el probador el día que compró su primer jersey rosa pálido a rombos.

Y en estas lides amorosas me he visto enredada esta primera semana de clases. A mí el profe me hace tilín, pero solamente como animal de compañía, la verdad. Le encuentro un poco demasiado tierno de edad para mis crecientes patas de gallo. Y una aún tiene su dignidad y se niega a que la comparen con Ana Obregón por dárselas de modernilla seduciendo a un subtitulador imberbe, por muy cuerpazo tipo Darek que éste tenga...

Nota de la traductora: los puntos suspensivos al final de este mensaje son una estrategia encubierta de la autora para significar que en realidad se pirraría por sacar a pasear los huesitos del tipo en cuestión pero que, siendo ella de natural modesto y generoso, prefiere retirarse del campo de batalla y dejar la vía libre a otras compañeras más fogosas en sus intenciones. Más y mejor inclinadas a confiar en los beneficios escolares de una relación profesor-alumna. Más cegatas, concretamente, al hecho de que lleve un anillo dorado en el anular derecho.

5 comentarios:

Nuria dijo...

...y quien te dice a ti, que el anillo dorado no es el sello de unión de una superdiscretísima relación entre el rizitos (osito..de peluche , pero osito al fin y al cabo)y el douce papillón????

te lo dice una que te gana a patas de gallo.

besinos

Anónimo dijo...

quien te ha dado permiso para publicar fotos mias?

PMZ dijo...

¿Eres tú? ¿El hijo del Rey León? Ya veo que alguna de mis lectoras no está de acuerdo con la diana de las flechas amorosas de las europeas subtituladoras...

Anónimo dijo...

¡Pues a mí me gusta! Hay mucha refalfiada entre tus lectoras, autora querida. ¡Qué mono es! Dicho metafóricamente, claro. Ya te pasaré mi teléfono en una servilleta o Kleenex para que se lo deslices como quien no quiere la cosa (es poco higiénico pero muy funcional).
L

Anónimo dijo...

Paezme mal... encima con un gallego!!! Home por dios, con lo bien plantaos, elegantes, simpáticos, buena gente, dicharacheros, y encantadores que somos los de Xixón (y del Sporting!).