muy feliz 2009, en el que espero hayais entrado con muy buen pie a pesar de los agoreros esfuerzos de muchos por tildarlo de año negro de crisis, y querer olvidarlo ya antes de que empiece. Me rebelo y me rebelo, como Escobar en los toros: que viva el arcoiris donde cantaba Dorothy camino de Kansas... y si ninguno encontramos la pota de oro al final del arco multicolor, ¡qué se le va a hacer! Salud, alegría, y curiosidad por la vida es lo único que no ha de faltarnos.
Habiendo quedado claros mis deseos de Año Nuevo para el 0,000025 % de la población mundial (esos sois vosotros, adorados lectores, los únicos que permanecéis impertérritos ante mis desvaríos espistolares), paso a relataros mi aventurero desembarco en tierras anglas.
Algunos de vosotros no sabréis todavía que he vuelto a mudar mi residencia. Sí, lo sé, debo de tener un gen mutante gitano que no me deja aposentar en parte alguna. Un día de estos saco brillo a la bola y desempolvo la baraja y a forrarme... Patricia Maravillas, Hechicera Española. Diplomada en la Escuela de Tarotología por Correspondencia: Se lee el futuro y a veces hasta el porvenir. Discreta, limpia, honrá, mu educá, y mu sicóloga pa esto de las presonas (como la gran Lola). Descuentos a mayores de 85 años. Se reserva el derecho de no predecir, e incluso de no acertar... A lo que iba, que me desoriento por las cumbres jienenses. Tengo unos nuevos caseros y una nueva dirección, cuyos datos os aporto diligentemente por si os aburrís y me escribís unas líneas caligrafiadas:
Emily & David Mumby
4 Burntwood Grange Road
SW18 3JX
Wandsworth
4 Burntwood Grange Road
SW18 3JX
Wandsworth
Copiadlos a lápiz en vuestras agendas, eso sí, porque no puedo prometer permanecer bajo este techo hasta el final de mi aventura londinense. ¡Qué! ¿Ya se os olvidó lo de la genética nómada? Os mantendré informados de mis movimientos. Si acaso me vigilara aleatoriamente Scotland Yard ya pensarán que soy en mí misma una célula terrorista jugando al despiste, jeje...
Volviendo a mi propósito, que no es otro que haceros partícipes de lo azaroso de mi llegada a mi temporal hogar, os diré que había quedado ayer de hablar por teléfono con mi casera nada más aterrizar para comunicarle mi hora aproximada de llegada. Así lo hice, tras poner mis pies en un congelado Standsted a cinco grados bajo cero. Os pediría un poco de imaginación para visualizar mi expresión facial durante esta conversación, que os subtitulo como corresponde a mi recién estrenada condición profesional:
(Salutaciones iniciales de rigor)
- Escucha. No vamos a estar en casa cuando llegues porque hemos quedado para cenar.
- (Aún alegre y despreocupada en mi ignorancia) Oh, no es problema. ¿Qué hago para entrar?
- Te hemos dejado una llave debajo del felpudo.
- (Conmocionada por la alegre confianza en el género humano de mis caseros). Ah, de acuerdo, muchas gracias. ¿Tenéis alarma instalada? ¿Cómo se detiene?
- No, no hace falta alarma. Nuestra perra Minty es la guardiana de la casa.
- Minty, bonito nombre. (Ligeramente alarmada por lo de la señorita canina protectora) ¿Qué raza de perro es Minty?
- Un bulldog inglés. Pero no te preocupes que es muy amistosa.
- (Será con los filetes de rosbif, ya verás tú conmigo) Ah, ¿sí? (Risita nerviosa) ¿Y cómo sabrá Minty que soy su amiga del alma y no una ladronzuela a la que haya que despedazar a mordiscos?
- Está encerrada en la cocina con otro perro, Jake, un cocker. Te he dejado unas golosinas en la entrada para que les des y no te ataquen (¡¡¡palabras literales!!!). Repite varias veces su nombre de forma amistosa antes de entrar y luego acariciales y préstales mucha atención... conseguirás que sean tus amigos para siempre.
- (Oh, claro, para toda la eternidad, pues me moriré nada más ver sus fauces avalanzándose sobre mí) Bueno, gracias Emily, no te preocupes, me las arreglaré (optimista que es una).
Tras esta venturosa visualización de lo que me esperaba, os podéis imaginar que por primera vez el tráfico de entrada a Londres se me hizo en exceso fluido y el viaje demasiado corto. Una vez llegada a la estación de Wandsworth Common, la de mi destino, tomé aire profundamente y avancé con paso resuelto hacia la salida en busca de la calle que me indicaba el mapa con direcciones que me había hecho llegar mi casera vía mensaje al móvil (el mundo moderno, que avanza que no para). La niebla tan típica de la literatura victoriana había sido puesta por el ayuntamiento para mi gozoso deleite ante una noche de luna llena frente a un inmenso parque solitario iluminado de soslayo por una abandonada y triste farola. Recorrí con la mirada uno y otro lado de aquel oscuro rincón sin encontrar la dirección oportuna, pero topándome de frente con un cartel indicador que me hizo soltar un "mami, miedo" mental y poner pies en polvorosa en sentido contrario al señalado. Dicho cartel rezaba lo siguiente:
PENITENCIARIA DE WANDSWORTH, 13O YARDAS
En el fondo, y visto en retrospectiva y con la gallardía que da la luz del sol, aquello fue el empujón definitivo que necesitaba para comprender que el encuentro con la bulldog británica y su amigo Jake (nombre de presidiario tatuado, dicho sea de paso) no tenía porqué ser lo peor que me esperaba en la nebulosa noche londinense. Resuelta y a buen paso, llegué a la casa en menos de diez minutos. Levanté el felpudo, y hallando la llave prometida que me franqueó el paso, afronté la puerta de la cocina dispuesta a enfrentarme al enemigo o morir sin remisión un 10 de enero de 2009, a los meros 34 añitos de edad...
Giro con tiento la manilla, y asomo tímidamente la cabeza mientras intento pronunc
iar con precisión fonética los nombres de Minty y Jake (pensando que a ver si por un quítame allá una plosiva o fricativa juguetona me quedo sin extremidades). Lo primero que veo es a la perra de la foto que acompaña estas líneas, y al fondo un cocker de aspecto angelical lamiéndose las patas en su rincón del sofá. Me quedo, sobra añadir, totalmente paralizada mirando para ella y tras un segundo que a mí me pareció un siglo entero, me lame el zapato y se pone a batir su cola alegremente y a acercarse para que la acaricie, cosa que hago con los guantes puestos todavía por si necesitase protección frente a sus colmillos.
¡¡¡Tremenda perra guardiana!!! Es que ni me preguntó con qué intenciones venía. Azuzada por mi triunfo con la temible bulldog, me acerqué al estéticamente más alentador de aspecto cocker para presentarle mis respetos, recibiéndome éste con tal sarta de ladridos y malas pulgas que salí de allí por peteneras maldiciendo mi presunción de inocencia perruna.
Lecciones que he aprendido en solamente 24 horas regresada a la capital británica:
- No juzgues por las apariencias, y menos a la especie canina
- Nunca compres un bulldog inglés como perro guardián, es tan feo como ineficaz
- Si has de ir a la cárcel, que sea en Wandsworth, bonito barrio donde si te fugas sus habitantes te dejan las llaves bajo el felpudo
6 comentarios:
jajajajajajajaja!!!!
queridisiiiiisiiiima Patri!!! me estoy relamiendo, además de por el croisan que estoy cepillando, pensando en el folletón de tus memorias con el que voy a endulzar mi vejez en el Bibio!!
...y vaya potra la tuya que no te pillo ninguna cancelación de vuelo.
mil besinos para ti y las perras...bueno besos para las perras en general!!
Nuria
Oiga, no sé si la Maruja a la que se refería soy yo... pues marujes hay muches... Está usted como una cencerra. Me río mucho con sus historias, jeje.
¿Cómo que yo soy fea? Oye, que en mi gran país las féminas bulldog son no sólo guapas sino también listas... que llegan a la Cancillería. La última bulldoga conocida se apellida Merkel, jiji.
Me pido vez para que me leas la buena suerte...
Patri, mucho me haces reir con tus historias. He decidido llamar a Peeedro para que te filme en Londres. ¿Qué más le da una P que otra, digo yo? Tú tienes más gracia que la petarda esa...
Patri a ver si te dejas de mover que vas a acabar mareada. Que tal fue lo del lunes????? Espero que la cosa saliera bien
Un abrazo desde la cuenca
Carlos
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